Sábado, 28 de noviembre de 2020

¿Delitos de insolidaridad?

No deja de resultar curioso que se hable de este tipo de “delitos” porque según el Código Penal no existe, pero así les llaman y dicen que hay personas que los comenten y a las que sancionan. El caso es que, según la Real Academia de la Lengua, se entiende por “solidaridad” la adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles ¿Se puede sancionar la insolidaridad? Si así fuera, prácticamente toda la Humanidad hubiera sido sancionada en un momento u otro. Otra cosa es que ciertas personas incumplan lo ordenado en el artículo 7 del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19.

Hace unos días cumplimos un mes de confinamiento forzoso y puede que la paciencia se resienta, de hecho lo hace. Personas que se ven obligadas a salir de casa para ir a trabajar, su profesión así lo exige, se ven amenazadas, insultadas desde los balcones, incluso perseguidas por la calle. Para conseguir que nos encerremos en casa, una obligación tan brutal e inesperada, entre otras muchas cosas hace falta que exista la amenaza de un castigo (las multas que están poniendo los policías) o del reproche social, según los manuales que han publicado estos días especialistas en ciencias del comportamiento. Así dice el artículo publicado en El País por Javier Salas el pasado 28 de marzo[1]. Castigo y exclusión ¿no hemos aprendido nada?

Sí, puede ser que estemos hartos, yo lo estoy. Harto de escuchar una y otra vez que “Juntos lo conseguiremos”, la pregunta es ¿junto a quién? ¿con qué causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles, nos solidarizamos? ¿Se puede ser solidario sólo con causas buenas y justas o entre aquellos que defienden causas o intereses dudosos o ilegítimos también se podría hablar de solidaridad? Porque solidarizarse implica tomar partido, mojarse, situarse a favor o en contra de algo o de alguien, no existe la solidaridad en vacío, y si esto es así depende de cual sea el objeto de nuestra solidaridad y quien opine sobre él, seremos buenos o malos ciudadanos.

Dicen que la solidaridad es un valor que se relaciona con la compasión y la generosidad, pero ¿quién lo dice? ¿no había solidaridad entre los señores feudales para defender sus intereses y privilegios o entre los gánsteres durante la ley seca? Y pregunto ¿hay solidaridad entre nuestros políticos? ¿su causa y su interés es la defensa del bien público, del bien de todos? ¿actúan de buena o de mala fe?  Tal vez aquí resulte útil recordar al filósofo, escritor y novelista francés Jean-Paul Sartre, para él, la mala fe consiste en enmascarar, en ocultar, en rehuir la contestación a la amenazante pregunta ¿qué sucedería si todo el mundo hiciera lo mismo que yo?.

Yo me siento avergonzado de la clase política que dice representarnos. Los que mandan comunican mal y tarde sus decisiones (no entro en que sean o no acertadas), los que están en la oposición sólo quieren sacar provecho desacreditando todo ,lo que se hace, siempre a toro pasado, y el resto no sabe y no contesta, prefiere nos desgastarse en la refriega. Muchos, dentro y fuera del Congreso y el Senado, critican como si ellos tuvieran alguna experiencia en gestionar una crisis como la que vivimos.

El martes pasado, la XIII Marquesa de Casa Fuerte (por parte de padre), periodista, historiadora y asesora de aquel que durante el gobierno de Aznar, fue Ministro de Interior, Justicia y Administraciones Públicas, Ángel Acebes, para quien coordinaba los discursos en sus intervenciones públicas; en pocas palabras la señora Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos. Sí, esa señora en 2015 no se presentó a las elecciones por el Partido Popular dadas sus discrepancias con Mariano Rajoy, pero está de nuevo en política como Portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados una vez restaurado el “aznarismo” por Pablo Casado; pues como digo, la peculiar aristócrata de la derecha, tacho de presuntos expertos a los miembros del Comité de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias dirigido por Fernando Simón ¡habrá mayor desfachatez, mayor imbecilidad! Si usted sabe algo que los demás no sabemos, dígalo y sino ¡cállese Señora mía! Juntos saldremos, nos dicen. Pero yo no tengo intención de ir junto a usted a ninguna parte, tampoco junto a ciertas personas que acuden al Congreso exhibiendo mascarillas color kaki con la bandera de España, como si esto las hiciera más patriotas y las legitimara para hablar en nuestro nombre. Esa bandera, señora mía, hay que llevarla en otro sitio, ese donde usted, sólo guarda rencor y odio ¡Váyase a paseo! Perdón, a casa, y haga caso del consejo de Mark Twain: es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar cualquier duda.

Los partidos de la oposición dicen hablar en nombre de todos los españoles, ello sí están cometiendo delitos de insolidaridad y actuando de mala fe. Y es que si todo el mundo hiciéramos lo mismo que ellos, se produciría en este país un caos, un desafortunado retroceso a tiempos de analfabetismo y canibalismo intelectual y también de falta de libertades, afortunadamente, aún quedan suficientes ciudadanos sensatos y libres para contenerlos, lo que no sé es por cuanto tiempo. 

Lo reconozco, mi optimismo no está en sus mejores momentos, será cosa de estos tiempos raros que nos ha tocado vivir, pero mi deseo sigue siendo hoy, como cada día, el mismo que formuló Mario Benedetti: Solo deseo que esta espera no gaste mis sueños.