Viernes, 14 de agosto de 2020

¿Noventa?

Sucede que la vida fluye. Ocurre que los días siguen su secuencia. Y que nos vamos haciendo por el camino. Ese recorrido vital, ese proyecto, que nos va cociendo a fuego lento y va haciendo, de cada uno, alguien en quien confluyen distintas circunstancias, avatares, sabores y sinsabores que se van fundiendo, que solidifican con y en nosotros. El objetivo es ir haciéndonos, todo lo demás son excusas, situaciones a las que la vida nos expone o que nos proponemos, procurando que sucedan con nuestra dedicación, y que nos van llevando hacia nosotros mismos, haciéndonos más completos, ayudándonos a crecer.

En este contexto en el que la vida se desarrolla, cuento con quienes me rodean, con todo lo cercano, y también con ese respaldo que se hace cada vez más grande, que se siente próximo y afín.

Talavera de la Reina, ciudad cuya cerámica ha sido recientemente reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, alberga, en esa Biblioteca Municipal con nombre de poeta, “José Hierro”, un rincón destinado a mis relatos que va actualizando sus páginas, y va desplegando todo aquello de mí que se hace papel. Se convierte en barquito pequeño que navega desde esa Casa de Cultura a muchos ojos, a muchas miradas que se paran y preguntan y quieren saber cuándo vendrá otro, y otro, y otro más. Doy la bienvenida a tantas personas que allí me leen y que, cuando lo hacen, me empiezan a esperar. Gracias.

El blog (mioficioescribir) sigue su curso, incorporándose más países a su lectura, en distintos continentes: Portugal, Italia, Alemania, Ucrania, Emiratos Árabes, EEUU, Canadá, México, Argentina, entre otros. Nunca pensé que mis escritos pudieran interesar en tantos lugares del mundo. Abrazo y gratitud a todos ellos.

Llevar a otro idioma un texto nacido en lo que, me dicen cada vez más, es prosa poética, no es trabajo fácil. La persona que ha llevado a cabo este cometido ha tenido que empaparse bien de mi escrito, comprenderlo, hacer suyas mis palabras, sentirlas muy intensamente y buscar aquellos términos o giros que en su idioma nativo pueden expresar una idea parecida, la más similar. Perseguir la mayor fidelidad posible al relato, permitiéndose las licencias literarias necesarias para que siga siendo bello. Ardua tarea. La estrecha colaboración y el trabajo conjunto entre mi traductor y yo ha permitido que mantenga su impronta, su sello inicial. La lengua en la que escribía Shakespeare me ha traído un anunciado regalo, un sueño que se ha hecho realidad casi sin saber cómo, pues ya tengo en mis manos mi primer escrito traducido. Es tanta la emoción que he sentido al verlo terminado, que no podía leerlo porque las letras se ponían muy borrosas de tanta alegría. Y cuando lo he leído varias veces, incluso la prueba de fuego que es hacerlo en alto, mantiene la sonoridad, la musicalidad, el ritmo, o no sé cómo llamarlo, que persigo en mis escritos. Así que estoy muy agradecida a esta ropa inglesa con la que se viste “El libro se abre como una flor en primavera”, y a la persona que lo ha hecho posible, de la que ya hablaremos más adelante.

Soñar es gratis. Y los sueños se reproducen entre ellos. Uno da la mano a otro. Y ahora, “A book opens like a flower in spring”, que es como se llama finalmente en inglés, esperará en el fondo de armario en el que guardamos las más bellas prendas para el mejor día de fiesta. Las cosas de palacio van despacio, reza el dicho. Y si en palacio van despacio, aún más en el mundo de los mortales. Pero… De momento, se iniciará la traducción del siguiente relato. Y me colma de alegría.

Con tantas emociones, y muchísima gratitud a todas las personas que me leéis, por estar siempre ahí, celebramos noventa artículos (¡más uno en inglés!). ¿A que parece mentira?