Miércoles, 19 de febrero de 2020

Una unidad móvil para canalizar el dolor allí donde se necesita

El Centro de Escucha San Camilo dispone de un innovador servicio para ayudar a las personas en el momento más terrible de sus vidas

Imagen de la Unidad móvil desplazada a una localidad española | Foto: Centro de Humanización de la Salud

El 21 de julio de 2019 quedará marcado para siempre en la historia de Alba de Tormes. Aquel día de verano, cuatro jóvenes de la villa se dejaron la vida en la carretera de Galisancho. La luz del aquel sol veraniego se apagó también para muchas de las personas que los conocían, obligados a afrontar una situación terrible que los sumió de forma inesperada en un largo proceso de duelo. Poco después apareció Valentín en su caravana.

No se trata de un viaje de placer ni de un medio de transporte como los demás.  Es la unidad móvil de Intervención en Crisis y en Duelo, un servicio del Centro de Escucha San Camilo, integrado en el Centro de Humanización de la Salud de los religiosos Camilos, que acude allí donde detecta una necesidad. Ofrece escucha activa y atención especializada en el momento más complicado de las vidas de personas que, literalmente, “se quieren morir”. Ese es el panorama al que hace frente Valentín Rodil, su día a día asomándose al alma de personas vacías debido a procesos traumáticos o violentos. Todos “complejos” y, la mayoría, relacionados con la muerte de alguien cercano.

“Mientras yo esté ahí para no arreglar nada, todo irá bien. No puedes ir pensando en arreglar”, razona Valentín justificando la necesidad de su labor. “Tenemos que saber cuál es nuestro sitio en ese momento en el que la gente no quiere modos, ni maneras, ni razones”, explica para tratar de hacer entender el papel que juega junto a su equipo ayudando a canalizar emociones y reconfortando.

Se me ha roto la vida

Valentín es autor o coautor de varios libros relacionadas con su especialidad como psicólogo. El título del último, Se me ha roto la vida, alude a la que posiblemente sea la frase más escuchada en el interior de la unidad móvil. Seis palabras que resumen la devastación interior que siente una persona a la que se escucha “desde el respeto” y de la que, paradójicamente, se aprende mucho. “Durante el duelo aprendemos mucho los unos de los otros; tú ayudas y, a la vez, te ayudan a ti”, reconoce Rodil, que en su caravana atiende una media de 800 casos anuales en su entorno habitual, la Comunidad de Madrid, además de acudir de forma puntual a lugares que, como en Alba hace seis meses, se les necesita.

El trabajo de esta herramienta de ayuda rodante en situaciones especialmente críticas es capaz de ayudar, por ejemplo, a toda una comunidad educativa que ha sufrido una pérdida traumática a canalizar ese dolor. También orienta a familiares que atraviesan un proceso de duelo a apoyarse unos a otros y ayudar a entender a los que son más vulnerables que la vida continúa. De igual modo, las destrezas de Valentín y los suyos ofrecen a los terapeutas recursos para enfocar mejor este tipo de problemas y afrontarlos como cada momento del proceso requiere.

Lo psicológico parece haber heredado hoy en día ese halo de infalibilidad que se le presuponía antaño al magisterio de la iglesia. “Da la impresión de que los psicólogos han de saber, sin dudar, qué está bien y qué está mal pero en toda la carrera no nos enseñan apenas nada relacionado con el duelo”, reflexiona Valentín Rodil para quien la experiencia diaria forma parte del aprendizaje. Del mismo modo, tomar cierta distancia es otro de esos recursos que no se pueden olvidar jamás “como prevención del agotamiento emocional”. Quienes realizan una tarea como la de la unidad móvil se implican a tope “pero sabiendo que la vida de esa persona es más de lo que tú ves”.