Jueves, 2 de abril de 2020

Aporte literario de un cuarteto de togados chilenos (Pórtico)

Acabo de recibir un ejemplar del libro DUDA, relatos escritos por cuatro jueces penales chilenos, el cual contiene un Pórtico por mí firmado. Ha sido publicado en Santiago por Mago Editores y tiene traducción al inglés realizada por Gretchen Abernathy.

 

 

 

I

 

 

Otros dudarán, pero no es mi caso: algo destacable ofrecen, con este libro titulado Duda, Víctor Ilich, Rocío Castelló, Rodrigo Gómez y Patricio Acevedo, cuatro jueces penales que emiten veredictos en su Chile natal.

 

Nada de lisonjas ni envanecimientos. Debemos estar siempre en constante aprendizaje, pues nadie alcanza la perfección, máxime en el proceloso mundo judicial, frecuente punto de mira desde los cuatro puntos cardinales de la sociedad a la que se debe. Tampoco caeré en la tentación de pergeñar una loa para ellos, a la manera de Luis de Góngora, quien entre 1576 y 1580 estudió Leyes –Cánones, se decía– en esta mi Universidad de Salamanca, la misma que ahora celebra sus primeros ocho siglos de fundación. El culterano, en los dos primeros cuartetos de su soneto dedicado a Don Juan de Acuña, Presidente de Castilla e Hijo del Conde de Buendía, anota: “Éste, que en traje le admiráis togado,/ Claro, no a luces hoy de lisonjero/ Pincel, sino de claro caballero,/ Esplendor del Buendía que le ha dado;// Éste, ya de justicia, ya de estado,/ Oráculo en España verdadero,/ A quien por tan legal, por tan entero,/ Sus balanzas Astrea le ha fiado…”.

 

Nada de excesos. Pero tampoco encerrar los méritos en un armario o desdeñar los logros y empeños de unos y otros.

 

 

II

 

 

Está extraño hoy el mundo judicial. Maravillosamente extraño, al menos en el caso de Chile. Conozco a número cada vez mayor de jueces y magistrados que –por ese alargado país– no ocultan su opción por la creación literaria, sin descuidar la necesaria literatura jurídica y la construcción de una jurisprudencia cada vez más acorde con el siglo en que vivimos. Y los que no son autores de libros enmarcados en alguno de los géneros literarios, o bien participan en los actos de presentación de los mismos, escriben prólogos o alientan a sus compañeros.

 

Al escribir este libro a ocho manos, los cuatro jueces están vivificando el Poder Judicial chileno. Cierto es lo que apuntaba Píndaro, poeta de Boecia, hace unos dos mil quinientos años: “Los unos tienen esta ley, aquellos otra, y cada cual/ enaltece su propia justicia”. Pero cierto también es que Ilich, Castelló, Gómez y Acevedo proporcionan una lectura diferente, inusual diría, partiendo desde una perspectiva psicológica para ofrecer unas piezas literarias que ponen el dedo en la llaga del propio cuerpo judicial y de la sociedad que lo circunda.

 

A modo de ejemplo, puede citarse el cuento “La Justicia, a ratos, tiene mal olor”, de Patricio Acevedo. Estoy convencido que, bajo esta fórmula narrativa, la gente que cuestiona con acritud a jueces y magistrados, lo pensará algo más a la hora de hacer comentarios o lanzar exabruptos. Otro cantar surge cuando el peso de la Ley recae sobre uno mismo o sobre nuestros seres queridos.

 

 

III

 

 

La duda es uno de los elementos básicos de todo proceso penal. Esa duda formulada en la presunción de inocencia, como hoy conocemos al in dubio pro reo de los juristas latinos. Y claro, cuando se trata de los hechos, más de una duda puede tener el juez, pues sobre él recae el peso de la determinación de culpas. Y en este proceso juegan muchos elementos, desde el probatorio hasta el psicológico, pasando por el jurídico o el económico.

 

Y vuelvo a poner otro ejemplo, esta vez sobre el uso –o no– de la duda razonable, en el relato de Rocío Castello, ‘Un poco de luz también puede encandilar’. Si en el texto vemos la problemática que tienen los jueces cuando hay testimonio firme de la víctima de un ultraje violento, por poco que escarbemos en la jurisprudencia del Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de San Fernando, comprobaremos la aplicación idónea, tanto de la duda razonable como del atender a situaciones de enajenación mental de quien estaba imputada por el Ministerio Público. Me refiero a la absolución de Jovita de las Mercedes Tobar Acevedo, allá por marzo de 2016.

 

A su tiempo, una de estas décadas,

ningún juez será deslumbrado

por falsas luciérnagas.

 

Los autores con Roberto Contreras Olivares, escritor y Ministro de Apelaciones de San Miguel

 

IV

 

 

Magnífico aporte resulta Duda, fruto de un taller literario y la creatividad de cuatro jueces penales. Lo estimo como algo relevante o al menos pionero en ámbitos judiciales. En Chile seguro, sin dudas, constituye un hito. Y poco o nada podríamos encontrar en otras latitudes, teniendo como referencia a un grupo de jueces que –en comunión– escriben estos textos de variados registros.

 

Vertebrado en tres partes (‘Indubitadas instrucciones’; ‘Relatos dudosos’ y, ‘Sin duda, reflexiones visuales’), destaca en grado sumo la carga irónica y la precisa dosis de humor que contienen los textos del primer bloque, tono jocoso y a la vez profundo en el cual Víctor Ilich está cuajado por sus varios libros publicados. Baste recordar su auto-entrevista El silencio de los jueces.

 

Sí, muchas veces convienen unas sonrisas cuando se abordan los asuntos serios, como lo hace Rodrigo Gómez en sus instrucciones para dirigir una audiencia, para ser injusto o para objetar. Leyendo ‘Instrucciones para cometer perjurio’, de Patricio Acevedo, no pude dejar de recordar un epigrama del maestro de la sátira y el sarcasmo, Marcial, pues de griegos y latinos tiene amplios cimientos nuestra cultura:

 

Perjurio
Dices que es tuyo el pelo que te pones:
¿no temes el arresto por perjurio?

 

 

V

 

 

De los cuentos del segundo bloque ya adelanté algo. Merecen ser leídos con sosiego. La tercera parte, que en el frontispicio llevan un collage, contiene cuatro apuntes o reflexiones breves derivadas de los relatos señalados. Interesante ejercicio donde se busca adentrar en cuestiones psicológicas que atañen al ser humano. Y es que hay más vínculos de los que se estiman, pues los jueces deberían ser más consumidores de conocimientos psicológicos, toda vez que, junto con las pruebas, también les corresponde valorar la credibilidad de los testimonios y demás ramajes de la conducta humana.

 

Un libro a tener en cuenta, a leer y a conservar. Un libro escrito con un lenguaje diáfano, tal como aconsejaba Santiago Muñoz Machado, jurista y miembro de la Real Academia Española, durante la presentación del Libro de estilo de la Justicia, volumen por él dirigido: “Cuando se está ante un buen jurista que tiene gusto por la literatura y que se empeña por hacer las cosas claras, todo lo que escribe puede ser perfectamente entendible. Es también una cuestión de formación personal”.

 

La verdad tiene palacios de carcoma

y fosos de simulacro.

La duda es lo que apuntala al justo.

 

Alfredo Pérez Alencart

Marzo y en Tejares (2018)