Lunes, 3 de agosto de 2020

Para quienes han perdido un ser amando por el coronavirus

Acompañarles en momentos tan duros como están viviendo. DEP

Seguramente son muchos los recuerdos que vienen a su cabeza sobre la persona que ha partido. Tendrá momentos  que la mirada se perderá en el infinito, buscara sin ver, se asomará a la ventana y mirará al cielo. Llega la noche, y la ausencia grita por el ausente. Deja su butaca, mira el oscuro firmamento y lo ve más azul y las  estrellas parecen multiplicarse, y una ráfaga con aroma a incienso envuelve la soledad del abandono...

No se hundió la barca al cruzar  la Laguna Estigia, Flegias -el buen barquero- le dejó a la otra orilla; unos brazos repletos de amor le esperaban.

Es necesario repetir sus gestos, recordar sus palabras, imprescindible y salutífero hacer duelo, pero no recrearse en  la aflicción.

Vuelva a vivir la tarde cálida, usted era una niña/o, la brisa rozaba la piel blanca de su madre/padre. Había preparado con amor “una tarde de picnic a la orilla del río Tormes ¿lo recuerda? Seguramente que aun siente los correteos por el verde césped, su voz dulce diciendo -cuidado vas a resbalar- Los años fueron pasando y la niña se convirtió en una hermosa joven -usted- Aquella tarde, abrió la caja guardada desde años en el altillo del armario, dentro, un bien muy querido -su velo de novia- Su madre con la emoción contenida, le regaló el velo que ella lució, cuando ilusionada y feliz, pronunció el -sí- a su esposo. Usted acarició, pasó lentamente los dedos por el festón que remataba el tul .¡Es hermoso, gracias mamá!

 Los padres para los hijos, nunca envejecen, lo digo por experiencia. Su madre o padre ya no eran los jóvenes del picnic, ni los  ingenuos jovencitos que un lejano día decidieron emprender una vida junta. Habían cumplido...  años, y ahora era usted quien los llevaba de la mano, quien se preocupaba que nada les faltara, la hija se convirtió en la madre de sus padres. Los cabellos  ya no eran rubios o negros, un blanco, tan hermoso, como la nieve más pura, cubrían la cabeza. ¿La tersura de la piel? la vida había dejado marcas, pero no solo en el cuerpo… su alma conservaba heridas que nunca dijo por no herir. Su voz limpia y cálida, se volvió grave y  templada.

Vea las fotos, sí, ya sé que no es lo mismo ¿o sí?

La foto preferida, la que está enmarcada encima de la mesita auxiliar. ¿La tiene entre sus manos?

—Sí ¿Y?

No la ve —como una hermosa Bella Durmiente— no ha envejecido, tras el cristal la mira con dulzura, los labios siguen siendo carnosos, sensuales, los ojos grandes y brillantes... Recostada en el campo enramado de hojas verdes, pequeñas margaritas brotando, arboles muestran  botones florales. Ella/el siguen observando  sus movimientos, la dejaron revolotear como una mariposa. Recuerda las  manos largas y finas de su madre ¡cuanto las movía al conversar! le parecían pequeños pájaros que jugaban al ritmo que su mamá hablaba.

 Todo era primavera, juventud, infancia, felicidad…  quedaba mucho sendero por recorrer.

 Abrace los recuerdos, llore lágrimas de luto. Ellos han cumplido, han cogido el tren que les dejó en una estación, donde no existe el dolor, el llanto, ni la vejez. Seguirán vivos, siempre que usted los recuerde.

Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando (Rabindranath Tagore)