Miércoles, 21 de octubre de 2020

Cartas políticas

Vivimos en un mundo en que el propio cambio se ha convertido en algo tan obvio que corremos el riesgo de olvidar incluso qué es lo que ha cambiado.

HANNAH ARENDT

Tendemos a creer que la política está siempre presente y en todas partes. El poder sin duda está siempre presente y en todas partes. Pero no siempre ha habido política.

JEAN - LUC NANCY

El Estado constitucional democrático, que descansa sobre una forma deliberativa de la política, representa una forma de gobierno epistémicamente exigente y ambiciosa, y en cierto modo, sensible a la verdad. Una democracia de la post-verdad... ya no sería una democracia...

J. HABERMAS

El género epistolar no es nuevo en la teoría política, hay numerosas cartas que han hecho historia en este terreno. Esta epístola no va dirigida a ninguna persona en concreto, ni colectivo, ni siquiera a los políticos. Es una pequeña reflexión en voz alta, buscamos que la política sea realmente política. No una política sin política, en beneficio de la razón instrumental y gestora. Una política que se vincule a la democracia, como el arte de la mediación y de lo posible para la convivencia y la paz.

Estamos comenzando el año con la política hiperventilada, muchos de nuestros partidos después de más de cuarenta años de democracia, no parecen aceptar la mayoría de las urnas, mostrando un gran déficit en la posibilidad de acuerdos y sobre todo de hondura democrática, haciendo difícil el cambio para la gobernanza. Son los tiempos del miedo y aflora lo más oscuro ante el abismo de perder el poder. La incertidumbre, la ansiedad existencial y el miedo han dado lugar a búsquedas de seguridades y certezas en los idearios políticos de corte muy fundamentalista.

Esperamos de nuestros políticos y más de este gobierno de Pedro Sánchez, al que desde aquí le damos la enhorabuena, que realice políticas que puedan rescatar la dignidad del ciudadano muy maltrecha desde la crisis. Después de la teatralización política del fin de semana,  no son las banderas nacionalistas lo que nos preocupan, sino la dignidad humana y, sobre todo, la de los más empobrecidos por la crisis, que no somos capaces de remontar. Esperamos que llene de sentido nuestra democracia, que no sea el protagonista el ejecutivo, sino la soberanía popular.

La clase política ha estado invirtiendo, desde hace algunos años, los principios de la democracia, desplazándolos hacia unos criterios económicos y mercantilistas, basados en el beneficio, la eficacia y la rentabilidad. Deseamos que el nuevo gobierno, pueda estabilizar la política, no será fácil y, sobre todo, se pueda establecer un nuevo despertar ético que regenere al parlamento y la vida política en general. Unos valores nuevos reformulando el consenso alcanzado y enfocándolo a la solidaridad con la mayoría de la ciudadanía, ampliándolo y adaptarlo a los nuevos desafíos que nos estamos enfrentando.

Es el primer gobierno de coalición de nuestra democracia reciente, eso nos indica la cada vez mayor pluralidad de partidos, donde el diálogo y los acuerdos deberán ser el nuevo paradigma. Nos gustaría que se elevara el debate político, no el conflicto, buscando la resolución de los grandes problemas que afectan a la ciudadanía, haciendo de la normalidad democrática algo cotidiano, tanto en el parlamento como en la calle. Sería bueno, que se abriera paso la verdadera política, más allá de las crispaciones, que no ayudan, siendo resolutivos en los grandes problemas de los españoles: el paro y el empleo, las pensiones, la España vaciada y rural, la igualdad efectiva, la sanidad, los servicios sociales, la educación, la globalización, la vivienda, la violencia de género, el riesgo de una nueva crisis, la hospitalidad, y sobre todo la paz y la convivencia entre todos, etc.

Deseamos que lo único que se rompa en España, es la llamada constante al miedo, que bloquea permanente la buena política, crispando a la ciudadanía, pudiéndose restablecer la convivencia entre todos. Para ello, todos debemos contribuir, primero los políticos, los periodistas y después, los ciudadanos de a pie. Una convivencia que solo es posible en el encuentro de una sociedad multipolítica, muticultural e incluso multinacional, donde la primera de las condiciones es la necesidad de una cierta simetría, cierto grado de igualdad entre los interlocutores (Habermas). La simetría y el encuentro entre todos parece necesario para poder buscar esos códigos éticos compartidos en base a la justicia y al derecho.

La política no es aplicar la ley, sino hacer posible la convivencia creando y recreando marcos de entendimiento, es el arte de lo posible. Hablamos de democracia, pero los criterios son otros, menos políticos y más económicos. Las democracias pierden su forma política y su contenido, abandonando cualquier pretensión de encarnar la soberanía popular y escuchar la voz del pueblo.

Muchos ciudadanos esperamos del nuevo gobierno, más allá de su novedad, que normalice la vida política, que genere nuevas esperanzas y que contribuyan a la convivencia y a la paz. Pero esperamos todavía más, que nos libere de la mucha pobreza generada en estos años posteriores a la crisis. Se requiere una distribución equitativa de bienes y de oportunidades para tener una sociedad en justicia y en paz. Para ello, el hilo conductor no es la seguridad nacional, sino la seguridad humana. El centro de la política es el ser humano y la comunidad, cuya mejor protección es el desarrollo de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales.

El verdadero patriota es el que se compromete con la justicia, los derechos y el desarrollo de su país para que el pan y la paz puedan ir juntos de la mano. La convivencia y la paz es una obra de cada día, en la que confluyen elementos como el respeto a la dignidad de toda persona y a sus derechos, el cumplimiento de los deberes con la sociedad, la justicia en y entre los pueblos, solidaridad, el perdón y la reconciliación.

La mediación ética es necesaria en la acción política, que pueda mediar entre la economía, la tecnología y la propia política, para que pueda contribuir al bien común sin despreocuparse de la ciudadanía, de la projimidad y la cercanía. Queremos una sociedad donde las personas puedan respirar, es necesario trabajar por la justicia social para conseguir la paz y el desarrollo, donde se consensúen unas nuevas reglas de juego entre los agentes políticos y económicos que respete la dignidad y promocione a los más desfavorecidos del país. Siendo el eje clave de la justicia social, tener trabajo y la dignificación del mismo.

No lo tendrán fácil la coalición gobernante, es posible que no tengan los cien días de gracia por la oposición y necesitarán consensuar los presupuestos de 2020. Con los mismos deberán abordar sus compromisos sociales comprometidos, que son muchos y necesarios, pero también los compromisos regionalistas. ¿Podrá este nuevo gobierno dar respuesta a las espectativas de muchos ciudadanos? Esperemos que al menos se rebaje la crispación y sea la hora de hacer política.