El diálogo de dos perros, en tiempos de confinamiento.(Dedicado a los niños que acaban de recuperar las calles)

La otra tarde salí de  casa con mi precioso chihuahua, dispuesto a hacer mi excursioncita vespertina por el paseo fluvial, sintiéndome el privilegiado emperador charro que mira a los cabizbajos confinados tras sus ventanas, como siervos de la gleba esperando ser liberados.

Delante de mí iban dos jóvenes, uno al lado del otro, cada uno con su perro ( un terrier lanudo y vivaracho y un carlino marrón con cara de pocos amigos). Había coincidido con los jóvenes un par de veces más, por el mismo paseo, pero salvo un par ladridos a mi chihuahua, no habíamos intercambiado ninguna palabra.

Era una tarde dulce de primavera. A un metro y pico de ellos (la distancia legal permitida durante el confinamiento) de repente me pareció oír dos voces humanas que no procedían de las bocas de los jóvenes paseantes. Enseguida me di un golpe en la mejilla para despertarme y decirme a mí mismo que me dejara de fantasías y ¡que no se pueden beber más de cuatro vasos de vino con la comida!

Pero…¡ seguía oyendo sus vocecitas perrunas! Y   sus dueños parecían no escuchar nada extraño, fuera de algún canto de mirlo o el chapuzón de algún pato.

Puse toda mi atención de paseante dudoso de su estado de sobriedad y ¡efectivamente comprobé que esos dos perros estaban hablando! ¡Estaban pronunciando palabras en nuestro idioma! Inmediatamente saqué mi móvil, le di al botón de grabación audio, buscando un testigo imparcial que confirmara que yo estaba, o no, delirando. Y esto es lo que grabé, ¡lo juro por todos los…!

  • El Carlino: Lula, ¿ qué te apuestas a que estos dos nos llevan otra vez hasta la cuesta que sube al tercer puente?
  • El Terrier: Lolo, no me apuesto nada pues estos charros están cada día más raros y me espero cualquier cosa de ellos…salvo que cambien su ruta de paseo…
  • El Carlino: Tienes razón, Lula. Estoy más perdido que un gato en la playa. Llevan más de un mes sin salir de sus casas, paseando en silencio con las bocas tapadas, y de repente este domingo todos los niños de la ciudad han salido a las calles, saltando y corriendo, como si estuvieran más contentos que tú  con un filete. ¡El domingo, en el paseo de la mañana un chiquitajo de unos cuatro años, se zafó de la mano de su madre, salió corriendo y se chocó contra mí con tanta fuerza que nos caímos al suelo los dos!
  • El Terrier: Pues a mí, a los dos minutos de salir a la calle una niña me tiró su pelotita y ¿sabes que hice, Lolo? Di un estirón a la cadena, salí corriendo detrás de la pelota y como la calle está  cuesta abajo tuve que correr como un descosido hasta que la atrapé; la madre de la niña y mi ama, toda malhumorada, bajaban corriendo hacia mí como si me quisieran comer. Aún no saben que los de mi raza no podemos evitar correr detrás de cualquier pelota, como si todos fuéramos hijos de Messi.
  • El Carlino: Yo creo que los humanos han perdido la chaveta, Lula. ¿En tu casa también salen a las ventanas y balcones a aplaudir como si estuvieran viendo por los aires un partido de fútbol y cantan y algunos días ponen una canción un tanto amenazadora en la que repiten “¡resistiré!”?
  • El Terrier: Sí, Lolo. Eso es lo que hacen a las 8 de la tarde y pasearme como nunca lo han hecho: a todas horas, llueva, nieve o salga el sol por Antequera…Tienes razón, se han vuelto locos.
  • El Carlino: ¿Pues sabes qué vamos a hacer? Esperaremos una semana más. Si el próximo martes no han vuelto a la vida de antes, todos los perros de esta ciudad comenzaremos a ladrar justo después de que ellos terminen sus aplausos de las 8 de la tarde y será el aviso de que el miércoles, en el primer paseo de la mañana dejaremos plantados a nuestros amos. Iremos todos a juntarnos en la Plaza Mayor y allí decidiremos cómo nos organizamos sin ellos, pues los pobres no están para cuidar a nadie y sí para que les cuiden sus loqueros.

 

Después del paseo dudé si ir a la Policía a denunciar la revolución canina que se avecinaba, pero finalmente me contuve: estaba seguro de que la policía me metería en el manicomio. Así que espero ansioso qué pasará el miércoles por la mañana.