Jueves, 2 de abril de 2020

El virus y Dios

Hace poco emitía un canal de televisión la película Hostiles; es una película “de indios y soldados” más o menos aunque atípica. En un momento un soldado le dice a la mujer blanca: Yo creo en Dios, pero de un tiempo a esta parte parece que está ciego ante lo que está pasando por aquí. Es muy vieja la duda con su pregunta y en toda la Biblia, como no podía ser menos, resuena el? ¿Hasta cuándo del hombre ante su Dios en medio de sus desgracias. Incluso el bueno e impaciente Job ha quedado como símbolo de esa pregunta en ese precioso libro que lleva su nombre.

Los creyentes y no creyentes de todos los tiempos nos lo hemos preguntado. Y está presente en toda la literatura, pagana o religiosa, ya se trate de los dioses, de los hombres o de Dios; está presente en todos los tiempos en ensayos, diarios, estudios y hasta novelas, por ejemplo es el problema de La Peste, con tantos ecos de lo que nos está pasando, sin más salida que el absurdo en medio de la solidaridad, o el de Castorp en La Montaña Mágica en la desesperada e incurable soledad del hospital en lo alto del monte de Davos o el de El Innominato, ese extraño personaje de Los Novios, novela que se apoya en la Providencia de Dios como luz ante los males; o el de D. Bonhoeffer teólogo de Dios en medio de la noche negra de Buchenwald. Y miles de personajes en la historia de la humanidad y de su literatura. Y los miles y miles de páginas que  han escrito los teólogos y pensadores  cristianos sobre qué pasa con Dios en medio de nuestra oscura desgracia, tanta y en tan variadas formas y formatos por tantas “cañadas oscuras”.

Es desconcertante, como lo son también las experiencias de oscuridad del mismo Jesús ante su fracaso y su muerte violenta. Todos nos quedamos sin respuesta. Unos porque no hay Dios para que ilumine y otros porque el Dios que hay parece que no pone luz en la situación.

Viniendo a cosas del día y si Dios ve y valora, ¿qué ve y qué piensa de lo que nos está pasando, entre grave y no tan grave al fin y al cabo? Porque a mí al menos me produce mucho mayor escándalo que Dios parezca callar ante los miles de muertos diarios por hambre o por violencia y los millones que malviven con ellas.

¿Es que está ciego?, como decía el soldado de la película. ¿Es que es paciente y espera?, pero ¿a qué espera? Y si sólo actúa al final, ¿de qué vale el intermedio? Y si Dios actúa ya hoy y aquí, ¿dónde y cómo lo hace?, porque  ¿en qué se nota? La famosa y tetrapléjica presentadora norteamericana Joni Erickson  escribió A veces Dios permite lo que aborrece, para llevar a cabo lo que Él ama.” Puede ser que ella lo perciba así en su caso, ¡Dios la bendiga!, pero no es fácil admitir lo que parece una perfecta contradicción. O puede ser que una vez puesto el mundo en marcha, Él no pueda corregir las curvas ni rellenar los baches.

Es cierto que si el Convid 19 salió de alguna madriguera por descuido o por error (no quiero suponer que haya sido por interés), eso ya es responsabilidad nuestra puesto que guardamos los virus, los almacenamos, los estudiamos y nos ejercitamos con ellos para poder eliminarlos mejor.  Y algo nos puede fallar. Pero también se puede argüir que el que nos dio tal poder debería habernos proveído de capacidades especiales para estos casos. ¿O las tenemos pero las hemos perdido o nos las entorpecemos o no hemos aprendido a usarlas? ¿Y quién se encarga de vigilar esto? Algo falla.

El escrito bíblico de las Lamentaciones es un buen ejemplo de queja y lamento ante casi todo, pero al mismo autor del libro no le duelen prendas y ante tanta desgracia que sobreviene acaba diciendo: “Es bueno guardar silencio esperando la salvación de Dios”. Vaya, así acaba encajando todo, pero hay que tener una buena dosis de fe para contar así las cuentas. ¿Y el que no tiene fe, que es por cierto un don? ¿Y el que no la tiene en ese grado tan alto? ¿Y eso es así o es un truco ex machina para cortar el problema?

Todo son preguntas. Y la primera era: si Dios está ciego ante lo que nos pasa o si los ciegos somos nosotros que no vemos el sentido de lo que nos sucede o si lo que viene cada día es la oportunidad de hacer preguntas y encontrar la luz, porque, y es otra pregunta, ¿la luz está en las respuestas o en las preguntas? Pues eso digo que si esto que sucede con el tal Convid -19 nos lleva a hacernos preguntas. Y si no nos las hacemos es que, copiando en parte la palabra del soldado de la película, los ciegos a lo peor somos nosotros. Y lo que nos pasa es una buena, y difícil, oportunidad.

Escribe el conocido y popular escritor italiano Vittorio Messori algo que me parece metodológicamente sugerente «Sin el clavo de la fe el perchero no se sujeta a la pared». Y añadiría yo que al mismo tiempo sin el clavo de la realidad tampoco la fe puede sostenerse porque no hay pared, pero eso es otra cuestión. La cosa es cómo la fe puede sostener situaciones como ésta del virus y demás males del mundo y/o cómo esa dura realidad puede suscitar la fe para provocar la pregunta que nos dé luz sobre la respuesta. Interesante, oye; que la noche oscura es siempre cosa de mucha luz. Y siempre queda la sospecha del médico bohemio, entre místico y alquimista, Stolcius von Stolberg (Viridarium chimichum, año 1624): se siembra en vileza y se levanta en gloria”

Se pueden dar muchas más vueltas, pero no quería pasar de las ochocientas palabras y ya son mil y diez. Aquí me quedo.