Domingo, 29 de marzo de 2020

Diario de una pandemia (3)

 

MARTES 17

Anoche murió Consuelo. Coincidí poco con ella, y no llegó a conocerme, porque ya no se daba cuenta de nada cuando fui a visitarla. Desde hace apenas dos semanas yo era su médico de cabecera. Había dejado de comer pero estaba tranquila, sin dificultad para respirar, sin aparente malestar. El proceso natural de la muerte, que, por desgracia, va a ser menos acompañado en muchos casos, al limitarse los momentos de cercanía del médico con los pacientes que van a afrontarlo en lugares de riesgo, como residencias de ancianos. Por supuesto que ante síntomas refractarios y siempre que seamos imprescindibles, acudiremos, pero nos gustaría trabajar mucho mejor estas situaciones y, aunque lo intentemos, va a ser más complicado.

Por las consultas “virtuales” que me llegan, parece que en bastantes zonas de España está costando responder ante las dudas de los pacientes, leves y no tan leves: saturación de líneas telefónicas, imposibilidad para valorar en domicilio en algunos casos, miedo a acercarse al hospital… Afloran también la ansiedad, las dudas sobre el después, las encrucijadas entre trabajo y salud… Todos estamos centrados en el coronavirus y hay quien piensa que esto tiene más inconvenientes que ventajas, incluso clínicamente, como decía ayer una colega que ejerce en Galicia. Otras personas lo piensan en clave económica, temerosas de la larga etapa de recuperación que nos tocará afrontar, a los españoles y al resto del mundo. Sin embargo, soy de la idea de que, por una vez, las vidas humanas se están anteponiendo a otros intereses. No podemos hacer como si no estuviera muriendo gente si tenemos en nuestra mano una fórmula, costosa pero implantable, para que esas muertes sean menos. Quedarnos en casa para frenar la extensión y dar tiempo a investigar vacunas o tratamientos mientras intentamos recuperar a los enfermos graves siempre es mejor que seguir buscando una inmunización colectiva a las bravas que se lleve por delante a los vulnerables. Aislarlos sólo a ellos, habiendo tantas personas dependientes que son cuidadas por personal externo o en centros sociosanitarios, no parece una opción verosímil. Sí podrían ensayarse aislamientos de zonas delimitadas, pueblos pequeños a los que garantizar el abastecimiento esencial, para que su aislamiento secular que tanto les ha ido empobreciendo arrojara ahora un beneficio. No sé si se está intentando, pero sería barato.

 

MIÉRCOLES 18

18:45 h. Con el nuevo formato de declaración obligatoria nominal hoy he notificado los cinco casos sospechosos de enfermedad por coronavirus que he atendido desde el día 12, que están cursando con levedad y se tratan con una prescripción muy antigua pero fundamental, el aislamiento. Mis modestas cifras y las grandes, que lógicamente nos deben sobrecoger, hay que mirarlas desde la convicción de que los fallecidos y los ingresados en UCI o en otros servicios hospitalarios reflejan gran parte de la gravedad del problema, a efectos clínicos, y sin perder de vista que en aquellas zonas donde los profesionales sanitarios no están logrando llegar a tiempo a atender a los pacientes también hay casos graves en domicilios y residencias. Tan graves que ha habido muertes sin atención médica previa, o con una atención insuficiente. Esa es la cruda realidad de la epidemia, el desbordamiento: el médico no ha llegado. Mientras tampoco lleguemos a poder realizar prueba de confirmación a todo caso sospechoso conoceremos menos la epidemia, su verdadero alcance, pero la mejor actitud no ya de contención sino de mitigación es que cada persona residente en España se considere infectada mientras no se demuestre lo contrario. A ver si así nos creemos la prescripción de aislamiento. Quizá soy un iluso al considerar que miles de empresas españolas deberían haber echado el cierre temporal. Pensé que el estado de alarma era otra cosa.

20:06 h. Aquí en Alcañices no parece que se aplauda a las ocho. No han calado las recientes costumbres urbanas. Ni falta que hace, porque es otra la expresión pero igual la gratitud.

23:59 h. Escuché al Rey entrecortado, se me iba la conexión, volviendo en la ambulancia de un aviso “no coronavírico”, precedido por otro aviso “sospechoso de coronavírico”. No hemos parado apenas en la guardia, que comencé triste al conocer el fallecimiento de una de mis profesoras en la Facultad, la neurocirujana María José Sánchez Ledesma. Parece que la estoy viendo impartir clase en aquel viejo y húmedo aulario, en 5º curso si no recuerdo mal. Descanse en Paz. Me acuesto hoy rezando por ella tras haberme puesto al día del mensaje de Felipe VI: “Este virus no nos vencerá. Al contrario. Nos va a hacer más fuertes como sociedad; una sociedad más comprometida, más solidaria, más unida”. Ojalá, y que sea como dice: “Porque España es un gran pueblo que no se rinde ante las dificultades”. Y también: “Debemos dejar de lado nuestras diferencias. Debemos unirnos en torno a un mismo objetivo: superar esta grave situación”. Muy de acuerdo. No es hora de matices ideológicos, ni de réditos electorales, ni de luchas de poder. Hagamos piña. Estemos organizados. Cumplamos con altura de miras. Y como dijo su padre Juan Carlos I el día de su coronación, un jefe de estado criticable por algo, incluso por bastante, pero admirable por mucho más, “si todos permanecemos unidos, habremos ganado el futuro”. ¿Caceroladas republicanas precisamente ahora? Libres son de protestar, por supuesto, pero se me hace cuesta arriba que las fomente un partido gobernante que demanda unidad y del que se espera la ejemplaridad de la que su miembro más destacado no ha hecho gala. Gestionen ustedes, que tienen todo bajo su mando, y déjense de coreografías fuera de lugar con las que una parte notable de la sociedad española no está de acuerdo. Tiempo habrá para resolver nuestras diferencias. Yo ahora mismo estoy a sus órdenes y los quiero centrados en el problema, que lo de hacer la revolución en plena crisis ya está muy visto a lo largo de la Historia y muchas veces termina mal.

 

JUEVES 19

¡Qué Día del Padre tan extraño! Ni he podido abrazar a mi padre, ni a mi abuelo José, ni ser abrazado por mis hijos. Había reservado el día libre tras la guardia para poder ir al colegio de Tomás y ser allí agasajado, con todos los padres de los niños de su clase, y he tenido que escuchar su poesía a prudente distancia y con una mascarilla. Me ha emocionado más si cabe.

Porque no lo dudéis, esto pasará y podréis de nuevo abrazar a vuestros amigos con los que tantos planes estáis haciendo, a vuestras familias que ahora están inaccesibles, y mis abrazos virtuales con María se convertirán en largos, intensos, recuperadores de sensaciones… Pero durante esta travesía va a seguir muriendo gente. Las noticias que llegan desde algunos centros hospitalarios y residencias, y las que no llegan desde domicilios donde la muerte se ha ido presentando en silencio y soledad, encogen el corazón. Falta material. No se hacen suficientes pruebas. Van cayendo enfermos los profesionales sanitarios. No hay espacios ni medios para un aislamiento adecuado. E incluso se observan vulneraciones flagrantes del decreto de estado de alarma o se envuelven en nebulosa algunos casos al anteponer el interés económico particular al sanitario general. No dudo del derecho de cada cual a buscar lo mejor para sí, pero el bien común debe primar, y para eso están las leyes.

 

VIERNES 20

Esta mañana venía la psicóloga, Verónica, a nuestro centro de salud, y nos ha ayudado recordando la necesidad del anclaje emocional de los profesionales ante este vuelco de agendas, de rutinas, de la vida entera aunque sea por unos meses pero que, para muchos compañeros, puede dejar un poso muy marcado. Luego hubo un momento para concentrarnos con ojos cerrados, respiración…, pero me ausenté, porque ahí ya me disperso y prefiero otro sostén, en forma de ancla pero también de cruz. A muchos les ayudó y se agradece su aportación.

Hoy otra despedida: Felipa. Nuestros alistanos se siguen yendo, por diversas causas ajenas a la que nos ocupa. Muchos adioses en estos cinco años en Villarino Tras la Sierra, ese pueblo fronterizo en el que he pasado consulta con gusto tantos miércoles. Hasta los rincones más alejados, que existen en los mapas pero duermen en el olvido, puede llegar la infección si no somos rigurosos con el aislamiento. Seamos responsables, por favor. Esta epidemia la tratamos todos quedándonos en casa.