Miércoles, 3 de junio de 2020

Abuelos

“La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente” (Francois Mauriac)

Apenas tengo un vago recuerdo de mis abuelos, algo más duradero el de las abuelas que aunque vivieron bastantes años más, lo cierto es, que poca fue la convivencia con todos ellos. Ahora, al ver tantos caídos por esta maldita pandemia, una puñalada de luz ha vuelto a evocar e iluminar el panorama de mi conciencia, y los leves recuerdos que, aunque muy niño cuando fallecieron vienen a mi mente.

Al abuelo materno lo vi un par de ocasiones, afincado en Asturias (Moreda de Aller) Manuel era minero,  de infinita paciencia apenas recuerdo que cogiera mi mano, sin embargo veo su cara negra de carbón al llegar a la casa, un verdadero zulo, donde era feliz. De Alfonso abuelo paterno, lo conocí algún año más por vivir en esta ciudad, pero ya estaba muy malito e inútil, por una parálisis, fue capataz del Ayuntamiento, ahí termino toda vivencia con ambos, por eso al recordar hoy a tantos como están marchando de este mundo, sin haberse despedido de sus nietos, donde muchos de ellos tendrán un recuerdo  y una convivencia mucho más amplia y cercana que la mía, les habrá llenado de profunda tristeza, el haberles dejado de esta forma tan injusta como inhumana.

Por eso, también he sentido cierta envidia de aquellos que jugaron con sus abuelos, que les contaban cuentos, que le relataban historias de sus mocedades, de sus trabajos, de la milicia, de sus amores verdaderos o inventados, que rieron juntos, que fueron cómplices de sus trastadas, y de aquellas “perrillas” escondidas que le daban… Sí, seguro que muchos de estos, ahora que abandonaron esta vida, volverán a recordar, aquellas cosas que el abuelo, con paciencia, sabiduría y gracia era capaz de sacar de la familia lo mejor de sí mismos, y pueden recordar con alegría, su cara, su voz, su mano, aunque muchos de ellos estén muriendo en el olvido, en el desamparo, solos tristes y embozados en las UCI de los hospitales, clínicas o residencias donde estaban ubicados, para una necesaria y mejor atención.

Así, ha terminado la historia de cientos de estos abuelos; así han terminado su gran aventura, de una forma triste, obscena y demencial que es la estación más cruel para quien ha sido el auténtico sostén de la familia en los momentos de más necesidad, que se han partido la cara y las manos, para- por lo menos hacerse perdonar sus flaquezas, su comportamiento, inclusive la dureza, con que pudo tratar a los suyos en algunos momentos, y en función de las circunstancias de tensión y zozobra que tocaba vivir-. Ahora tanto hijos como nietos han tenido que pasar un tránsito duro, donde el silencio, el rumor, el clamor y el llanto ha sido el último estallido de no poder decirle adiós al abuelo/a, a su padre, a su hermano/a, y además hay que tragar con esta deshumanización que ha provocado esta bárbara pandemia traicionera en tiempos que uno no podía imaginar que pudiera ser tan letal.

Se fue el abuelo/a, ¡se fue de aquella manera sin poder sujetar y apretar su mano temblorosa, sin poder secar su ojos, sin poder decirle adiós, sin poder darle las gracias, sin poder decirle: parte tranquilo todos los que te hemos querido están aquí contigo, sin poderlo llorar, sin poderlo tan siquiera rezar y pedirle perdón!. Ahora nos toca buscar entre los ataúdes,  encontrar tu nombre. Es como una maldición, lo que venimos padeciendo. Y aún peor, empezamos a hablar de cientos de muertos, al igual que de cientos de millones de euros, estamos perdiendo humanidad, sensibilidad, bondad, honradez y hasta vergüenza. Y estos no son los valores que nos inculcaron aquellos a los que hoy estamos enterrando…No Señor… No

                Fermín González salamancartvaldia.es                 blog taurinerías