Lunes, 24 de febrero de 2020

Campanarios de Azaba, en Espeja, la primera Reserva Entomológica de España 

La finca situada en Espeja es un ejemplo de biodiversidad gracias a la mínima intervención del hombre

La provincia de Salamanca se convirtió en 2013 en pionera al acoger la primera reserva entomológica de España, situada en la finca mirobrigense de Campanarios de Azaba, y gestionada por la Fundación Naturaleza y Hombre en el marco de un programa europeo de conservación del oeste ibérico. Tras ella, llegaron otras tres, en 2017 y 2018, situadas en Jaén (Cueva Secreta del Sagreo) y Cantabria (Parque Fluvial de la Regata y Cornueva-Rubalcaba).

La Reserva Entomólogica es un espacio de conservación por su especial valor entomológico pero también un lugar de estudio, difusión y desarrollo de programas educativos llevados a cabo por los propietarios y gestores del territorio con la colaboración de la Asociación Española de Entomología si fuese necesario.

Situada en el municipio de Espeja, Campanarios de Azaba tuvo el honor de ser la primera en obtener este reconocimiento “por la iniciativa y el esfuerzo de conservación” de los animales que en la reserva conviven “y de los espacios en los que viven”. La Reserva salmantina es una finca de 600 hectáreas que destaca por la riqueza de especies de artrópodos, también por albergar poblaciones de especies amenazadas de insectos, por los programas de gestión y conservación de sus hábitats desarrollados por la Fundación Naturaleza y Hombre y por el apoyo que esta entidad otorga a los programas difusión y sensibilización ambiental.

Y todo ello es posible al tratarse de un espacio natural no explotado de forma intensiva por lo que la mayoría de animales se desenvuelven allí mediante un manejo de tipo natural. Apenas se produce intervención de la actividad del hombre, que tampoco castiga el terreno con pesticidas, herbicidas o arados, principales enemigos del desarrollo entomológico y la biodiversidad.

En Campanarios de Azaba destaca la presencia de especies de insectos saproxílicos (se alimentan de madera muerta de árboles moribundos o muertos o de hongos de la madera) y coprófagos (se nutren de excrementos). Ambos resultan buenos indicadores del estado de conservación de los hábitats.

Picando en este enlace es posible consultar el listado completo de familias y especies de insectos con presencia en la Reserva.