Martes, 25 de febrero de 2020

Sensibilidades.

Parece evidente que el autobús no “entra” en el andén diseñado para él.

Desde antes de la últimas elecciones municipales existe una Comisión municipal trabajando en la remodelación del servicio de Transporte Público. Aprovechando la disculpa del nuevo hospital crean un nuevo acceso viario paralelo al rio, no tan determinante como se pinta, y a su vez lo utilizan para repensar el sistema. Está bien ese afán en mejorar un servicio público tan decisivo. Supongo parten de un análisis profundo de la situación actual, y no simplemente movidos por la justificación de esa nueva avenida paralela al rio. Que se lleva por delante parte del parque no hace tantos años creado allí por el mismo Ayuntamiento.

El autobús de la izquierda está esperando para girar a su izquierda.

A pesar de la comisión existente, donde echo en falta algún colectivo ciudadano y de otro tipo, nada impedía crear algún sistema a través del cual la ciudadanía sin más pudiera haber hecho llegar problemas, propuesta y sugerencias. Supongo habrá tiempo para ello visto que el hospital no parece sea cosa de este año tampoco.

Esa cola para subir a un autobús metropolitano parece plantear algún problema al tráfico peatonal en un punto bastante sensible.

Entre las propuesta realizadas por colectivos participantes me ha llamado la atención la terquedad, y como problema, en impedir la parada del autobús en el carril de circulación. Aunque no sé si se refieren a los numerosos casos en los que estrechos andenes dejan “medio” vehículo fuera. Parar en el carril de circulación al dejar o recoger viajeros es perfectamente posible, además de deseable, y más rápido, seguro y cómodo para los usuarios. En caso de algún problema puntual nada impide reforzar con señalización adicional la seguridad vial.

Esto parece una contradicción, y hay unas cuantas en Salamanca. 

Es conocida mi insistencia desde hace tiempo sobre este tema, cambiar las prioridades en la calzada, además de en la ciudad, cuando se afronta la movilidad. No pueden alardear de apuesta por la movilidad sostenible, y cuando actúan demasiadas veces terminan protegiendo al coche. Y molestando sin complejos a los demás modos, sea el mayoritario peatonal, o el que dicen impulsar y cuesta mucho dinero público como el autobús urbano, o a la supuesta alternativa llamada bici. Por no hablar del limbo en el que dejan otros vehículos de transporte personal.

La fila de coches más a la derecha está esperando para entrar en el aparcamiento, interrumpiendo un carril de circulación. ​

Las presentan como paradas obstaculizadoras de carriles. Por lo visto es más importante la circulación sin ningún tipo de restricción y con toda comodidad de vehículos ocupados por 1’2 personas (media española), que aquellos con capacidad de hasta 90 y con mayores dificultades de maniobrabilidad. Y encima proponen reubicar las paradas en vez de “reubicar” la circulación de los que realmente molestan y entorpecen. Por supuesto el riesgo lo generan otros, nunca los coches y su mal uso.

Fila de coches un sábado esperando para entrar al aparcamiento de Santa Eulalia.

No sé si quienes insisten en esto tienen la misma sensibilidad de molestia  y peligro sobre los aparcamientos eternos en doble fila, como en colegios de calles “menores” llamadas Paseo Canalejas o avenida de los Reyes de España, por ejemplo. Ni de los grandes autobuses de turistas, parados en la mitad de la Gran Vía cuando realizan un giro peligroso a la izquierda. Desde luego la peatonal Plaza de Santa Eulalia, invadida por una larga fila de coches esperando entrar en un aparcamiento tampoco les debe parece peligrosa. O el tapón en aceras estrechadas por terrazas, incluso molestando alguna parada de bus. O las colas diarias para esperar algún autobús metropolitano a la entrada del edifico de Servicios Sociales, dificultando al resto de tráfico peatonal.

Aparcamiento de carga y descarga que dura casi todo el día en la Calle de Quintana.

La hora de maquillar actuaciones se acaba. Cada vez es más inevitable tomar nuevas decisiones decisivas para cambiar la movilidad de la ciudad, todavía dominada por el minoritario modo del vehículo privado. Visto que el transporte público no parece destinado a ganar espacio en la calzada con la remodelación, ¿qué excusa pondrán para posponer al infinito la conversión de la Gran Vía en espacio prioritario del transporte público local y metropolitano? Por cierto, los atropellos continúan.

La excesiva calzada frente a estrechas aceras en la Calle de Fray Luis de Granada siguen sin afectar a la sensibilidad de nadie. ​