La televida

Como ya apuntábamos algunos allá por los años 90 del siglo pasado, los cambios sociales importantes en la sociedad de la información vendrían, y vienen, de la mano de las aplicaciones, basadas en tecnologías ya probadas. Se hacen innovaciones, para satisfacer unas necesidades concretas, para desarrollar un aspecto o área determinada. Cabe precisar que una aplicación es más conocida, para algunos, como “app”, aunque esta no es más que la abreviatura de la palabra anglosajona application (aplicación). En síntesis, una aplicación es un programa informático de tamaño reducido que, con sus características especiales, va destinada a su uso en tabletas o teléfonos móviles, principalmente, y que sirve para facilitar la vida de las personas, prestando servicios para satisfacer necesidades, reales o promovidas, en ámbitos fundamentales de la vida como lo es trabajo, la educación, el comercio, las finanzas o el entretenimiento, entre otros.

En el caso de la sociedad de la información, en la que ya estamos, la inversión en la puesta en marcha de las aplicaciones viene de la mano de la iniciativa privada y ésta solo gastará dinero, cuando tenga perspectivas razonables sobre el retorno de su inversión. Ese retorno lo darán aquellas aplicaciones que pagará el usuario. Tengamos en cuenta, pues, que cuando las utilizamos, las estamos pagando, de alguna manera y aunque no nos demos cuenta.

Bien entrado ya el tercer milenio el número de aplicaciones es tal que todas juntas casi constituyen la vida misma, aunque todavía, esta sociedad de la información y el conocimiento, tiene que asentarse sobre aplicaciones concretas, buscando soluciones a los problemas actuales. La inmensa mayoría de esas aplicaciones están basadas en servicios multimedia interactivos. El hecho de que la información, las imágenes o el sonido, los tres elementos del multimedia, tengan más o menos peso en esa combinación, dependerá de cada aplicación en concreto. Podríamos hacer una cierta distinción entre aplicaciones destinadas al hogar, a la empresa o a las administraciones públicas, aunque pocas de ellas son netas o exclusivas de uno u de otro de esos segmentos.

Tal es la fuerza de las aplicaciones que el desarrollo de la sociedad de la información y del conocimiento, viene dado por ellas, principalmente. Estas, emanadas de las necesidades del ser humano, se convierten en uno de los fundamentos políticos para una sociedad nueva, empujan el desarrollo tecnológico necesario, así como la captación de los recursos económicos que lo hagan posible. No es de extrañar que sean promovidas y requieran la atención tanto de la Unión Europea, EE.UU. y China, como por la ONU y las plataformas de negociación internacional: Davos, G20, G8, ...

Muchas de esas aplicaciones ya estaban ahí, prestando un servicio de uso variable, según el tipo, las necesidades y la edad de la persona. Pero la llegada de la pandemia del coronavirus (Covid-19) ha impuesto su presencia y uso de forma generalizada, hasta tal punto que, si ya percibíamos la existencia de dos mundos, el real y el virtual, ahora, tras el confinamiento, tenemos el convencimiento de que ambos se han fusionado en uno solo: el mundo real que pasa, necesariamente, por el virtual, configurando un mundo nuevo en el que la televida es consustancial al mismo. Seguiremos hablando de ello.

                                                                                                        Aguadero@acta.es