Jueves, 29 de octubre de 2020

El Pan de la Palabra

Dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable.

Francisco, APERUIT ILLIS, 2.

 

Dios ha siempre hablado a la humanidad, antes y después de la constitución de la Sagrada Escritura. Pero solamente los escritos allí contenidos, y no revelaciones privadas que nada agregan a la fe de la Iglesia y, por el contrario, en ocasiones particulares la distraen, confunden y hasta desvían) son los que nos dan la garantía de la palabra de Dios presente a la humanidad.

E. Arens, La Biblia sin mitos

El 26 de enero, III domingo del Tiempo Ordinario, el Papa Francisco ha instituido el Día de la Palabra de Dios, para redescubrir el valor de la Escritura en la vida cotidiana, colocándola en el centro del compromiso cristiano. El Santo Padre invita a los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, a la celebración, reflexión y divulgación de la Sagrada Escritura en este día, para comprender la riqueza inagotable que proviene de Dios. La Conferencia Episcopal Española ha presentado un subsidio catequético-litúrgico con un resumen de la Carta Apostólica del Papa y de la Ordenación del Leccionario de la Misa, acompañado de algunas sugerencias y orientaciones litúrgicas para mejorar las celebraciones.

Desde finales del siglo XIX hasta hoy, ha habido cambios importantes respecto a la Biblia, que lo podemos caracterizar como la vuelta de la Iglesia católica a la Escritura. La realidad que vivimos ahora de un mayor contacto con la Palabra de Dios, ha sido preparada paulatinamente por diversos documentos del magisterio, principalmente desde el Concilio Vaticano II.  Para un cristiano, la Palabra no es un libro más, es una palabra viva, que nos toca el corazón y nos lleva a empujar y construir el reino de Dios. Comentaba San Agustín que la Sagrada Escritura, no es menos que el Cuerpo de Cristo. La Iglesia siempre ha tenido dos elementos unidos en una sola mesa: "doble mesa de la Sagrada Escritura y de la Eucaristía" (DV 21). Sin Biblia, tendríamos en la Eucaristía una presencia muda; y sin Eucaristía, tendríamos en la Biblia la Palabra de un ausente.

En la celebración litúrgica, la Sagrada Escritura es muy importante, de ella se toman las lecturas que luego se explican en las homilías, los salmos que se cantan, las preces y oraciones de la Eucaristía, nos recordaba Pablo VI en 1963. Dos años después, en 1965, cuando el Concilio Vaticano II se aproximaba a su clausura, se proclamaba la Constitución Dogmática Dei Verbum, cuyo último capítulo está dedicado a la Sagrada Escritura en la Vida de la Iglesia, siendo un elemento esencial en la vida del Pueblo de Dios. Se anima los fieles de la Iglesia lean la Escritura, después de pedir que todos tengan fácil acceso a la Biblia (DV 22) y la lean y estudien asiduamente (DV 25a). Tales palabras recogen la exhortación más solemne y autorizada que la Iglesia haya hecho jamás a sus fieles para inculcarles la lectura de la Biblia.

Ese texto marcó el inicio del Pan de la Palabra en la liturgia, como alimento de vida cristiana y, ha estado animando al estudio, reflexión y la lectura de la Biblia en las parroquias y comunidades, principalmente en la catequesis y la evangelización. Es en la actualidad un pozo espiritual en la oración personal y comunitaria de los creyentes y no menos importante para la vida cotidiana y el compromiso personal. Estos importantes pasos, fueron recogidos en el documento final de la Exhortación Apostólica Verbum Domini (VD) (30 de septiembre de 2010), en el que afirma que la Iglesia se funda sobre la Palabra de Dios, nace y vive de ella. A lo largo de toda su historia, el Pueblo de Dios ha encontrado siempre en ella su fuerza, y la comunidad eclesial crece también hoy en la escucha, en la celebración y en el estudio de la Palabra de Dios. (VD, 3)

El Papa Francisco ha retomado la importancia de la Biblia en la vida de la Iglesia, instaurando el “Domingo de la Palabra de Dios”, que se celebrará por primera vez este domingo, 26 de enero. Un domingo dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Sagrada Escritura, según lo instituyó el Papa Francisco el pasado 30 de septiembre de 2019 (1600 aniversario de la muerte de San Jerónimo), a través de la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio, titulada Aperuit illis (Les abrió el entendimiento). Estableciendo el “inseparable vínculo” entre la Eucaristía y la Sagrada Escritura, invitando a entablar “un constante trato de familiaridad”.

Esta Carta Apostólica, recoge la petición que realizó Francisco al finalizar el Jubileo extraordinario de la misericordia, para que se pensara en «un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo» (Carta ap. Misericordia et misera, 7). Comenta Francisco, que en cada una de las páginas de la Sagrada Escritura está impregnada del amor del Padre que desde la creación ha querido imprimir en el universo los signos de su amor. Por medio de la Sagrada Escritura, que se mantiene viva gracias a la fe de la Iglesia, el Señor continúa hablando a su Esposa y le indica los caminos a seguir, para que el Evangelio de la salvación llegue a todos. Deseo vivamente que la Palabra de Dios se celebre, se conozca y se difunda cada vez más, para que nos ayude a comprender mejor el misterio del amor que brota de esta fuente de misericordia.

Este Domingo de la Palabra de Dios es también, una iniciativa pastoral de Nueva Evangelización, con el fin de reavivar la responsabilidad que los creyentes tienen en el conocimiento de la Sagrada Escritura y en mantenerla viva mediante un trabajo de transmisión y comprensión permanente. Tiene también un importante valor ecuménico, celebrándose al final de la Semana de oración por la Unidad de los Cristianos: Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad. (AI, 3).

Cada Diócesis, cada Unidad Pastoral o comunidad parroquial, tienen preparados una serie de gestos para ensalzar la Palabra. El Papa Francisco hará un gesto simbólico: entregará la Biblia a 40 personas para indicar la atención que estamos llamados a conceder a la Palabra de Dios, para que no quede como un libro en nuestras manos, sino que se convierta más bien en una continua llamada a la oración, a la lectura, la meditación y al estudio.

La Biblia es un instrumento que despierta la fe de los creyentes, quien acude a ella con hambre y sed, sobre todo en la celebración de la Palabra eucarística, descubre como renace su identidad cristiana, misionera y profética. La Palabra de Dios interpela al hombre de todos los tiempos y revela la acción misericordiosa de Dios a lo largo de la historia. Es una Palabra de vida y salvación que se ofrece hoy también para cada uno de nosotros, una palabra que con nuestra escucha activa y colaboración, también se puede cumplir hoy. Escuchar o leer la Palabra de Dios es dejarse transformar por ella, es el Espíritu de Jesús quien nos hace gritar, Abba. De manera que podamos decir con Pablo: "Vivo yo, pero en realidad ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gá 2,20).