Lunes, 28 de septiembre de 2020

Alfonso X el Sabio rey de Castilla y León (1252-1284) 

A Fernando III el Santo rey de Castilla y León le sucedió en mil doscientos cincuenta y dos su primogénito Alfonso X el Sabio, que ya se había revelado como un valeroso estratega en la conquista de Murcia. Los mudéjares de las ciudades andaluzas recibieron al nuevo rey en pie de guerra. Un batir de tormenta que tuvo que reprimir con hierro y fuego, hasta que los apagados agarenos optaron por emigrar al reino de Granada.

También el cambiante reino de Murcia se alzó contra Alfonso y para someterlo el castellanoleonés precisó la ayuda de su suegro Jaime I de Aragón.

Acostumbrado desde la infancia a las armas y a las letras, conquistó los reinos taifas de Niebla y Cádiz, y fue mecenas de la Escuela de Traductores[1] de Toledo, donde la cultura encontró refugio en las manos de sabios hebreos, castellanos y musulmanes. 

Reconoció oficialmente al Honrado Consejo de la Mesta[2], la asociación de ganaderos trashumantes, otorgándole numerosos privilegios; cañadas y cordeles, derechos de paso y pastoreo, la exención a los pastores de prestar servicios de armas, etc., en contra de los intereses de los agricultores porque las ovejas invadían los sembrados y asilvestraban tierra agrícola.

Y en consonancia con los monarcas europeos, que apoyándose en las ciudades reivindicaban mayor poder político en detrimento de la nobleza, unificó los fueros y promulgó el Código de las Siete Partidas[3], que provocó una rebelión nobiliaria.

 

[1] Dícese de los cristianos, árabes y judíos cultos reunidos en Toledo tras la conquista de la ciudad por Alfonso VI (1085), para traducir al latín obras escritas en árabe. Su inspirador fue el arzobispo Raimundo de Sauvetat.

[2] Las mestas fueron asambleas o asociaciones de pastores del reino de Castilla creadas para organizar y regular el precio del ganado y sus desplazamientos. Alfonso X el Sabio legalizó su agrupación en 1273.  

[3] Libro de Leyes promulgado durante el reinado de Alfonso X (1252-1284), con el objetivo de unificar jurídicamente Castilla. Entre otras disposiciones reguló la sucesión en el trono castellano.