Jueves, 2 de abril de 2020

“Me mandaron a la planta de posibles casos, sin explicarme cómo poner y quitar el Equipo de Protección Individual (EPI)”

Hablamos con una enfermera de SACYL que nos cuenta las dificultades y los riesgos que corren diariamente en los hospitales frente a los casos de COVID-19

Salamanca AL DIA se ha puesto en contacto con una enfermera de SACYL para conocer de primera mano cómo están trabajando estos profesionales, las dificultades y los riesgos a los que se enfrentan diariamente debido a la ola de casos de COVID-19.

Nos cuenta que, aunque Castilla y León no lo está sufriendo de forma tan grave como Madrid, la situación es muy difícil y que ella comenzó a trabajar “cuando ya le habían visto las orejas al lobo y empezaban a verse desbordados y con necesidad de gente continuamente”.

“De primeras ya me mandaron a la planta de posibles casos sin haber recibido explicación de cómo poner y quitar el EPI y me hicieron un resumen de dos minutos antes de subir a la planta, cosa que tenemos que saber a conciencia para no contagiarnos e ir paso por paso; sobretodo para quitarlo. En la planta, la vida da que abunda el compañerismo y me dejaron menos pacientes para ir aprendiendo, estuve dos días y al tercero me enviaron a UCI”, nos cuenta esta profesional.

Aunque no se trata de un centro de Salamanca, explica que la carga de trabajo depende del día y turno pero, por lo general, tres enfermeras se hacen cargo de una planta, algo complicado debido al número de pacientes y la dificultad de colocar el EPI para atenderlos y en otras plantas se han llegado a ocupar de ocho a diez pacientes por enfermera.

Esta sanitaria dice haber estado en la UCI para ayudar cuando el brote comenzó a subir en Castilla y León, justo después de la salida de gente de Madrid ese fin de semana. Confiesa que estos servicios especiales requieren mucho control y conocimiento, cosa que no todos saben manejar ni si quiera con un año de experiencia. En su vuelta a planta, la situación era más complicada, mucha gente nueva y compañeras con posibles positivos que tenían que irse a casa, por lo que reclutar gente era vital para poder cubrir toda la carga de trabajo.

En cuanto al equipo de protección, afirma que al principio había equipos para todas y para cada turno, aunque no son los buzos que vemos en fotografías, sino los compuestos por batas, gafas, mascarilla FFP2 (con suerte) y doble guante. Sin embargo, a medida que pasan los días, esas batas han tenido que cubrirse con otras y las mascarillas FFP2 reforzadas con mascarillas de quirófano que luego se tiraban para reutilizar el EPI principal por otra persona y turno; al finalizar ese turno se tiraba todo pero a día de hoy se lleva a esterilizar para volverlo a usar; “estamos siempre con material justo a reutilizar por turno, apenas hay soluciones alcohólicas, algunos días sin gorros, es nuestro trabajo, lo que no es nuestro trabajo es hacerlo sin material o escaseando continuamente, colapsados por irresponsabilidad de personas que siguen saliendo de casa o falta de medidas más restrictivas, nosotros también tenemos familias a las que no queremos contagiar” confiesa.

Agradece el compañerismo, entre todas las categorías se ayudan todo lo que pueden y confiesa que “es muy duro trabajar viendo a gente sola que no puede estar acompañada de su familia en sus últimos días, hacer todo lo posible y ver que esto se está convirtiendo en una medicina de guerra”