Miércoles, 21 de octubre de 2020

Os llamo amigos

“—Sólo se conocen las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!”.

Antoine Saint-Exupéry

 

Vivir sin amigos es como estar en el desierto, pues la amistad multiplica los bienes y reparte los males.

J. L. Vázquez Borau

Nos recordaba Antoine Saint-Exupéry, que los hombres de hoy, ya no sabemos como hacernos amigos y ese es posiblemente uno de los dilemas más desoladores de nuestro tiempo. El hombre es un “nudo de relaciones”, y la clave de este nudo es precisamente esa capacidad humana para la amistad. Esa necesidad de abrirse a la existencia del otro y de establecer un vínculo duradero en el cual no solo me conozca, sino que me descubra a mí mismo y pueda comprender mejor al ser humano. La amistad es un regalo, un don, pero es también el fruto de un esfuerzo. No podemos conformarnos con quedarnos en la epidermis de una amistad efímera, la verdadera amistad exige generosidad, donación y confianza.

Como revela Saint-Exupéry en El principito, “sólo con el corazón se puede ver bien”. En el pensamiento clásico, hubo grandes contribuciones al estudio de la amistad, como quedó reflejado en las obras de Cicerón y de Séneca. Ellos nos han ayudado a captar la profundidad que lo que significa la amistad y su modo de vivirla.

Cicerón escribió en su obra De amicitia que el amigo es “otro yo”, “la mitad de nuestro ser” y, que la verdadera amistad se alcanza mediante el cultivo de la virtud, en especial la fidelidad y la constancia.

Séneca anima a ser útil y servicial con los amigos, siendo la solidaridad una de sus fundamentales virtudes. La obligación del amigo es visitarle y atenderle en su desamparo, en la enfermedad o la soledad. No se olvida de la obligación de ayudar al amigo indigente, de atender al padre anciano, porque el amor y el afecto han de acompañar a la amistad.

La mística de la amistad es un buen camino para la espiritualidad creyente. La experiencia cristiana no es creer en Dios, sino relacionarnos con Dios como amigo. Dios ya no es una idea, o un ser distante, sino que es un amigo que nos llama a la amistad sin límites. Jesús nos reveló que Dios es padre y amigo, y ambos símbolos se completan, pues el padre es significativo si es amigo. La experiencia cristiana de Dios es la experiencia del amor de amistad, en el sentido más fuerte de la palabra. Así, dice a sus discípulos: "Os llamo amigos... Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por el amigo..." (Jn 15,12-16). Para Jesús, el "mayor amor" es el amor de amistad.

Dios, como nos recordaba el primer libro de Samuel, “guarda los pasos de sus amigos” (1Sam 2). Abraham, el padre de los creyentes fue el primer hombre al que Dios llamó amigo; así lo comenta el profeta Isaías: “Y tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi escogido; estirpe de Abraham, mi amigo, a quien escogí de los extremos de la tierra, a quien llamé desde sus confines, diciendo: “Tú eres mi siervo, te he elegido y no te he rechazado”, no temas, porque yo estoy contigo, no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortalezco, te auxilio, te sostengo con mi diestra victoriosa” (Is 41, 8-10). Pero esa amistad también era cercana con Moisés, nos recuerda el libro del Éxodo, que Dios bajaba a la tienda del Encuentro y lo hacía “cara a cara, como habla un hombre con un amigo” (Ex 33, 9-11).

La amistad, debe ser el componente necesario de cualquier forma de amor, es la que expresa mejor la libertad del amor, necesaria para que éste llegue a su madurez. La amistad es la única existencia universal del amor, igual que lo es el amor que Dios ofrece en Jesús. La amistad que practicó Jesús, nos revela el ideal de la amistad humana, como el modo de amar a Dios. El nazareno amó a todos con misericordia y ofreció su amistad a todos. Pero como hombre, estuvo cerca no solo de sus discípulos, como nos comentan los evangelios, sino que estableció una amistad de manera cercana con el apóstol Juan (el discípulo amado), de Lázaro (al que lloró su muerte), de sus hermanas Marta y María, de José de Arimatea, Nicodemo, etc.

Las llamadas de Jesús a la amistad de forma fraterna entre todos, son las llamadas de un amigo cercano. Su mandamiento es que nos amemos unos a otros como él nos ama, que seamos amigos y solidarios, que practiquemos la projimidad unos con otros. La gran novedad de Jesús es que "los otros" ya no son personas indiferentes o distantes. No son personas que se las pueda usar, de las que se deba abusar y tampoco ignorar, explotar u odiar. A causa de la paternidad amistosa de un Dios universal, "los otros" están llamados a ser mis hermanos y hermanas.  La espiritualidad es básicamente crecer en la amistad con Jesús y en la fraternidad con los demás.

La amistad con Dios, a través de Jesús, nos lleva a la misericordia y la solidaridad con todos, sobre todo con los que más sufren. Toda solidaridad cristiana es una síntesis entre la fraternidad y la misericordia, o mejor, la solidaridad permanece habitada por la amistad y por la misericordia. Jesús no es sólo amigo, sino también salvador y liberador, y su amistad es una solidaridad eficaz con respecto a las miserias del amigo, del hermano, del prójimo.

La verdadera amistad con Jesús se expresa con la bondad, la humildad, la mansedumbre, la solidaridad y la misericordia. La enumeración de las bienaventuranzas del evangelio de Mateo, hace de la misericordia y de la justicia el eje fundamental de la amistad con Jesús. Las Bienaventuranzas son la revelación de la cercanía de Dios, que se sitúa bajo el signo de la absoluta gratuidad. Son el camino de la amistad con Jesús, un estilo de vida y un modo de actuar para el cristiano. Los amigos de Jesús no se han de ocultar detrás de una espiritualidad sin compromisos, su conducta deberá estar marcada por una dedicación misericordiosa a las personas, que significa ser sensibles a los sufrimientos de quienes nos rodean, buscar la paz y la justicia, desde la humildad y sin imponer formas de pensar. Seamos fraternos y misericordiosos, sobre todo seamos amigos.