Viernes, 21 de febrero de 2020

De guerra y paz

La PAZ es vida cotidiana y la mejor inversión de presente y de futuro

Hace mucho, mucho, mucho antes de antes, en un tiempo mucho más pasado que el pasado, existió la necesidad imperiosa, la intemperie, el hambre, el frío, y los humanos cazaban para subsistir, para comer, para abrigarse. Pulían piedras, cuando sólo había piedras, las golpeaban unas contra otras, muy fuerte, mil veces, hasta que tenían forma de punta. Y allí, frente a frente con el animal, se batían, uno contra otro, para conseguir carne que comer y piel para abrigarse y huesos con los que hacer herramientas o adornos y membranas para guardar en ellas todo lo que fuera necesario. Y lo pintaban en los wasap de las cuevas, con sus iconos, para contárnoslo a quienes viniéramos después y mucho más después, en el devenir del tiempo.

Luego, cuando dicen que todo se helaba y no había qué comer, perfeccionaban sus armas, peleaban entre ellos, y saldaban así sus carencias, sus problemas, sus desavenencias. Todavía los llamamos primitivos. Al principio solo luchaban los jefes de la tribu, y los demás, todos, asumían la derrota o la victoria. Primero disputaban por hambre. Luego por espacio, por territorio. Después por cualquier cosa. Con el transcurrir de los tiempos empezaron a guerrear unos contra otros. Tribu contra tribu. Y a ser, las batallas, mucho más cruentas.

La historia se repite. Cada vez con más crudeza, con más crueldad, con más frialdad. Los anales nos hablan de fechas, de lugares, de guerras de cien días, de otras interminables, de otras frías, de cuerpos convertidos en trozos sanguinolentos, de ciudades pulverizadas, de devastación, de espeluznantes cifras, de asolación, de soledad, de hambruna, de tristeza, de penuria, de terror, de flagrante violación de Derechos Humanos, de miseria, de dolor, de desgarradora separación, de abandono, de postergación, de postración, de absoluta pérdida de futuro, de desconsuelo, de desesperanza, de vidas truncadas, de infancia destrozada. Se hace trabajar el ingenio para ver cómo matar mejor, más, más rápido… Para ver cómo se sigue alimentando el enorme “negocio” de las armas. Cada vez, con instrumentos más sofisticados. Ignominia. Humanos cada vez más primitivos por dentro. Sin paz.

Pero la PAZ existe y no se cuenta. Se escribe a lo largo de la historia como un tratado, un acuerdo, un momento, una firma, una foto. No se habla de ese día a día en que se abona y se trabaja desde dentro, se valora, se desea, se cultiva. Se fabrica lentamente, germina, se riega. Se coloca en el lugar más alto, en el espacio que merece. Se disfruta, está siempre presente, protagonista indiscutible de una sociedad que construye.

Vivimos en nuestras casas, que están en pie, con agua y lumbre acogedora, con luz para vernos las caras y oscuridad para velar nuestros sueños. Agua caliente que limpia nuestro cuerpo y abre nuestros poros, los hace receptivos. Sonrisas y buenos días. Cada mañana se abren los centros educativos que ayudan a aprender y crecer, y eso es PAZ. Abren las empresas, los negocios, los lugares donde comprar el pan de cada día, las librerías que nos siembran las cabezas, las tiendas en las que hacerse con víveres o abrigo. Los centros de salud, los hospitales, para curar lo de diario y lo que es tan importante. Las bibliotecas, los espacios de mayores, los centros de día, los parques, los museos, los lugares especializados en este o en otro tema, los centros de investigación, las asociaciones, las comunidades de vecinos, las ONGs, los juzgados… toda la infraestructura social en la que nos basamos, tanto como nos asienta.

PAZ son campos de trigo, puentes de piedra, brazos que abrazan, risas de niños, sofisticados aparatos para mirar las estrellas, fruta en un árbol, escribir una novela, ríos que corren, nidos y cigüeñas, saludos en las calles, música, planes y mañana, avance y buena nueva.

La PAZ es vida cotidiana y la mejor inversión de presente y de futuro. Trabajando el ingenio para mejorar, para el progreso, y no para la destrucción. Por fortuna sigue habiendo surtidores de PAZ, corazones de PAZ, entendida siempre en letras grandes, con mayúsculas, y no como un privilegio, sino como un derecho inalienable, extensible, contagioso, deseable, irrenunciable. Un Derecho Humano, inviolable. Derecho de todos y para todos, sin distinción. PAZ en el mundo. Letanía inolvidable.

 

30 de Enero. Día Escolar de la Paz y la No Violencia, cuyo objetivo es la educación en la tolerancia, la solidaridad, la concordia, el respeto a los Derechos Humanos, la No Violencia y la PAZ.