Los inventores de historia

En muchas ocasiones hemos oído hablar de mujeres y hombres “que cambiaron la historia”. Ya sé que es una forma de hablar y que  no hay que interpretarla al pie de la letra, al menos eso es lo que a mí me parece, porque, tal y como yo lo veo, la historia no la cambia nadie, en todo caso la hacemos, que no es poco, pero la historia es la que es y no hay otra, por lo tanto es imposible cambiarla.

Pero no es de esas personas de las que quería hablar, sino de aquellas que, al no parecerles bien la historia que fue, pretenden cambiarla. Es decir de aquellos que pretenden descubrir y contarnos una historia que nunca existió, por el mero hecho de que la que realmente fue, no les gusta. Y no es que traten de ocultarnos algunas partes o resaltar otras, no, es que se la inventan de cabo a rabo, sin más, y además de inventarla, la escriben, la propagan por medio de conferencias, películas y cuantos medios encuentran a su alcance. Todos sabemos que si una historia se repite  una y otra vez, y no digamos si se hace a través de las redes sociales, llega un momento en que se instala de tal manera en nuestra sociedad que nadie duda de la veracidad de esa historia. Tanto es así que ni siquiera se permite el simple hecho de discrepar, ¡cómo vamos a discrepar de lo evidente!

A veces pienso si no habrá un grupo de personas “inventores de historia” que se dediquen profesionalmente a esta actividad, por supuesto bien pagados y dirigidos desde altas instancias. Esos dirigentes no son gente perversa e interesada, no, son personas que velan por nuestra salud mental y social, personas cuyo interés no es otro que el proporcionarnos una sociedad correcta, acorde a nuestras necesidades y nos reinstalan en nuestra memoria una historia que nos hace sentirnos orgullosos de los nuestros y de nosotros mismos. Los nuestros, que por el mero hecho de ser los nuestros, fueron todos unos santos, héroes, amantes de las libertades y los más demócratas que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.  

Esto de que nos inventen la historia y la hagan coincidir con nuestros intereses, tal vez no sea tan malo, al fin y al cabo si eso hace feliz a un buen sector de la sociedad, pues bienvenida sea. Lo importante, en estos tiempos, no es la verdad, sino el que la verdad se acomode a nuestras necesidades. Máxime teniendo en cuenta lo necios que somos y nuestra menguada capacidad para entender la historia tal y como sucedió.

Dentro de treinta o cuarenta años, cuando las circunstancias sociales hayan cambiado, los profesionales de esa época, se inventarán otra historia, darán las vueltas que haga falta a todo esto que se están inventando ahora; lo blanco será negro, lo negro será blanco y todos tan felices y contentos.

Tal vez, en alguna ocasión, después de darle tantas y tantas vueltas, después de tanto cambiarla, llegue un momento en que la harán coincidir con la historia que realmente ocurrió, pero eso nunca lo sabremos.