La mesa plegable 

Cuando creíamos haber llegado al súmmum de la sorpresa, Pedro Sánchez se ha superado a sí mismo. Para llegar a la Moncloa ya debió prometer a varios colectivos una serie de prebendas a sabiendas de la ilegalidad de su concesión. En esta operación de marketing político se han encontrado el hambre y las ganas de comer. Por un lado, Pedro Sánchez fía su éxito en la creencia de que, el hecho de estar fuera de sus facultades, será la coartada que le exima del incumplimiento de la promesa. Del otro lado, los que le han prestado su apoyo tienen muy claro que Sánchez no tendrá más remedio que acceder a sus peticiones si quiere continuar en el cargo. Ninguna de las dos partes acaba de caerse de un guindo y la marcha de los acontecimientos está proporcionándonos una cruda realidad: Pedro Sánchez variará su plan y sus interlocutores habrán conseguido lo que siempre han buscado. Mientras tanto, el resto de españoles volveremos a rasgarnos las vestiduras protestando de manera airada, pero muy poco eficaz.

            Llevo mucho tiempo asegurando que Pedro Sánchez no es socialista, y estoy convencido de que muchos de los españoles que le votan -no todos- pensarán que estoy muy equivocado. ¡Ojalá tuvieran razón! Pero no. Ningún partido político que tenga a un dirigente como él podrá sentirse seguro. Quien es capaz de mentir con tanto descaro y, a la vez, estar dispuesto a incumplir la legalidad a base de maquillar arteramente las leyes, tarde o temprano será engullido por esa misma ley -o por los que ahora le vitorean.

            Una vez conseguida la llave de La Moncloa, era necesario echar a andar. Los que le habían abierto esa puerta no parecían estar muy dispuestos a concederle los clásicos cien días de gracia. Comenzaban a impacientarse con comentarios soterrados -y algunos muy nítidos. Con una serie de medidas cara a la galería, se quiso contentar a propios y extraños: Valle de los Caídos, Memoria Histórica, “palos” a la Iglesia, más impuestos a los ricos y más dinero para los demás. Puro teatro. La madre del cordero – presupuestos, paro, déficit, fracaso en el sistema educativo, desafío nacionalista, etc.- eso puede esperar.

            Cataluña sigue siendo una olla a presión cuya válvula no sabemos cuándo podrá estallar. Mientras los catalanes deshojan la margarita de sus elecciones, vascos y gallegos anuncian las suyas para ya mismo. “¡Menos mal! -exclama Sánchez- Me dejarán respirar una temporada. Vascos y gallegos ya tienen entretenimiento con la campaña electoral, y a los catalanes los diré que esa mesa con la que me están dando dolor de cabeza la dejamos para cuando ya tengan su nuevo gobierno”.

            ¡Ya, ya! El padre de la criatura, enterado de las intenciones de Sánchez, desde el despacho que tiene montado en Lledoners, ordena a Miguel Strogoff que acuda inmediatamente (sic) a La Moncloa. Resultado: “Donde dije digo, digo… mesa. Dile a tu jefe que no se enfade, que vuestro problema es sólo político y tendréis una solución política. Yo no soy como esa derecha amiga de leyes represivas. Hablando se entiende la gente. Ahora bien, para curarme en salud -y como ya os conozco- yo necesito que la mesa sea plegable”.

            Pues nada. Dicho y hecho. Ahí tenemos la mesa. ¡Y vaya si es plegable! De entrada, Sánchez ha ordenado que se monte en La Moncloa y ya se ha plegado a sentar en ella a condenados, inhabilitados, incursos en procedimientos e independentistas irredentos; frente a compañeros de gobierno y de partido -muchos de ellos confesos partidarios de la autodeterminación y la amnistía- dispuestos a plegarse a cuantas peticiones hagan los de enfrente, bajo la clara amenaza de que, si osan contrariar a la parte reclamante, verán peligrar su asiento. Si será efectiva esta mesa plegable que hasta Pablo Iglesias se ha plegado a las circunstancias. ¡Quién te ha visto y quién te ve, Pablo! Un marxista furibundo antimonárquico, de ministro de jornada. Esta mesa hace milagros.

            No dispongo de la cinta grabada con lo que se ha comentado en esa mesa. Tampoco la necesito. Me basta con saber la forma con que han sido recibido los que tienen agarrado a Sánchez por sus partes blandas -sólo ha faltado el arma presentada y la Marcha de Infantes. Lo que sí he leído es que los presos NUNCA serán amnistiados,… pero ya mismo saldrán a la calle, y que los huidos están preparando las maletas para volver como héroes. Alguna ministra ya se ha encargado de calmar a los inquietos asegurando que el gobierno estudia fórmulas que enmascaren todo que pueda parecer una ilegalidad. La mesa queda preparada para la próxima sesión. Lo dicho, si Dios y los españoles no lo remediamos, tenemos mesa para rato.