Jueves, 2 de abril de 2020

… y el chocolate espeso

Efectivos de la UME en la plaza de Anaya

Ante problema tan serio como el que está viviendo la humanidad, no caben medias verdades. Hay que agarrar el toro por los cuernos. El contraste entre la situación que este gobierno quiere dibujar y lo que la opinión pública constata es tan grande que obliga a hablar muy claro. Quien accede a un cargo que lleva aparejadas importantes decisiones, también debe ser consciente de las responsabilidades anejas. Y una de las primeras es la elección de las personas mejor preparadas para asesorarle en los temas que no domine. Cuando Pedro Sánchez accedió a La Moncloa, no podía imaginar -ni él ni nadie- la hecatombe que acechaba a todo el mundo. Y aquí me surge la primera duda: si hubiera tomado hoy posesión del cargo ¿habría nombrado ministros a las mismas personas? Nunca lo sabremos. Sin embargo, el 2 de febrero sí que tenía información, ya que, según su ministro de Ciencia e Innovación, “ese mismo día se tomaron las primeras medidas para reducir los plazos”. También conocía la especial agitación económica que trascendía nuestras fronteras y que colocaba a España no precisamente en el pelotón de los mejor preparados. A pesar de ello, se amparó, se alentó y se financió la nefasta manifestación del 8-M, y no dudó en elegir, por ejemplo, a un filósofo para el ministerio de Sanidad. Dios me libre de poner en entredicho la inteligencia de cualquier licenciado en filosofía. Lo que sí juzgo es su eficacia y el de Sanidad, que es el que más nos afecta, se ha visto completamente desbordado por la situación. De la pericia y lucidez de algunos ministros repetidores ya teníamos constancia.

 Hasta llegar a las 23 poltronas, Sánchez, debió “tragar” con cinco privilegiados del hierro de Unidas Podemos. Como ha ocurrido allí donde han gobernado, los “salva patrias” de esta izquierda de laboratorio nada bueno han aportado a la causa. Además de su analfabetismo -en unos casos literal y en otros metafórico- han tardado muy poco en dejar al descubierto su nepotismo y sus desmesuradas ansias de poder. Si las barbaridades cometidas por los marqueses de Galapagar las hubiera cometido los nombrados por él, es muy posible que les hubiera costado el cargo. En este caso, Sánchez no lo hace porque sabe que a quien le cuesta el cargo es a él y, hablando de ansias de poder, con la iglesia hemos topado.

La cerrazón de nuestro doctor en falsedades nos ha traído a esta situación. Toda la ineficacia demostrada, las continuas mentiras y su obsesión por manejar el aparato de propaganda -como si estuviera resucitando la doctrina agitprop del marxismo o del nazismo- han dado lugar a esta sangrienta coyuntura. Está soportando el vergonzoso ninguneo de un presidente de autonomía inhabilitado que no se conforma con ignorar las leyes del Estado, sino que se permite el lujo de calumniarlo en el extranjero, y que no admite la presencia de las FF. AA. -aunque el gobierno trate de disfrazarlo-, y sin sufrir ninguna consecuencia. A pesar de su empeño en no reconocerlo, somos el país que peor está manejando esta rabiosa pandemia. Hace pocos días, nos consolábamos comparando nuestras cifras con las de Italia, pensando que aquí …era otra cosa. Sin embargo, basta fijarse en el número de fallecidos en Italia, cuando tenía los contagiados que tiene hoy España, para ver que podemos superar esa curva. En su afán propagandístico, el presidente dio un largo mitin el sábado para no decir nada nuevo. Cuando se le preguntó directamente por nuestra exagerada cifra de fallecidos, respondió: “Las espeluncas que pasteurizan la desamortización del dextrocalio, no argumentan la saponificación de la sinéresis. Aforando subálveas y exviajados en la leticenia embólica de los hemúlidos, no palentografiamos el eubeo de las murtas”.  ¡Ah! ¿Qué Ud. no entiende nada? Pues yo tampoco.

La vergonzosa tardanza en suministrar el imprescindible material sanitario ha ocasionado varios frentes en esta guerra contra el COVID-19:

  • La escasez de test para clasificar a los posibles contagiados está convirtiendo las estadísticas en algo irreal y, a la vez, está facilitando que ese contagio se convierta en una progresión geométrica.
  • Estamos llegando a la saturación de muchos hospitales, con el agravante de comprobar la escandalosa falta de material vital necesario para los enfermos, a pesar e los intentos del Gobierno en negar lo evidente.
  • Las residencias de ancianos están soportando el mayor porcentaje de fallecimientos, mientras el Gobierno intenta solucionar el problema enviando a los CFSE en labor inspectora -que está muy bien-, pero sin suministrar el imprescindible material sanitario que reclaman -y eso está muy mal.
  • En esta guerra, el Ministerio de Sanidad ha mandado a su primer escalón de combate -el personal sanitario- sin chalecos antibalas. Es de juzgado de guardia lo que está sucediendo en los hospitales. A la falta de camas para los contagiados se une la falta de camas en las UVIs y la falta del más elemental material de protección. Pronto tendremos que admitir lo peligroso que será la falta de personal sanitario, por haberse contagiado. Todos los aplausos que reciben hoy de los ciudadanos serán pocos para agradecer a quienes hicieron un juramento hipocrático y lo llevan hasta sus últimas consecuencias. Otros colectivos han efectuado ese trámite -bien es verdad que con vergonzosos circunloquios-, y no están siendo consecuentes.

La gravedad del momento es para establecer prioridades. Nada hay más perentorio que salvar vidas humanas. Es el momento de aunar esfuerzos y empujar todos en la misma dirección. Abandonemos el catastrofismo, pero seamos realistas. Olvidémonos de rencillas políticas y echemos el resto. Los ciudadanos, cumpliendo las medidas establecidas y el gobierno, vigilando y exigiendo su cumplimiento. Es verdad que la solidaridad humana se hace presente en las ocasiones difíciles, pero, por desgracia, hay veces que no es suficiente. En estos momentos hay que sacar fondos precisamente de donde ahora no son imprescindibles. Bueno sería que los políticos, al mismo tiempo que imponen sacrificios a los ciudadanos -que pueden ser muy duros- tuvieran algún detalle estableciendo prioridades en el gasto y dando ejemplo con sus privilegios y emolumentos -que son muy superiores a la media nacional.