Jueves, 2 de abril de 2020

¿Hacia dónde?

¿Señor Manuel?

Dime rey.

Un gran Informe alerta de que la Tierra se enfrenta a un grave deterioro que podría cambiar la vida en el Planeta…

Ya estamos; pues si no había bastante con el-Coronavirus-, y demás tragedias vienes tú a amargar la mañana. Y me veo obligado a preguntarte pues has tenido una vida activa en busca de historias humanas y también has entrevistado a muchos personajes singulares ¿Es que todos ellos no tenían anécdotas y vivencias alegres y festivas?  Y que nos sirvan para darnos un merecido “tiempo muerto” para poder alejarnos de estas otras en que estamos inmersos. ¿Por fa…?

Además he leído otra vez, lo que en su día publicara sobre ti-Armando Moralejo-(en la foto, centro), nuestro buen amigo el poeta de Cantalpino. Algo que también pudimos oír en su propia voz de buen rapsoda; aquí en el escenario de él pueblo engalanado en aquella-Gala de Televisión- que celebramos hace ya unos años. (Ver foto). Donde también estuvo actuando el –Gran DANNY- y de-Presentadora- Eva López. ¡Qué recuerdos más gratos!

No lo he olvidado señor Manuel; tampoco  todo el agradecimiento que aún conservo de estos amigos que me ha citado. ¡GENTE MAJA! Ni tampoco el titular de aquella-Alabanza-, de Armando-. ONCE  AÑOS.

“Once años hollando cada día, los pagos de esta tierra castellana, y contando tus andanzas, vivencias y alegrías con palabra festiva, franca y llana.

Once años de historias chispeantes, de anécdotas humanas y sencillas que en la –Tele, la Prensa o la Radio-desgranaste con gracia y humor. ¡Qué maravilla!

Una vida cultivando en el fondo de tu pecho la amistad de la gente de esta tierra, que hoy en tú honor aplaude y clama con la noble sencillez que su alma encierra.

Y yo con mis humildes pobres versos quiero decirte que siempre te he admirado siendo para mi gozo y orgullo tenerte como amigo y haberte leído y escuchado”.

Hoy, soy yo el que me emociono escuchando la declamación que usted ha hecho de aquella alabanza; con énfasis, vigor, vehemencia y sentimiento señor Manuel. Puedo asegurarle que me ha dejado “pasmado” y a punto de llorar.

Pues no llores; si tú lo haces lo haré yo también. Será mejor, que como bien dice –Armando—“Cuentes tus andanzas y vivencias con palabras festivas, francas y llanas… con gracia y humor”. ¡Qué maravilla!

Señor Manuel.

Dime rey.

Co… ¡Qué ha pasado un ángel! Pero hoy le prometo, que le contaré pronto y no precisamente de tragedias algo que será de amigos, que pasaron “por aquí” y dejaron su impronta y nos contaron anécdotas y vivencias. Pero será para un próximo día, se lo asevero.

Y sé que usted lo comprenderá en cuanto le diga que: “Esta charla de hoy en la-Parcela-, y  ante un excelente vermú con anchoas del Cantábrico y queso de Hinojosa; se la vamos a dedicar  a-Juan Francisco Campo-sacerdote y amigo; que murió hace unos días. El también era escritor  y maestro de la síntesis, eliminación de lo accesorio y donde no cabía la divagación. Siempre supo recoger con maestría periodística, lo que vio o le contaron”. Descanse en paz.

¡Pues brindemos!

Quiero también dedicarle a-Juan Campo-, un pequeño cuento surgido de mí imaginación y estoy seguro que cuando él lo lea… este donde esté, me comprenderá.

“Cuando yo regresaba de la-Parcela-hacia Salamanca me (pareció ver), que un gran coche “haiga” descapotable americano de colores brillantes y alerones de avión, atravesaba a toda velocidad la-Rotonda de Riolobos- en dirección de Peñaranda de Bracamonte. Lo conducía con maestría-Francisco Umbral-y de copiloto iba-Fernando Fernán Gómez-. Umbral (dominador de la palabra escrita) con bufanda desplegada al viento… Fernán Gómez (dueño de la intriga), con barba y pelo alborotado. En los amplios asientos posteriores del “haiga” iba ya, Juan Campo, un sacerdote de (escritura de síntesis donde no cabía la divagación). A su lado otra figura difusa, que no pude distinguir Y que lo mismo podía ser, tal como era, mi primo-Deme-, entrañable, silencioso, humilde… o también podían ser; todas las personas queridas que se me han muerto ya en este camino de la vida. Todos… todos ya murieron. A mí sinceramente  me alegró mucho el poder ver en aquel “haiga” descomunal, a; Juan, Deme, Armando y a todos los demás en tan gran compañía y a toda velocidad… ¿Hacia dónde irían señor Manuel?

Señor Manuel. ¿Hacia dónde? Pues eso.