Domingo, 29 de marzo de 2020

Diario de una pandemia (2)

DOMINGO 15

He empezado el día participando en la Misa del tercer domingo de Cuaresma a través de la COPE. También puse la televisada por La Dos: emocionaba ver al cardenal-arzobispo de Madrid presidiendo en la capilla prácticamente vacía de un colegio de las Salesianas, un cole como el de mi hijo y un templo que estaría lleno de niños y familias si esto no hubiera ocurrido. Las lecturas de este domingo de la Samaritana parecían escogidas para la ocasión: ¿acaso podemos dudar de que, también ahora, el Señor está con nosotros? Él nos sostiene en esta prueba.

Junto a esa emoción al ver un altar sin su comunidad, en la que cada miembro, prudentemente, se habrá puesto a orar en la intimidad de su habitación, anoto la provocada por los aplausos de anoche, un aplauso a los sanitarios desde balcones y ventanas, que extiendo a los compañeros de la seguridad, tanto policías como guardias civiles y privados, del Ejército, de los bomberos, y a tantos otros, productores, distribuidores y vendedores, que garantizarán lo más básico en estas semanas tan complicadas para España.

También me han emocionado los compañeros de la Facultad, dispersos por hospitales y centros de salud de todo el país y algunos en el extranjero, que intercambiamos información útil, nos desahogamos oportunamente y nos damos ánimos unos a otros en este trance cuya magnitud no alcanzo a calibrar todavía. El final de esta epidemia merecerá una cena de La Clase como en los viejos tiempos.

Lo mínimo que podía hacer es ofrecerme a resolver dudas médicas a distancia, lo que he comunicado por medio de Facebook. Los números de atención telefónica están saturados y es un servicio asequible que aligerará inquietudes. Toda ayuda es poca. Otros compañeros también colaboran en esta tarea.

Mañana volveré al centro de salud. Espero no asustar con mi carraspeo, porque para mí que se debe a los excesos del miércoles pasado cantando goles del Atlético de Madrid en Anfield. Y no, no debieron viajar los aficionados desde España. Quizá ni abrirse el estadio. Ni jugarse ese partido ni ninguno. La salud es lo primero, casi todo lo demás puede esperar o suspenderse, y en estos días, por fin, casi todos nos estamos dando cuenta, con unas cuantas deshonrosas excepciones que cada vez serán menos.

 

LUNES 16

La nieve no se ha querido perder el estreno de este plan de contingencia de Sacyl ante la emergencia sanitaria. Suerte de que la carretera soportara bien los copos y haya sido algo pasajero. Lo que tenemos entre manos durará mucho más, tanto como la suma de los sucesivos y superpuestos catarros de siete días que iremos pasando millones de españoles con síntomas más floridos o más discretos. Porque, seamos honestos, la cifra de casos, sean confirmados mediante la prueba o estimados por la sospecha en las zonas de transmisión comunitaria (que no tengo claro si ya se están sumando o no), es muy inferior a la real de personas infectadas. Igualmente, habrá personas asintomáticas, muchísimas, que si fueran sometidas a la prueba darían positivo. Pruebas que se usan, por ejemplo, para políticos asintomáticos, por mucho que sean contacto estrecho de un positivo, o para recuperadores que acceden a los domicilios de jugadores de fútbol lesionados, no sea que se resientan y no lleguen a tiempo para esos partidos que Tebas anhela disputar cuanto antes.

En el centro de salud nos estamos adaptando al plan de contingencia. Reestructuración de zonas, control de acceso, reparto de funciones, mucha resolución telefónica de consultas y de tareas administrativas… Circulamos con una mascarilla, y nos tememos que sea “la” mascarilla, bien preciado donde los haya. Ojalá lleguen pronto nuevas remesas. En la Atención Primaria seguramente no vamos a lidiar con ese estrés del Hospital, decidiendo entre pacientes candidatos a Cuidados Intensivos, pero sí nos vamos a enfrentar a dilemas éticos, como ya nos ocurre en nuestro quehacer cotidiano. Habrá ancianos con infecciones respiratorias en los que nos plantearemos derivación o no a un centro hospitalario saturado, y tendremos que analizar bien los recursos disponibles si llegamos a una situación crítica para no desembocar en un colapso total. Por eso es tan importante frenar la extensión.

La que no imaginaba tan extendida era mi oferta de resolver dudas vía Messenger, y cuando esto escribo ya ha sido compartida por mil quinientas treinta y una personas. He intentado ayudar a una veintena de momento, y otros compañeros se han sumado a esta forma de colaborar. Lo de aconsejar sin ver ni tocar tiene sus riesgos, pero a estas alturas de la epidemia mejor esto que nada. El sábado más.