Diario de una pandemia (7)

MARTES 31

Conocer la entidad real de una epidemia no es algo que se pueda hacer durante el brote, sino que exige un honesto estudio posterior, en el que se recuenten afectados reales, se disciernan causas y se midan consecuencias, pero con todas las implicaciones políticas que esto tiene no faltan, ¡más bien sobran todos!, los intentos de teorizar sobre la marcha. Teorías de conclusión preconcebida que se adornan con datos servidos por instituciones de nombre aparente, preferiblemente largo y en inglés, para dar pábulo a la especulación que se pretende hacer calar en la opinión pública. Es el tiempo de los extremos y no importa renunciar a la consistencia intelectual de unos razonamientos que ahora, en plena epidemia, no es posible desarrollar. Les urge descalificar al partido político opuesto al suyo, en muchos casos les va la supervivencia de su sucedáneo de medio “informativo” en ello, así que... ¿qué importa la evidencia científica?, ¿qué más da ocultar, o exagerar, o manipular, o colar un titular inexacto, o vender una burra más? Por eso, si sentís la necesidad de conocer bien esta epidemia, paciencia. Y si queréis comprender su magnitud, en el futuro, no recurráis a tertulianos ni a fabricantes de “pensamiento” político, sino a solventes historiadores de la Medicina, que nos regalarán análisis dignos de tal nombre.

Mientras tanto, mucho más ajustadas a la verdad las realidades pequeñas que todos conocemos: los gestos, las palabras, los nombres propios de fallecidos tan anónimos cuando se cuentan entre los ochocientos y pico diarios y tan dolorosos cuando les ponemos rostro… y sí, también ciertas, las frías afirmaciones de algunos protocolos internos que podrán responder a una emergencia aplicando un supuesto principio de justicia, pero que no pueden demandar la firma de un médico contra su criterio y su conciencia. Al menos con la mía que no cuenten. Sea, pero conste de algún modo que así no debe ni puede ser.

 

MIÉRCOLES 1, YA ES ABRIL

Se preguntaba Sabina “¿quién me ha robado el mes de abril?”, y yo, que como él, lo tenía guardado en el cajón, concretamente el tercero, donde guardo el corazón, muy abrileño el mío, siento que lo voy desguardando. Es mi forma de ponerlo a cubierto, de arroparlo y darle fuerzas.

Un abril normal me habría llevado hasta la Oficina de Turismo para compartir una charla con mi amigo Javi Casaseca con la excusa de pedirle Christus y Pasión en Salamanca. Ahora Javi echa de menos el tren y la oficina, pero seguimos charlando con la mirada puesta en un horizonte que empuja hacia el susto pero nos aferra a la esperanza. Un abril normal intercambiaría con Natalia buenos deseos para nuestras siempre provechosas noches de Lunes y Martes Santo, regalos de introspección como solamente el Doctrinos y la Universitaria saben hacerlos, pero este abril lo empezamos rezando por Miguel Ángel, que se ha ido en el sigilo de un gran paréntesis, y necesitando conocer su tumba para poner algún día sobre ella las flores de nuestro afecto. Un abril normal, en día de guardia, habría ido al horno de leña de Morán a comprar el pan y hablar un momento con Manuel y Mercedes, pero ellos mismos nos han subido al centro de salud una hermosa hogaza y una bolsa de magdalenas, inmejorables aliadas para el desayuno como las aceitadas de Paqui que nos trajo Juan en la guardia anterior. Un abril normal habría saludado a unos cuantos vecinos al atravesar Trabazos camino de un aviso en Nuez, pero únicamente he podido saludar, entre el orgullo y la tristeza, a la bandera de España a media asta que tardará, me temo, en poder lucir en lo alto de su mástil. Un abril normal estaría pensando en cocinar para la columna del próximo sábado algo con sabor cofradiero, pero hace unos días envié a María y Eva La cuarentena de los catorce pasos con Luz a la salida, porque, aunque este año tengamos Semana Santa sin procesiones, la Luz de la salida no se apaga, no se agota, no se cansa de mostrarnos que abril es más nuestro que nunca y que es eterna la victoria de su Pascua.

 

JUEVES 2

Estaríamos hoy, en un abril normal, comenzando unas vacaciones escolares que se han adelantado, en apariencia, y todavía no sabemos si terminarán en septiembre, aunque es de agradecer la labor de Cristina, tan pendiente de las tareas diarias, y en general de nuestro colegio San Juan Bosco. Esta mañana acompañé a Tomás en sus últimos quehaceres del segundo trimestre, con mi cautelosa mascarilla a cuestas y sus ocurrencias como el mejor bálsamo. Nunca pensé que en un confinamiento con un niño de cinco años y medio y una niña de dos y medio fueran tan pocos los momentos de pánico. Porque han sido escasos y momentáneos, y no han merecido tal nombre. Meros conatos. Hemos logrado que las tareas, las lecturas, incluso su clase de Robótica de los martes que disfruta por Skype, estén integradas de tal modo que esto no parezca lo que no es, vacaciones, y que, añorando a su profesora y compañeros, no pierda el hilo del curso. Más sencillo en Tercero de Infantil, menos en otros contextos, imagino. Elisa también está teniendo deberes, la retirada del pañal, y los va superando con nota alta. María y Marieli, a la que afortunadamente tenemos con nosotros, tienen todo el mérito en esta supervivencia feliz que salpicamos con videollamadas a mis padres y la ritual ovación  balconera de las ocho. Hoy pude ver un momento a Tiope, para entregarle unas recetas, así que me sentí físicamente más cerca de abuelo, con la seguridad de que está protegido a sus noventa y uno y la esperanza de devolverle luego todos los abrazos de estas semanas. Ha sido la suya la felicitación más hermosa para Manuela, su tercera bisnieta, mi preciosa sobrina gijonesa que cumple un año. Otra que va aumentando la cuenta de achuchones pendientes. En casa nos los damos virtuales.

 

VIERNES 3 – VIERNES DE DOLORES

¿Qué decir? Algo ya he escrito (aquí) sobre este día insospechado, y también unos Versos para esperar a La Dolorosa y con Ella en nuestra revista Lignum Crucis. ¡Cómo nos ha ido enseñando! No pensaba yo que mi única procesión de este 2020 iba a ser la más elemental y sencilla, el Vía Crucis cuaresmal que compartimos el ya lejano 28 de febrero en la Capilla. Escoltado por Víctor y Samuel en los ciriales, porté la cruz alzada vestida con la manga morada de Nati recorriendo las catorce estaciones adquiridas en 1911 por el bueno de Don Jenaro, ese cura de Turra de Alba al que Javier Blázquez dio cumplido homenaje al contarnos su trayectoria como capellán de la Vera Cruz. El actual, junto al envío diario de la novena por parte de la Junta Directiva, lo cual es muy de agradecer, nos manda un correo en el que nos recuerda que, desde su aislamiento, ofrece por todos la Eucaristía de cada jornada. Don Pedro es mucho Don Pedro. Y esta novena, como esta Semana Santa, estoy seguro de que la recordaremos con el tiempo con gratitud por la vida de los que se han ido y por los cambios a mejor que se suscitarán en todos. Así debe ser. Nueve días de novena para mirarnos los dos como nunca nos miramos: yo me sirvo del lienzo que me regaló mi amigo y cofrade Jesús, rostro consolador y mano aceptadora de las espadas, La Dolorosa, la Madre que hoy quisiera haber llevado sobre mis hombros.

En su descanso, añorarán el banzo, y se extrañarán de verme hacer más guardias que nunca este año en los días de Pasión. Siempre haciendo cambios desde que sale el calendario, allá por los umbrales del Adviento, y resulta que… Una lección de vida esta ruptura de planes que ha de retornarnos a lo esencial. Un ejemplo de esta esencialidad me lo encuentro cada mañana cuando en la taza del desayuno me saludan con un “¡Que tengas buen día!”. ¡Gracias, familia!