Miércoles, 19 de febrero de 2020

Tractorada 2

     Ecologistas a la fuerza: parece ser que el transporte de la energía eléctrica tiene sus dificultades por las pérdidas, pero eso no es óbice a que se hayan trazado líneas de alta tensión de 487 km desde la presa de Aldeadávila hasta Bilbao…o algo menos, porque van campo a través. Supongo que la construcción de las grandes presas hidroeléctricas en Salamanca no se daría por azar. La duda que tengo es: ¿se construyeron aquí porque ya se sabía que las comarcas de Vitigudino, Arribes y Ledesma iban a desertizarse –tienen menos de 2,6 habitantes por kilómetro cuadrado- o se hizo lo posible por desertizarlas para disminuir o anular las protestas de los vecinos? Un joven autoestopista vasco que recogí en mi “cirila” hace muchos años se oponía radicalmente a que se terminara la central nuclear de Lemoniz porque la energía nuclear es peligrosa y porque al País Vasco no le hacía falta más energía eléctrica. ¡Que se la lleven a España!, decía. Y “de España” les llegaba y les llega la energía eléctrica, desde luego. Pero la consecuencia es que

     Salamanca –y toda la “raya” con Portugal, a ambos lados, se convirtió en reserva natural de Europa. Creo que esa fue una de las razones más fuertes y menos publicitadas de la facilidad con que entramos en la Unión Europea, una vez conseguido el mínimo democrático: que Europa podía seguir manteniendo el imaginario romántico de la España agreste y montaraz, poblada de cabras, linces, avutardas, osos pardos, buitres leonados y negros, águilas reales e imperiales y unos animalitos muy curiosos, fruto del darwinismo casero de nuestros ganaderos, el toro de lidia. Los europeos debieron pensar: nos viene bien en la Unión un país tan exótico y tan lleno de patrimonio artístico. La misma democracia de la Unión –y del Reino de España, por consiguiente- era por entonces más romántica que ahora, que es más positivista y, como los castellanos y leoneses hemos devenido en minoría, pues nos tenemos que equiparar al desierto de Almería y conformarnos con poder rodar “El doctor Zhivago” en los desérticos campos de Soria o serios documentales ecologetas de La 2 en cualquier dehesa, monte o río, que los tenemos a cientos y es fácil “tapar” en la imagen de la peli los “molinos”, que espantarían al mismísimo Alonso Quijano, el bueno.

     Mis sobrinos nietos de California visitan a menudo granjas y huertas ecológicas. Aunque sus padres tienen allí una buena posición, no me los imagino yo como terratenientes, sino que son urbanitas a la americana viviendo en plena Naturaleza, rodeados de sequoias. Me temo que muchos niños españoles ya no disfrutan del “pueblo de la abuela” para conocer el campo y los animales y una sociedad pequeña, de tamaño humano, donde todos tienen nombre. Tal vez la agricultura y la ganadería ecológicas, complementadas con una pequeña aula didáctica y una casa rural a pie de granja y huerta, podría ser una buena alternativa para que los niños urbanos “huelan” la Naturaleza y el campo, porque ni las flores ni los animales de los documentales de La 2 huelen a nada más que a Coltan y a polvo electrónico recalentados. Y ya se sabe que el olfato es el más primitivo de los sentidos y hay que educarlo, cultivarlo y no maltratarlo.

     La España vaciada dejará de vaciarse y podrá, poco a poco, repoblarse si nuestros gobernantes hacen lo que los del pasado: planes ingeniosos de repoblación. Y así, Salamanca fue repoblada por gascones, narros, francos, toreses, gallegos, galleguillos… Algo les ofrecerían para hacer el hatillo y venirse. ¿Qué deberían ofrecerles ahora? Una posible pista: cuando compro un tomate en el súper ¿qué tanto por ciento de la factura son impuestos? No vaya a ser que las verduras tengan tanta carga fiscal como la gasolina o la electricidad. Otra posible es el Comercio Justo, con intermediarios de proximidad que aminoren la cascada acumulativa de impuestos. Otra: le daré a Vd. (compañía multinacional todopoderosa de comunicaciones) la licencia para esta red de repetidores de 5G si me asegura que el 4G llega a Matalpuerco del Tejar (no lo busquen, los ejemplos se ponen para ser fácilmente rechazados y así justificar el dolce far niente de los todopoderosos).

     Mientras tanto, debo decir, alabar, envidiar y agradecer a muchos profesionales que no se han ido del campo o que han vuelto a él: agricultores, ganaderos, mecánicos, albañiles, sacerdotes, médicos, maestros, biólogos, ingenieros, guardias civiles, veterinarios, dueños de casas rurales... Tampoco estaría mal un plus de ruralidad, ecología y desvaciamiento en la nómina de funcionarios y profesionales, porque el romanticismo social y ecológico es muy poderoso, pero lo es más con la ayuda del bolsillo. Y esto vale tanto para los Gobiernos nacional, autonómico y local, como para las empresas, cuya capacidad de creatividad, cambio y gestión están más que probadas. Si quieren, pueden revertir el vaciamiento y hacerlo rentable. Es su reto y también su responsabilidad.

     (Sugerencia: teclea “granja escuela” en imágenes de Google y verás…)