Diario de una pandemia (15)

 

MIÉRCOLES 29: IDEAS

“¿Pero siempre tienes ideas?”, me preguntaba Elba cuando le dije que me venía a la consulta a escribir. Ella siempre tiene cosas que hacer, pacientes a los que citar, datos que meter en Medora, papeles que ordenar y, sobre todo ahora, bares que añorar y cafés pendientes. Incluso la Plaza Mayor se ha quedado sola, tal es el vuelco.

“No, siempre no”. La tarde de guardia de hoy transcurre tranquila. Mucho más que el día de ayer: ¿tenía que vomitar Tomás precisamente mientras nos llegaba a todos esa alerta de casos de vómitos y dolor abdominal en niños? A Dios gracias, después de unas horas, está plenamente recuperado… e incluso se ha animado a comer algún alimento de los que no probaba, pero fueron horas de incertidumbre: ¿tenía que haber leído precisamente el día anterior un texto sobre los sesgos y riesgos cuando el médico atiende a un familiar? Ideas, que siempre fluyen, y que sólo a veces acaban reflejadas negro sobre blanco.

Gran parte de las ideas que a todos nos sobrevuelan comparten un rasgo: no sabemos todavía si se podrán llevar a la práctica, ni cómo, ni cuándo, ni dónde, ni con quién. No saber nos puede dejar sin ideas, sin ingenios, sin ilusiones en último término, pero esta tensión de tiempos nuevos, de retos diferentes y de urgencias más esenciales también puede significar que las ideas sean mejores, más generosas y aliadas de la esperanza en el día después: un día después sin el bueno de Robinson.

Ideas tendrá que haber para salir del atolladero juntos, sin dejar a nadie atrás y forjando mayorías sólidas que sostengan gobiernos con menos ministros y más talento. Eso pasará por cesiones de todos y aparcamiento de pabellones ideológicos enarbolados para separar. Más parlamento y menos mítines televisados: grandes pactos… y que las nueces de los nogales españoles no las recojan los de siempre.

Esa idea de unificación y de rehabilitación nacional, si se logra plasmar, será la que permita desarrollarse a las otras, que necesitan al Estado no como tutor sino como garante de su libertad. Libres para idear con visos de cumplimiento: el colegio que quiere ofrecer a los padres un proyecto educativo que les compromete y ayuda, el centro sanitario identificado con sus pacientes y con la comunidad a la que atiende, el colectivo vecinal preocupado por su barrio, el empresario que arriesga y crea empleo, la joven familia rural que anhela permanecer en su pueblo, las personas vulnerables por mil motivos que merecen la dignidad de las oportunidades y que la del subsidio sea una etapa lo más breve posible…

No sabemos cómo, ni cuándo, ni dónde, ni con quién podremos plasmar nuestras ideas, pero sí sabemos por qué. Porque las hemos sentido brotar en el corazón y han pasado el examen de la cabeza. Incluso, me atrevería a recomendar, ¡a prescribir!, un colirio, una pastilla y un sobre, los de Tomás, para que nos broten mejores ideas. Ideas de buen samaritano. De las que se tienen sin pensarlo, salen naturales y nunca te arrepientes de ellas.

 

JUEVES 30: LA VUELTA AL COLE

Mañana fría en el Paseo de Canalejas. Mascarilla y guantes. Distancia de seguridad. La circular emitida por el colegio San Juan Bosco que nos permitía estar allí, delante de su puerta principal, tras obtener el visto bueno de la autoridad competente. Y una bolsa grande capaz de recibir lo que iba a recoger. Una cola corta y rápida, en la que los demás padres debían ser de niños de 3ºB, me ha llevado hasta el aula de 3ºA, la de Tomás. Sobre su mesa, los libros y cuadernos, el estuche, el bote y el vaso. Luego me entregaron el babi. El último día de clase, aunque él ya no iba a acudir, quedaron allí los objetos que esta mañana he podido traer a casa. Cuando he llegado, estaba a punto de comenzar su “clase” telemática con un grupo reducido y Cristina, su profesora. Un encuentro que completa las tareas que hace a diario; esta semana, además (cierra los ojos, María), en secreto vamos avanzando con la poesía y la manualidad del Día de la Madre.

Cuando él vuelva a su colegio será para comenzar Primaria. Y no lo hará solo, sino con Elisa: ya nos dirán los plazos para matricularla en 1º de Infantil. Según salía por el pasillo, la persona que me acompañó se preguntaba qué condiciones se pedirán para el regreso, en un contexto donde la distancia de seguridad se antoja un concepto de difícil aplicación si se mantienen los grupos y aulas actuales. Prefiero pensar que el resto de actividades ayudarán a orientar mejor la vuelta al cole de septiembre, que espero más bulliciosa y feliz que la mía de esta mañana, en la que me faltaban los niños agolpados en la puerta, mi Don Jesús y las sores dando los buenos días, subir la escalera y mirar a la María Auxiliadora del rellano, saludar a padres y madres, intercambiar unas palabras con Laura primero y luego con Cristina, recibir el beso de Tomás y volver después hacia un Paseo de Canalejas con sus comercios abiertos, sus cafeterías pobladas y sus radares con más conductores a los que disuadir de superar los célebres 30 km/h. Prefiero pensar que, algún día, volveremos al cole y las mascarillas no ocultarán las sonrisas de la mañana. Cuando se pueda, sin prisa, con prudencia. ¡Salesianas, oé!

 

VIERNES 1 DE MAYO: EL DÍA DEL TRABAJO… Y DE LA RESPONSABILIDAD PROFESIONAL

El jueves 5 de marzo pasé consulta como un día cualquiera: Vivinera, Arcillera y Alcañices. Primer jueves en ese orden nuevo, era la primera semana del plan piloto… que hasta ahora sólo ha tenido dos. La gran novedad laboral, el proyecto anunciado, preparado y protestado desde el verano anterior, de pronto detenido, aunque muchas de las prácticas de “telemedicina” se están desarrollando, con resultados dispares y consecuencias sin evaluar todavía, no sólo en Aliste, sino en toda España.

Para mí aquel jueves era un día cualquiera, no había contemplado solicitar el permiso de cuatro horas, que en la práctica anulaba mis consultas. Tenía derecho a ausentarme para votar en las elecciones sindicales que se celebraron y en las que no participé. Curiosamente, no habría podido pedir un permiso para acudir a un curso formativo, o a una reunión científica, o un congreso médico. Estaban suspendidos. Se desaconsejaba que los profesionales nos juntáramos. Un contagio masivo de sanitarios, como de hecho ha ocurrido, dificultaría, como ha sucedido, el afrontamiento de una pandemia que no interesaba, aquel jueves, aceptar con todas las consecuencias. Es posible que las autoridades convocantes y los sindicatos, que animaban entonces a votar, aleguen que mi colega Fernando Simón, el médico responsable al mando de las operaciones, no alertaba entonces del riesgo que suponía toda actividad que congregara a un elevado número de personas en España, pero la situación particular de los sanitarios ya era conocida. Nos impedían agruparnos para formarnos, por sentido común. ¿Por qué nos permitieron votar? ¿Era tan urgente renovar la liberación a los liberados sindicales?

Lo mismo me pregunto al ver los vídeos y fotografías del hospital de campaña en IFEMA, clausurado en un acto irresponsablemente masificado que ha organizado la Comunidad de Madrid. La presidenta regional se ha querido dar un baño de masas justo cuando las masas son más peligrosas. Mal por ella. Igual que digo “Bien por ella” al impulsar esa solución que se ha demostrado valiosa. Si uno lee ciertos medios podrá pensar que en IFEMA se descuartizaba a gente con una sierra de recortes manejada por Mariano Rajoy, irresponsable caminante, o se administraba lejía intravenosa prescrita por Donald Trump, irresponsable gobernante, pero no: estoy en condiciones de desmentirlo… sin ayuda de los desmentidores oficiales homologados y subvencionados desde Moncloa.

Irresponsables todos ellos, Isabel, Mariano y Donald, a mí me duele más la foto de los profesionales sanitarios gritando ante los fotógrafos. Batas, mascarillas, guantes (pocos)… pero hacinados. Si reclamaban pruebas, que hacían bien según qué pruebas demandaran, las pedían como no se debe. Si clamaban por la “sanidad pública”, que se podría hablar mucho sobre qué entendemos cada uno por público y por sanidad, lo hacían transmitiendo una imagen equívoca, contradictoria, irresponsable. No podemos aconsejar distancia y organizar una manifestación. Como diría la vicepresidenta, ¡primera de cuatro!, “nos va la vida en ello”.