Domingo, 29 de marzo de 2020

Ante el incómodo huésped

No es fácil, pero desearía que este artículo de hoy expresara el sentir general del país: pasar de la sorpresa a la calma o del miedo a la caricatura humorística.

Nuestra impresión anticipada nos lleva a pensar que después de este confinamiento vamos a valorar mucho más todas esas maravillas que tenemos y no nos cuestan dinero. Abiertos de par en par nuestros parques y plazas no los valoramos, pero son nuestros, y nos hacen tremendamente ricos; nos daremos más cuenta de ello cuando acabemos con el insignificante bichito.

Un virus cualquiera es un ser vivo, el más pequeño que existe, que no pudo ser observado hasta 1930. Por tanto, para la Humanidad, es un joven de noventa años que, hasta su descubrimiento, gracias al invento del microscopio electrónico, ha sido un tormento para hombres, animales y plantas.

Los virus viven en el interior de las células y cuando destruyen las bacterias benefactoras para el organismo son causantes de enfermedades como la viruela, el sarampión, la gripe, la rabia, la parálisis infantil y otras, para las que gracias a la investigación ya existen vacunas.

Como cualquier individuo interesado en esta trágica enfermedad, sin ser especialista, podemos decir que el coronavirus (covid-19) es un virus de una familia o cepa de virus hasta ahora desconocida, con el agravante de ser de rápida propagación, que no solo puede causar enfermedades, sino la muerte.

Nos hubiera gustado ahorrar esta última palabra, pero no nos vamos a encerrar en nuestras casas sin ser conscientes de lo que nos jugamos. Así, como ese dicho que señala que “con el juego no se juega”, debemos no banalizar con la protección y pacientemente optar por la mejor opción (“to be or not to be”) para seguir anclado a nuestro presente.

Este problema no lo vamos a vivir todos de la misma manera, pues si pertenecemos a ese Gran Hermano masivo que nos obliga a estar encerrado en esa civilizada Guadalix de la Sierra que es nuestra casa -aunque sea con teletrabajo- debemos pensar que somos unos privilegiados que no estamos en el frente y ante un enemigo que no se ve. Ahí se hallan los héroes.

Ello es suficiente para que nos rompamos las manos aplaudiendo a los profesionales de la Sanidad, servidores del orden en general y trabajadores de logística cuya tarea es imprescindible para la atención, curación y frenar el contagio.

Con lo dicho, ya podemos ser futuribles: nadie duda que la palabra que será elegida por la Fundación del BBVA Fundéu, cuando termine y sondee el presente año 2020, será “coronavirus” o “covid-19”; anteriormente lo fueron, desde 2013, “escrache”, “selfi”, “refugiado”, “populismo”, “aporofobia”, “microplástico” o “emojis”.

Lo anterior da idea de su importancia. ¡Ya sería el apocalipsis que le superara otra palabra de recorrido mayor! Así, debemos ser optimistas y esperar que pronto se vuelva a la normalidad. De momento han prescrito para los meses restantes del año aquellos buenos deseos por los que apostamos hace solo dos meses con cada una de las uvas.

Servidor quería repetir el Camino de Santiago en mayo. Imposible. Y esto es lúdico, pero ¡cuántos proyectos de trabajo y de suma importancia no se habrán ido al garete!

Ahora, en medio de este confinamiento, que no de guerra, pues nadie tendrá que apagar la luz para no ser detectado por los aviones enemigos, ni creemos que dure tres años -la nuestra fue terrorífica-, lo único que debemos hacer es aliarnos de paciencia y reinventarnos.

Así como en otros momentos nos hemos puesto al mundo por montera, ahora toca ponernos al virus por corona. Algunas ideas: quién no ha visto ese anuncio de “aprenda Inglés en 15 días”, ahora es el momento; ¿y por qué no leer o releer “El Quijote”, hagámoslo, que no por ser españoles viene incluido en el ADN; también se puede aprovechar estos días para un cambio de estilo, ¿usted es rubia? hágase una morenaza, ¿usted quiere saber cómo está con barba sin que nadie se dé cuenta?, déjesela; ¿quiere aprender a tocar un instrumento?, no se reprima. O juegue al ajedrez con el ordenador, a juegos de mesa con la familia, haga yoga, medite, dibuje, pinte… ¡Son tantas las cosas con las que puede perder o ganar el tiempo…! ¡Quizá no tenga otra oportunidad y se arrepienta algún día de no haber aprovechado este momento!

Ah, y esté informado; pero lo justo, que no sea por esas “fake news”.