Domingo, 29 de marzo de 2020

¿Por qué creo en Circe?

     Hace poco volví a Londres. Creo que lo principal que quería ver en la Tate Gallery era la “Circe” de George Romney.  Es el retrato que hizo George Romney a finales del siglo XVIII   de lady Hamilton, la amada del almirante Nelson. También la amó Goethe en las fiestas de Nápoles. Deslumbraba a todos con su personalidad y sus disfraces.  Romney la pintó  disfrazada de Circe.   Circe es la maga que retiene a Ulises en su camino a Ítaca. Es la que impide el regreso al hogar, el cumplimiento del deber. Ella pone la pasión antes que el deber. Le proporciona al héroe unas experiencias increíbles y convierte a sus compañeros en cerdos.

     Romney puso en ella la fuerte personalidad, el salirse de la compostura, la sensualidad impetuosa. Tiene el pelo casi suelto en ondas grandiosas, no cautivo en un peinado. Los ojos grandes y negros están llenos de misterios y de propósitos que no se sospechan. La boca grande y entreabierta, llena de sensualidad e invitación, casi besa al que la mira. La tez es pálida pero las mejillas están sonrosadas por el fuego y la fiebre.

    Lo curioso es que Romney está considerado un pintor neoclásico. Quien hace caso a los críticos con sus calificaciones despistadas. También dicen que es clásico Andrea del Sarto con sus rostros morbosos e inquietos. También llaman impresionista a van Gogh que es rabiosamente expresionista. Quién se fía de lo académico.

    Romney sueña unos momentos de libertad con ella, conocerla apasionadamente, asomarse a su misterio. Tal vez viajar con ella en una cama.  Quién no se desharía en besos con una mujer que se desborda con esa boca. Quién no se acercaría a esos ojos que se salen de la Historia y las declaraciones sociales. Quién no se olvidaría de Itaca. Quién no soltaría todo ante  ese pelo que se suelta. Creo en Circe, creo en la noche.

ANTONIO COSTA GÓMEZ , ESCRITOR   / George Romney : Circe