Jueves, 9 de abril de 2020

El necesario regreso al diálogo político

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Por fin parece que aquélla etapa negra de la historia reciente de España (la dirigida por los gobiernos de M. Rajoy) que consideró que la política era propiedad del PP, está llegando a su fin. La soberbia, la tiranía y la parcialidad con la que el gobierno central había tratado el tema catalán fueron ingratas y hostiles para el conjunto de los españoles y cuyas consecuencias negativas no supieron medir adecuadamente.

Salir a la calle en la segunda mitad de la primera década de este siglo recabando firmas contra el Estatuto catalán aprobado en 2005 e interponer el recurso contra el mismo ante el TC, fue un error político sin precedentes que ha puesto en riesgo los jirones de nuestra convivencia. Se dio la paradoja que el PP (entonces en la oposición) recurrió hasta 30 artículos del Estatuto catalán que eran idénticos a otros que sí apoyó en su día en el Estatuto de la comunidad andaluza. Lo mismo ocurrió con varios preceptos de los Estatutos de Valencia y de Baleares. El PP no sólo no recurrió los de éstas autonomías, sino que los apoyó sin fisuras en la tramitación y aprobación de los mismos.

Pero esta ignominia de la derecha no fue una actuación aislada, sino que a los voceros del partido conservador se unieron los de la derecha mediática. Los periodistas de la caverna día sí y día también sembraban el enfrentamiento y la discordia entre ciudadanos españoles (los catalanes y no catalanes que vivían en esa comunidad y los del resto del Estado). Es más, incitaban a la población a boicotear los productos catalanes, su cultura, tradición e idiosincrasia.

Y, desde luego, el momento culminante sobre el que se edificó el proyecto catalán que conduciría al desastre total de la convocatoria del referéndum para el 1 de octubre de 2017 fue, sin duda, el portazo que M. Rajoy dio a Artur Más (entonces presidente de la Generalitat) en 2012, no accediendo a negociar otros pactos fiscales para Cataluña diferentes a los existentes. Si el entonces presidente del gobierno hubiera tenido cintura política se hubiera constituido una o varias mesas para tratar la fiscalidad de las Comunidades Autónomas, negociando siempre, dialogando siempre, que es, en esencia, el centro de gravedad de la política en un régimen democrático.

Esta inflexible postura del gobierno del PP provocó que el independentismo catalán -que estaba entorno al 12 o 15 % de la población- creciese hasta cerca del 50 % en algunos momentos. Al igual que la legendaria película de Ingmar Bergman “el huevo de la serpiente” , de 1977 -que muestra los males que engendraron a Hitler en los años 20 en Alemania-, de aquéllos polvos protagonizados por M. Rajoy y Artur Más, vinieron los lodos de un independentismo que hasta entonces era completamente residual. Aquello generó desencanto, enfrentamiento, catalanofobia y líderes mesiánicos (Rajoy y Más), que prometían la salvación a un lado y a otro del escenario español.

Por todo ello, que se hayan reunido Sánchez y Torra no es una mala noticia, sino todo lo contrario. Cierto es que la aritmética parlamentaria hace extraños compañeros de viaje y, quizá, si el resultado electoral del 10 de noviembre hubiera sido otro, no se hubiera enmarcado la negociación del problema catalán como absolutamente prioritario. Aunque, tal vez, hacer de la necesidad virtud, no es tan negativo, sobre todo cuando lo más importante en política es dialogar, pactar y negociar sin que ello suponga una “bajada de pantalones” por ninguna de las partes.

Cierto es que una hipotética independencia de Cataluña en el momento actual, no es más que una ensoñación de los políticos y los ciudadanos que la apoyan y una hipótesis absurda en un mundo globalizado y en la Europa sin fronteras que hemos construido entre todos desde hace ya muchos años. Desde el punto de vista de la “neurociencia” y para que quede más claro, una propuesta de independencia de Cataluña es más una decisión de la “zona límbica cerebral”, aquélla de donde surgen las emociones de ira, rabia, miedo, felicidad, los instintos y los impulsos, que del lóbulo frontal, donde parten las decisiones voluntarias y conscientes, donde reside el control conductual y la razón.

Es conveniente que haya un “deshielo” en las relaciones entre gobierno central y Generalitat, dejar que los golpes emocionales reposen y el diálogo y la negociación den paso a decisiones razonables y sensatas. Para ello, y lejos de lo que piensan los políticos ultraconservadores (de PP, Ciudadanos y Vox, situados en el centro del enfrentamiento y la discordia), el encuentro entre Sánchez y Torra (con propuestas serias y razonables como las realizadas por el gobierno central), ha sido absolutamente necesario. Espero que sea el principio del fin del desencuentro entre los políticos y los ciudadanos catalanes y que viven en Cataluña y los del resto del Estado.