Domingo, 29 de marzo de 2020

Sólo nos queda nuestro Rey...

Los chinos parece que se han limitado a enviar algunos aviones con equipo médico para hacerse algunas fotos... Esto unido a la desaparición de EEUU y a la incapacidad de respuestas de la UE hará que se produzca un caldo de cultivo para lo que vendrá después. Estamos asistiendo a la muerte de la UE en lo social al menos. La Europa de los pijiprogrés y demás adláteres  tiene que desaparecer porque han demostrado su incapacidad más allá de la demagogia que es muy enemiga de trabajar de verdad y decir las cosas como son sin intereses partidistas. Los EEUU van a seguir siendo porque son los dueños absolutos del mar y su economía seguirá sana, apartarse de su sombra no es inteligente.

Cada vez es más patente el malestar ante el sistema de trueque que se ha implantado en España en el mundo de la política, ante el que parece pasa todo el mundo, con una actitud de mansos que se dejan llevar. También se hace insoportable la incultura, la mala educación y las bandas compuestas por el rebaño que sigue al dueño de la manada. Los desplantes y los pitos sobran en su forma y en su fondo. Hay muchas formas de mostrar desacuerdo al margen de llevar o no razón.

A día de hoy nuestro Rey es el único que aboga por los verdaderos intereses de España sin tacha partidista, y el único que nos defiende. Los políticos parece que no paran de arrimar el ascua a su sardina y dan la cara por el interés de unos pocos. Por el momento es la única institución supranacionalista y la única temida por los separatistas y la izquierda radical. Parece que no necesitamos enemigos de fuera de España, vergüenza aparte, ya que los tenemos dentro.

En EEUU es legal quemar una bandera si ha tocado o se ha caído al suelo ya que consideran que ha quedado ultrajada y la única manera de repararla es quemándola. En todos los barrios hay crematorios de banderas pues no se pueden arrojar a cualquier parte. Si una persona quemara una bandera por cualquier otro motivo duraría lo que se tarda en sacar un pistola por parte de la autoridad competente, penas de cárcel aparte para cualquier tipo de ultraje a la patria.

Muchos de los españoles de nacimiento se consideran apátridas y viven del cuento en nuestro país, que realmente es el suyo. Se envuelven de una memoria histórica ficticia inventada a su gusto y favor, del cainismo sectario, de la sin razón, del enfrentamiento constante, de una demagogia trasnochada, de la total ignorancia; pero lo más preocupante es su pocas ganas de trabajar por bien de todos, su afán de destrucción de cualquier cosa que hagan los demás sin aportar soluciones ni mejores ni peores.

Estos apátridas, que mejor sería que abandonarán España, o se fueran a su España inventada allí donde esté, por favor, que nos dejen vivir a los demás. El espectáculo que provocan es cada vez más insostenible. Las libertades individuales tienen que tener límites, alguien debe empezar a ponerlos. Pueden estar agradecidos a todos los políticos presentes y pasados que han gobernado este país como si fuera un simulacro, pero el tiempo se acaba. Vamos camino de un desastre social pues España agoniza y nadie le pone remedio. Se debe educar a la gente en la idea de España y a partir de ahí trabajar, más si alguien se dedica o quiere dedicarse a la política. Vale quien sirve, servir es un honor se decía antaño. Habrá que retomar valores del pasado para sobrevivir a esta pandemia tan grave que nos está empezando a azotar. Sin decisiones firmes no sobreviviremos.

Lo patético se ha convertido en una rutina desagradable, eso sí para después pedir dinero, subvenciones, obras públicas, o formar grupos en el parlamento. Cuanto menos cumplen con el déficit más se les da, pues hay que tener cuidado que se rebelan. Que tengamos que seguir soportando año tras año este tipo de actitudes es cada vez más aberrante, y se debe exigir la tolerancia cero. No se pueden tolerar más faltas de respeto a los símbolos de la nación. Es así de simple.

A una parte de la clase política parece que poco le importa el progresivo desengaño de sus votantes, el varapalo que continuamente reciben sus políticas y sus políticos, que va sembrando un profundo desencanto entre ellos. No vamos a recordar los reiterados incumplimientos de las promesas electorales de los partidos, pero si la actitud de todos ante la aplicación del artículo 155 que ha acabado vacío de contenido ante las continuas afrentas de unos políticos fuera de la ley. Nadie se lo explica, nadie podía pensar que los que nos representan no nos defiendan. España no se negocia.

Los españoles agradecidos deben defender a su Rey como representante máximo de España y de los españoles. Todos y cada uno de nosotros somos y formamos parte de España, y cada día debemos poder hacerla mejor con una ilusión que no debe dejarse cercenar por estas minorías, que no van a ninguna parte y cuestan dinero y sufrimiento. A muchos españoles nos duele España y nos duele que se ataque a las instituciones del Estado sin que podamos defenderlas todos a una. Ya está bien.