Sábado, 8 de agosto de 2020

APRENDER SOLIDARIDAD EN PRIMERA PERSONA

En el llamado primer mundo no estamos acostumbrados a estas crisis sanitarias que en el considerado  tercer mundo tienen siempre.

Ocho mil quinientos niños siguen muriendo de hambre cada día. Espero que con la solidaridad que aprendamos con el COVID-19 seamos justos y pongamos el mismo empeño con los niños de África.

Me parece que es un buen momento de comprensión para entender la soledad de los ancianos y las ventajas de la España vaciada. Escuché una entrevista en la radio a una monja de clausura donde explicaba su organización y su sentido de la vida, no más juzgable que la de los demás.

Para muchos es una oportunidad para estar en familia porque yo creo que hemos perdido la brújula de las prioridades.

Debemos estar agradecidos a los sanitarios como es lógico. Pero a otras muchas profesiones que siguen siendo tan necesarias, agricultores para mantener los suministros, farmacias, los que garantizan el agua potable, los cuidadores de ancianos, los cuidadores de niños, etc.

En nuestro caso los educadores tenemos que estar con nuestros niños protegidos. También en las casas con jóvenes con problemas de conducta. Tenemos una situación sostenible porque podemos tener jardines o algún sitio para hacer deporte, etc.

Los pisos que sean pequeños me parece complicado con jóvenes con trastornos psiquiátricos, hiperactividad en algunas familias, etc. Poner a disposición algún pabellón, etc, podría estar bien. Personalmente me parecen más necesarios o por lo menos tanto, algún paseo con algún menor, que las peluquerías que sí se permiten o los paseos de los perros que también me parece bien.

Me gustaría saber de forma concreta a quién llegarán los miles de millones que dice el gobierno que van a destinar para la crisis económica que sucede a la sanitaria. Veremos si no se convierte en otro rescate de bancos y robo de políticos. Por lo pronto a nosotros nos dicen que contratemos a todos los educadores que sean necesarios para sustituir a los enfermos o doblar turnos pero sin partida presupuestaria. Nosotros no nos quejamos porque llevamos toda la vida haciendo voluntariado y asumiendo riesgos por los  “últimos”. Pero sí cuestionamos el derroche de dinero en partidas frívolas mientras que a la calle no llega una igualdad de oportunidades.

He visto como el dinero que debe llegar para que los más vulnerables puedan trabajar o vivir dignamente se queda en intermediarios como pasa en el mundo agrícola.

Espero que no se llegue a culpabilizar a los enfermos como se hacía con el SIDA. Este virus parece que puede llegar a todos por igual. Por eso me alegro de las oleadas de solidaridad y de los aplausos a los sanitarios. Seguro que el cambio climático también se beneficia de la reducción de desplazamientos. También podemos aprender que no necesitamos movernos tan compulsivamente.