Gaza bajo amenaza de pandemia: la necesidad de terminar con el bloqueo

Si podemos catalogar como “epidémica” la situación que se está produciendo en los países más desarrollados, ¿qué podemos esperar de un enclave descrito por las Naciones Unidas como un lugar “inhabitable” y permanentemente bloqueado por tierra, mar y aire?

Marcos Díaz Prado

Defensor de los Derechos Humanos

La Franja de Gaza corre el peligro de convertirse en una de las áreas del mundo más afectadas por la pandemia global. Según los expertos, el territorio de Gaza se encuentra bajo seria amenaza debido al hacinamiento de la población, los índices de pobreza, la escasez crónica de suministros y la falta de un sistema de salud desarrollado. Además, dadas las condiciones en las que vive su población, las consecuencias de la epidemia podrían ser devastadoras.

La amenaza del coronavirus se cierne sobre los casi dos millones de personas que viven recluidas en el territorio cerrado de Gaza. Los dos primeros casos de Covid-19 fueron detectados hace dos semanas y recientemente se han añadido más de una decena de nuevos casos. Las autoridades de Gaza han estado tratando de impedir este escenario, impidiendo reuniones y cerrando escuelas, así como aislando a las personas que regresaban a Gaza. Sin embargo, el virus ya se encuentra en la Franja. Si podemos catalogar como “epidémica” la situación que se está produciendo en los países más desarrollados, ¿qué podemos esperar de un enclave descrito por las Naciones Unidas como un lugar “inhabitable” y permanentemente bloqueado por tierra, mar y aire?

El bloqueo que ejerce Israel desde hace 13 años ha conducido al colapso económico de esta zona. Este enclave presenta uno de los porcentajes de desempleo más altos del mundo y más de la mitad de la población depende de las ayudas y distribución de alimentos por parte de la UNRWA. Además, Gaza apenas dispone de agua potable. La extracción masiva del acuífero costero de la costa de Gaza y el vertido de aguas residuales por parte del Estado de Israel ha hecho que el 97% de los acuíferos de la Franja se encuentren contaminados. A la falta de agua debemos sumar la falta de combustible para las centrales eléctricas, que sólo permiten un máximo de 11 horas diarias de electricidad.

El territorio de Gaza es uno de los más densamente poblados del mundo, con una media de 4.167 habitantes por Km². Sin embargo, en los campos de refugiados como el de Jabalia conviven más de 140.000 refugiados en un área de 1,4 Km2. Este panorama sería suficiente para concluir que será imposible mantener los estándares mínimos de higiene y protección durante la propagación de la Covid-19, pero tan sólo nos encontramos ante un esbozo del contexto.

El panorama se torna particularmente siniestro si tenemos en cuenta que el sistema sanitario en Gaza es uno de los más diezmados del mundo a causa del bloqueo y de los conflictos militares asimétricos del territorio. Por ejemplo, durante el año 2014, los hospitales de Al-Aqsa in Deir al Balah o al Wafa in Sujaiyyeh fueron objetivos de las fuerzas militares israelíes y un total de 72 instalaciones sanitarias en la franja fueron destruidas o dañadas durante los ataques.

Actualmente, en toda la Franja de Gaza sólo se dispone de 2.895 camas de hospital (1,3 camas por cada mil personas), 60 camas en las unidades de cuidados intensivos y 62 respiradores. Las infraestructuras de laboratorio no cumplen con los estándares de seguridad y hay una enorme escasez de personal especializado en las UCIS. El 48% de los medicamentos básicos están fuera de stock. El sistema sanitario tampoco cuenta con kits de protección para su personal y tampoco de otros suministros esenciales para la prevención y control de infecciones como son los productos desechables o los medicamentos para el tratamiento de dificultad respiratoria.

Las recomendaciones básicas sugeridas por la OMS para combatir la Covid-19 y que estamos cumpliendo en el resto del mundo, como lavarnos las manos, usar mascarillas o comunicarnos telemáticamente, están fuera del alcance de la población de Gaza. En este enclave “inhabitable”, las condiciones de pobreza constituyen un caldo de cultivo para que el virus se propague de forma rápida y letal.

En estos momentos en los que sentimos cómo es la vida en confinamiento, resulta imperativo que pensemos en lugares como Gaza: la cárcel a cielo abierto más grande del mundo, donde las personas han estado sometidas a un continuo sufrimiento durante décadas. Ahora que la pandemia ha llegado a la Franja, casi dos millones de personas corren el riesgo de sufrir un golpe todavía más devastador. En estos momentos, Gaza necesita de la comunidad internacional para que se ponga fin al bloqueo que Israel ejerce desde hace 13 años, permitiendo así la entrada del equipamiento y del personal sanitario necesario para hacer frente a una pandemia que, de lo contrario, podría resultar devastadora.