Miércoles, 3 de junio de 2020

El mayor reto de Latinoamérica: evitar el contagio con Covid-19 de los pueblos originarios de la Amazonía

Lucas Harcha Bloomfield

Defensor de los Derechos Humanos

El caso de los pueblos originarios es especialmente delicado por dos razones. La primera es que a causa de su aislamiento muchas veces tardan incluso años en desarrollar inmunidad contra enfermedades como la gripe; la segunda tiene que ver con que al no protegerles ni resguardarles debidamente, estas comunidades afectadas por la covid-19 están viendo vulnerados sus Derechos Humanos.

La pandemia provocada por la covid-19 ha puesto a gran parte del planeta en una situación de emergencia, evidenciándose diversas situaciones críticas de distinta naturaleza y gravedad. Numerosos ejemplos de hospitales colapsados y sin los recursos necesarios para hacer frente al aumento exponencial de casos que requieren cuidados intensivos se han viralizado por los medios de comunicación. Una de estas situaciones delicadas se está produciendo en Brasil, donde la intersección entre la covid-19 y los pueblos originarios está causando una situación altamente compleja, que se ha transformado en el principal reto civilizatorio de Latinoamérica para el siglo XXI.

Brasil, con sus más de 200 millones de habitantes, es uno de los países más poblados del mundo, y el más populoso de toda Latinoamérica. Además, cuenta con un gran número de comunidades indígenas, especialmente en la enorme zona selvática del Amazonas. Estos sectores, a pesar del relativo aislamiento en la que se encuentran, se han visto fuertemente afectados por la pandemia de coronavirus. En esta zona se produjo el primer fallecimiento de una persona perteneciente a un pueblo originario, una mujer de la etnia Kokama, de acuerdo a lo expresado por la Secretaría Especial de Salud Indígena.

Una situación similar se está viviendo en algunos sectores de Ecuador donde se encuentran comunidades originarias, que tampoco han podido ser debidamente resguardadas de la pandemia. Lo anterior, sumado a la gravísima situación que se ha estado viviendo en Guayaquil, contribuye a la complejidad de la situación sanitaria y social de dicho país, que ha tenido importantes problemas para enfrentar la situación de crisis generada a raíz de la pandemia.

El caso de los pueblos originarios es especialmente delicado por dos razones. La primera es que muchos de estos permanecen relativamente aislados del resto de la población de los países donde viven, por lo que muchas veces tardan incluso años en desarrollar inmunidad contra enfermedades como la gripe, como le sucedió a los Nukak, una etnia que vivía en Colombia y que perdió a casi la mitad de su comunidad producto de la gripe. La segunda tiene que ver con que al no protegerles ni resguardarles debidamente, estas comunidades afectadas por el covid-19 están viendo vulnerados sus Derechos Humanos.

En primer lugar, está el caso del Derecho a la Salud, y en segundo lugar también se están viendo afectados en relación a lo establecido en la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas. Esta declaración se centra en explicitar algunas de las particularidades de los pueblos originarios con especial énfasis en el resguardo en el establecimiento de dichas particularidades.

En el caso de dichos pueblos originarios, y en el marco de la pandemia provocada por la covid-19, el resguardo del Derecho a la Salud y la atención a la Declaración de los Derechos Humanos está inevitablemente unida. Lo anterior se sustenta en que para resguardar el Derecho a la Salud de los pueblos originarios, ya sea en Ecuador o Brasil, es necesario hacerlo atendiendo a las particularidades de cada una de estas comunidades. Lo anterior, en lo concreto, significa que se debe resguardar con especial cuidado la relación que estas comunidades mantienen con el territorio en el que viven y desarrollan su vida mientras que, simultáneamente, se intenta evitar el contagio de la enfermedad.

Por lo tanto, y ante la saturación de los servicios de salud y funerarios de diversas zonas pertenecientes a comunidades rurales en Latinoamérica, especialmente en el caso de la Amazonía, donde el riesgo que corren las comunidades originarias es especialmente alto, se hace urgente tomar medidas que ayuden a enfrentar la situación y a disminuir los riesgos que esta conlleva. Como se mencionó, este resguardo debe hacerse con especial consideración al Derecho a la Salud y a la Declaración de los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas.

Algunas iniciativas se han tomado por parte de organizaciones como la ONIC (Organización Nacional de Indígenas de Colombia), quienes han implementado un Plan de Contingencia especialmente focalizado en los pueblos originarios del sector. Esto ha significado una especial atención en los actores comunitarios vinculados a estos pueblos, como por ejemplo Servicios de Salud Indígenas, en el proceso de construcción de protocolos de acción que resguarden los derechos de estas comunidades en la forma que sea más pertinente y respetuosa con sus características.

Medidas como esta ayudarán a enfrentar esta situación crítica, que implica el mayor reto que deberá asumir Latinoamérica en este siglo desde una perspectiva de Derechos Humanos, que reconoce la diversidad y la riqueza de los pueblos originarios como algo que debe ser cuidado, resguardado y protegido con especial dedicación y atención a sus particularidades.