Jueves, 16 de julio de 2020

Último Paraíso

Guárdame de la ingenua fe en que todo ha de salir bien en la vida. Concédeme el sobrio conocimiento de que las dificultades, derrotas, fracasos y reveses son un natural añadido a la vida que nos hace crecer y madurar.

Antoine de Saint Exupéry

 

Junto al jardín do afortunado vivo

en aquel otro lado,

hay en valle de jara y loto bordado,

almo, ameno y hermoso,…

José Jaime Capel

Ya estamos en el quinto día del confinamiento y voy anotando en el cuaderno de bitácora de mi corazón, como gestionar este momento difícil, desplegando imaginación y creatividad. Son momentos para la resiliencia y construir en la adversidad, para aprender y descubrir un nuevo sentido aún escondido a nuestra existencia, nuevos caminos para el mundo y nuevas oportunidades fuera de los senderos trillados y conocidos. También para nuestro propio país. No será fácil y, necesitaremos de la colaboración de todos. Puede ser un buen momento para desarrollar esa solidaridad anhelada para nuestro mundo.

En estos días, podemos aprovecharlos para ahondar en nuestro interior. Vivir también un confinamiento interior, un momento para estar a solas con nosotros mismos y buscar aquello que nos pueda hacer crecer, en las lecturas, en el pensamiento, en la meditación, en la música, en las tareas cotidianas o en la oración. Proponemos el camino de la belleza, como nos recordaba el gran escritor ruso F. Dostoievski, solo ella salvará al mundo.

La belleza es un camino de superación de los horizontes estrechos de la cotidianidad, es inseparable de la trascendencia, es capaz de expresar y de hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que ve, manifiesta la sed y la búsqueda de lo infinito. Nuestra sociedad postmoderna es muy receptiva a la belleza, ya que junto a la verdad es la que pone más alegría en el corazón humano. Vivimos en un Kairós de la belleza, un tiempo privilegiado que alimenta el anhelo de ir más allá de nosotros mismos, rebelándose contra los límites de la existencia y fusionándonos con lo cósmico, lo social y lo religioso.

Después de esta larga introducción, quisiera recomendar para estos días de encierro y cuaresma, la preciosa égloga de José Jaime Capel Molina, Arcadio y Gabriel. Último paraíso, publicada en “eLena Design Editores”, y que he tenido el honor de prologar. En ella, el poeta está dibujando los versos lentamente en el silencio de la interioridad, para que aflore la experiencia de lo más bello y esencial de cuanto nos habita.

Ahondar en el corazón poético de José Jaime Capel, es una labor inabarcable, ya que es esencialmente portadora de una experiencia radical. Una experiencia espiritual, camino interminable de ascenso al Padre (Gregorio de Nisa), siempre entre la reflexión y la fe, aunque transcendiendo más allá de toda contradicción. A lo largo de ese camino, el poeta y, cada ser humano que lo inicia, vive una y otra vez, encuentros inacabados con esa Presencia que nos envuelve como un manto, aunque permanezca en ese claro oscuro del silencio. En esa batalla del lenguaje, el poeta y el místico, se ve forzado a remitirse al silencio, ante la imposibilidad de expresar la experiencia de lo inefable.

El verso convierte al lector en constructor de sentidos, ya que lo indecible puede comunicarse de forma inagotable en la palabra humana, llevando la poesía a la última posibilidad o radicalidad. El símbolo no es un artificio estético, sino una expresión mística. Debemos aprender, como el poeta, a tener un jardín interior y a penetrar a través de las cosas y a aprehender a Dios en nuestros corazones (M. Eckhart), y así, asegurarnos de que no estamos dormidos cuando salga el sol.

La poesía de Capel es un ejercicio de hondura y verticalidad, ensanchando el lenguaje a favor de la virtud creadora del discurso (P. Ricoeur). Son los caminos del amor los que despiertan el alma dormida, como esos días azules de la infancia, para vivir anticipadamente las corrientes marinas y los jardines perdidos en nuestra hondura interior. ¡Oh! ¿Dónde está el lugar? – yo lo llevo en el corazón – (R. M. Rilke). El alma del poeta entre Arcadio y Gabriel, con pulsos serenos y avezados, ensanchando el espíritu con la Palabra y el poema, tomando parte activa en la corriente del ser y del amor que le origina, buscando esa experiencia fruitiva del absoluto (J. Maritain).

Los versos de José Jaime Capel que afloran en esta preciosa égloga, están llamados a las profundidades de San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, aunque no todos llegamos a esas honduras del espíritu, todos podemos tener la necesidad vital del silencio. Estamos llamados a un regreso a las fuentes de la vida, a lo más bello y esencial de cuanto nos habita. Llamados a un retorno a nuestro ser, a los jardines perdidos del último paraíso, a la apertura al misterio, al amor de Dios que se encarna en la entraña de nuestros corazones. Buscamos el esplendor de aquellos días en los que Dios bajaba, con la brisa de la tarde, a pasear por el jardín.

 

Por el prado amoroso, á do algún día

en una vereda yo le aguardaba,

lirios de mil colores la vestía,

cubiertos de rocío…

…..

Junto al jardín do afortunado vivo

en aquel otro lado,

hay en valle de jara y loto bordado,

almo, ameno y hermoso,…

 

“Y será su alma como un jardín regado” (Jer 31,12), como el poeta, cada ser humano, siempre tiene la posibilidad de cuidar y hacer crecer el huerto deseado, de dar a luz el amor, porque el alma no solo es un jardín, Dios es su jardinero (Teresa de Jesús). El huerto cubierto de rocío, asistido por agua, donde Dios como viento aleteando, se manifiesta dando vida y armonía a todo (Gn 1,2) Es un arroyo que mana silente, todo poeta que profundiza en la experiencia profunda en el misterio de Dios, se ahoga en el silencio. El lenguaje se vuelve experiencia, porque han visto sus ojos del corazón. El verdadero poeta es el que retorna al silencio, es el que acepta la muerte del verbo (Rilke). Su silencio es atento, porque solo el que por ello pase lo sabrá sentir, mas no decir (San Juan de la Cruz).

Es un precioso poema, publicado el 27 de febrero de 2020, festividad de San Leandro de Sevilla. José Jaime Capel, Catedrático de Geografía de la Universidad de Almería, especialista en Meteorología y muy conocido por todos los que nos dedicamos a la Geografía y la Historia, al menos su obra de Climatología, donde es uno de los mayores expertos en España. Un “homo viator”, caminando no solo por las sendas hacia las profundidades del Misterio, también ha surcado por todos los rincones del mundo y, muy especialmente por América Latina, donde vivió todo tipo de peripecias para escribir obras de relevancia tal que se encuentran incluso en la Biblioteca de Washington. Ha dado a conocer su labor científica en numerosas revistas y libros, fundando el “Boletín del Instituto de Estudios Almerienses”, “Paralelo 37” y “Nimbus”, entre otras.

Es un gran amante de la cultura, últimamente se dedica fundamentalmente a la pintura y a la poesía. Destaca como pintor hiperrealista de la naturaleza y su hábitat, con numerosas exposiciones. Pero queremos destacar, su importante obra poética desde 1984, recibiendo importantes premios y galardones. En su poesía despliega un universo infinito de sensaciones y sentimientos, sacralizándola y elevándola a la condición de acontecimiento, desplegando lo inefable y misterioso, el sentido de lo eterno que reside en la palabra y en el silencio.