Martes, 29 de septiembre de 2020

La pandemia y los niños

Aunque la Wikipedia señale a Walter Elias “Walt” Disney como un norteamericano natural de Chicado, hijo de Elías Disney y Flora Call, para quienes nos enseñaron desde pequeñitos que Walt Disney era de origen español y se llamaba José Guizao Zamora, siempre lo consideraremos un ciudadano del mundo. ¡Qué más da que fuera o no uno de los nuestros!

Ese matiz de nacimiento es parecido al de su muerte. ¿Está o no criogenizado el señor Disney? Nadie lo puede asegurar. Es parte de la leyenda que siempre acompaña a los grandes creadores.

Pero por estos enigmas no se preocupen quienes son hoy “población de riesgo” -ayer, veteranos-, pues en el futuro las vidas no serán nada enigmáticas, ya se preocuparán Facebook e Instagram de recordar a nuestros descendientes hasta su ecografía. Entonces se sabrá todo de todos. Los tiempos cambian.

Sin embargo, lo que no desaparece son las obras. Y en un pequeño examen, quién no conoce a uno o varios de esos animales virtuales -el ratón, el gato, el perro, el elefante, el pájaro, el pato, el gamo…- a quienes les dio vida el señor Disney y continuidad todo su emporio.

Para el presente artículo sería ocioso hablar de tantos personajes, pero por ser el primero y abrir las puertas a todos los demás, vamos a referirnos a ese ratón salido de la pluma del genial dibujante. Todos sabrán a quién me refiero. Este fue un hallazgo creativo mientras el señor Disney viajaba en tren con su mujer. A ella, como acertada aportación -Walt le iba a llamar Mortimer- el ratón le debe su nombre: Mickey Mouse.

Desde el momento de su aparición -28 de noviembre de 1928- su éxito fue tal, que sirvió como refugio a los sueños de muchos niños y con ello abstraerse de la “gran depresión” del 29 en la que estaban inmersos sus padres.

En los años treinta, en el cine, aquel ratón deambuló por todo el planeta con sus aventuras de taxista, vaquero, ciclista, náufrago, marinero, camionero, boxeador, etc., un Charlot que con el tiempo se convirtió en el personaje favorito de los niños y no tan niños.

Como anécdota, que en su momento fue de gran importancia, al final de la Segunda Guerra Mundial, el día D, en el desembarco de Normandía, el santo y seña o las palabras clave que emplearon los aliados fueron “Mickey Mouse”.

Hoy, ante la gran pandemia del coronavirus, me consta que nuestro querido ratón está presente en muchos hogares. En estos momentos, por Skype, puedo ver a mis dos nietos en una habitación diseñada con la presencia de Mickey Mouse (o su pareja Minnie) hasta en el estor, y no digamos sus tazas, vestimenta, huchas o relojitos…

Gracias, Disney; gracias, Mickey, y todos los dibujos animados en general, que es una parte importante en la ocupación del tiempo de los niños, pues nadie más que ellos echan en falta un paseo por el parque.

Hace unos días corría un vídeo por WhatsApp en el que un niño de dos añitos tiraba de la corredera de la persiana de una puerta para salir al exterior y lo consiguió. Hoy en Facebook me encuentro esta frase dicha por otro niño, este de cinco años: “Tenemos que guardarnos un mes en casa, porque si el coronavirus no ve a nadie, se va”.

Este es su mundo. Esta es su lógica. Así lo entienden. Así lo padecen.

¡Que termine pronto este confinamiento! Mientras, QUÉDATE EN CASA.