Lunes, 28 de septiembre de 2020

Reyes Católicos

Cinco años llevaban casados Isabel, infanta de Castilla, y Fernando, príncipe de Aragón, cuando en 1474 falleció Enrique IV. Isabel, sin dudarlo, se hizo coronar reina de Castilla. Fernando lo aceptó tras la firma de la Concordia de Segovia donde establecieron un sistema de gobierno en paridad; “Tanto monta, monta tanto”. La unión de Castilla y Aragón fue dinástica y personal, no territorial, puesto que los dos reinos siguieron manteniendo sus fronteras, sus leyes, sus instituciones de gobierno, sus Cortes, etc. Sólo hubo tres organismos comunes a Castilla y Aragón: el ejército, la diplomacia y el Tribunal del Santo Oficio. Castilla desde el primer momento tuvo el poder hegemónico, contaba con cinco millones de habitantes y Aragón con uno. La coronación de Isabel provocó una guerra civil contra Juana la Beltraneja, hija de Enrique IV y apoyada por parte de la nobleza castellana y por su tío Alfonso V de Portugal, que terminó en 1479 con la firma del tratado de Alcaçovas en el que Isabel y Fernando reconocieron la soberanía de Portugal sobre las islas de Cabo Verde y Azores, y el monopolio portugués sobre las tierras africanas situadas al sur del paralelo que pasa al sur de las islas Canarias. 

En 1479 murió el rey de Aragón y Fernando heredó el trono con los reinos de Aragón, Valencia y Cataluña -sus tres Cortes y sus muchas instituciones- las islas Baleares, Cerdeña, Sicilia y a partir de mil quinientos tres Nápoles. La monarquía en Aragón tenía menos poder que en Castilla porque la nobleza, la Iglesia y la burguesía le habían ido arrancando privilegios a sus reyes, siempre necesitados de dinero para sus campañas en el Mediterráneo, obligándolos a firmar concesiones y a pactar su política.

Para formar el estado moderno que pretendían dejaron a un lado a la nobleza, siempre levantisca, y formaron un ejército financiado con las bulas de cruzada y el aumento de la fiscalidad a las ciudades castellanas. También precisaban de nuevos organismos e instituciones políticas, y así nacieron los consejos constituidos mayoritariamente por letrados plebeyos formados en la dorada Salamanca. Para asentar paces en los campos de Castilla echaron mano de la Santa Hermandad[1], y convirtieron sus cuadrilleros en una policía rural sostenida con dinero de las ciudades, que juzgaba y ejecutaba sobre el terreno a bandidos y salteadores. Más fácil fue terminar con el poder de las Órdenes Militares nombrando a Fernando maestre de todas ellas. Para pacificar las ciudades castellanas enviaron corregidores que ejercían la autoridad, recaudaban impuestos y levas y ordenaban la rapiña de los nobles de segunda fila. Las Cortes perdieron toda influencia.

La unidad territorial de los reinos de la península Ibérica bajo un solo cetro la consiguieron conquistando Granada, con la anexión del reino de Navarra y con una política matrimonial que en el futuro permitiera el hermanamiento con Portugal. La unidad religiosa creerán alcanzarla con el Santo Oficio, la expulsión de los judíos y la transmutación de los mudéjares en moriscos[2]


[1] Agrupación de vecinos de diferentes concejos que se juramentaban para protegerse de los delincuentes y de los abusos de la nobleza.

[2] Antiguos musulmanes hispanos obligados a convertirse al cristianismo.