Lunes, 28 de septiembre de 2020

Payeses de remensa. Una revuelta antiseñorial campesina (III)

Juan II de Aragón confirmó la supresión de los malos usos. Si unimos la radical oposición de los señores de la tierra a esta medida, a las imposiciones del autoritario Juan II sobre las instituciones y cargos catalanes, a la crisis económica en la que estaba hundida Cataluña por el cerrojo que los turcos otomanos habían puesto al comercio con Oriente, a la caída demográfica que había provocado la disminución del consumo con el consiguiente derrumbe de la producción y del comercio, y a la pérdida de influencia política y comercial en el Mediterráneo, tendremos los motivos que dieron origen a la guerra civil en la que el rey Juan II de Aragón recibió el apoyo de bandas armadas de remensas que lucharon a su lado contra los soldados de la Generalitat. La capitulación de Pedralbes puso el punto final a la guerra.

Su heredero, Fernando el Católico, dio la razón a los señores y repuso los malos usos. Se desconoce si una decisión tan desafortunada la tomó para congraciarse con los patricios de la Biga, o con la nobleza terrateniente, o con los eclesiásticos o, simplemente, para que los diputados aprobasen los subsidios que demandaba para hacer frente a la amenaza turca. Sí se sabe que las Cortes aprobaron el subsidio.

El campo catalán se incendió. Los payeses montaron en cólera por lo que consideraron una traición de la monarquía a su indiscutible y tradicional lealtad; después del dinero que habían pagado a la corona y de la ayuda militar prestada a Juan II y al propio Fernando en la pasada guerra civil. No obstante una delegación remensa le entregó una importante suma de dinero y a cambio le pidieron autorización para reunirse en asambleas, elegir síndicos o representantes y acordar los puntos que condujesen al fin del pleito que arrastraban desde hacía cien años.

Fernando el Católico les concedió el permiso. De nada sirvieron estas reuniones porque se impusieron las tesis de los más radicales y los payeses se levantaron en armas y al grito de ¡Visca el rey, visca el rey! exigieron libertad total y la propiedad de la tierra sin contraprestación alguna. La situación se volvió dramática cuando los campesinos derrotaron al ejército real e iniciaron el avance sobre Barcelona con la intención de tomarla. El Católico tomó conciencia del peligro y manteniendo los contactos con los payeses moderados ordenó al virrey de Aragón que reprimiese y castigase a los revoltosos, que fueron derrotados en batalla y sus líderes ejecutados.