Domingo, 29 de marzo de 2020

Gran final de la 1ª temporada de #MeToo: la condena a Harvey Weinstein

El caso del superpoderoso productor de cine norteamericano, Harvey Weinstein, que provocó la oleada mundial de mujeres diciendo “A mí también” (en inglés “Me Too”), que significaba que a todas las mujeres del mundo nos ha pasado, más de una vez y más de dos, que algún hombre se haya creído con derecho a “propasarse”, y que implicó que varias de esas mujeres por fin se atrevieran a denunciar ciertas cosas en los tribunales, ha concluido esta semana con la sentencia a 23 años de cárcel.

Habrá a quien le parezca mucho, pero a mí, poco me parece, tratándose de varias denuncias por violación (en España se castigan a razón de 14 años cada una), y muchas y variadas denuncias de otros tipos de agresiones y abusos sexuales.

 

Fin de la primera temporada de una serie que se prevé larga, dado que las mujeres, que hasta Harvey Weinstein no nos atrevíamos a denunciar, entre otras cosas porque lo más probable es que no fuéramos creídas, y aunque nos creyeran, estos hechos están tan normalizados que el abusador se iría de rositas mientras que la denunciante tendría que sufrir todo tipo de escrutinio y escarnio público, como hemos estado viendo hasta hace no muchos meses, en cada proceso por este tipo de delitos, léase, la chica de la manada de Pamplona, la de la manada de la Arandina, la camarera de hotel que denunció al superpoderoso Dominique Strauss-Kahn,...

Hemos tenido un adelanto de próximas temporadas, como por ejemplo “el extraño caso de Plácido Domingo”, o de cómo pasar de ser “un señor”, “siempre ha sido un caballero” incapaz de tales cosas, a reconocer él mismo “la responsabilidad por el daño causado”.

Y esto no va a acabar aquí, señoras y señores, ya hemos visto caer a muchos de nuestros ídolos: Bill Cosby, Roman Polanski, Woody Allen,... y los que quedan, porque la mayoría de las mujeres que hemos estado saliendo con el #MeToo estos años, no vamos a denunciar nada por múltiples razones; pero es que somos muchos millones de mujeres, y a todas nos ha pasado algo, así que entre tantos millones, alguna denuncia más caerá.

 

Y no, no es que yo me alegre de que a estos señores les castiguen como se merecen, yo lo que quiero es que todos los jefes, jefecillos, cargos intermedios y otros señoros que se creían con derecho a todo, sepan que NO, que no tienen ningún derecho sobre el cuerpo de ninguna mujer, sobre NINGUNA: ni sobre sus empleadas, ni sobre sus vecinas, ni sobre desconocidas, ni mucho menos sobre sus hijas. 

Ni siquiera sobre su propia esposa si ella no le ha dado ese “derecho”.    NO

 

 

 

LO OTRO ES VIOLACIÓN