Jueves, 2 de abril de 2020

Errar es de humanos

Errar es de humanos, rectificar es de sabios

¡Cuántas veces habremos escuchado esta máxima, en sus muy variadas vertientes!

Esta máxima que hasta hace poco, todos, o casi todos, dábamos por buena. Todos, o casi todos, comprendíamos y felicitábamos a aquellas personas que eran capaces de admitir su equivocación, corregir e incluso pedir perdón. Digo hasta hace poco, bueno no tan poco, porque de un tiempo a esta parte, los políticos y algunos criminales han descubierto que eso de pedir perdón les sale rentable. Tanto es así que creo que deberíamos cambiar la frase y decir que errar es de humano, rectificar es de listos.

Desde que este tipo de políticos se dieron cuenta de que eso de pedir perdón, por supuesto sin arrepentimiento alguno, les está resultando provechos, no tienen el menor rubor en hacer declaraciones en público manifestando su cínico arrepentimiento. Lo malo es que no son pocos los que consideran que, al pedir perdón, todo se ha arreglado, incluso algunos dirigentes políticos dan por cerrados ciertos problemas con este simple y falso acto de contrición. Algunos incluso piensan que supone una victoria, ya que dada la catadura del individuo “arrepentido” nada más se puede sacar de él.

Con esta forma de actuar, que es muy probable, dado su alto rendimiento, se vaya extendiendo y generalizando, estos cinipolíticos obtienen un doble resultado; cuando cometen la fechoría, que son aplaudidos y felicitados por los suyos y cuando piden perdón, que son elogiados y alabados generalmente por aquellos que ostentan el poder.

Tenemos casos a montones. Uno de los más paradigmáticos puede ser el de uno que fue jefe de etarras, que cuando vio que esa vía ya no le proporcionaba aquello que pretendía, decidió abandonarla y sin estar arrepentido de cuantos males hizo o ayudó a hacer, decidió meterse en política, tal vez porque era la cueva en la que mejor podía guarecerse y donde más provecho podía obtener. Tanto fue así y a tal alto grado llegó y llegará porque ahí sigue, que hasta un presidente del gobierno, español, por supuesto, dijo de él que era un hombre de paz.

Últimamente tenemos el caso de una señora, creo que es política, al menos de eso vive, que reside fuera de España, que ha soltado unas lindezas con motivo del dichoso coronavirus y sus efectos en Madrid. Pues bien, también ha tenido su doble premio. Y es que los políticos, esto de insultar, agredir,  acusar… lo tienen muy fácil y gratis. Se pueden permitir el lujo de decir lo que quieran de quien quieran y donde quieran, incluso en lugares como el Parlamento, que hasta hace poco considerábamos poco menos que sagrados, porque esas barbaridades, en boca de político, no son insultos, eso queda para el ciudadano de a pie, el político no insulta, hace uso de la libertad de expresión, por eso cuando se arrepiente es tan alabado, porque, es tan buena gente, que pide perdón sin tener culpa alguna, porque el político nunca es culpable de nada, simplemente defiende los derechos de aquellos a los que representa.

Un político nunca puede atacar a la dignidad de otro político, eso es imposible.

Hablar de delitos contra la dignidad de la persona, es un tema que ni gusta ni contemplan los políticos, ya que a ellos no les afecta.