Viernes, 18 de septiembre de 2020

A propósito de la presentación del libro ‘La inmigrante’

El pasado 30 de diciembre presenté en el Casino de esta ciudad mi última novela, “La inmigrante”, una biografía novelada de una mujer asiática que viene a España, como los cientos de miles de emigrantes que llegan cada año a los países europeos: a trabajar, a ahorrar la mayor cantidad de dinero posible, para poder volver a su país de origen y poder seguir viviendo allí con más desahogo y seguridad económica que cuando partieron.

Ese día comencé mi presentación diciendo que este libro era totalmente distinto a todos los que había escrito y publicado en estos últimos veinte años, salvo en una sola cosa: también era una biografía. Y la radical diferencia entre este relato y todos los demás, se me hizo presente, desde el principio: ¡el interés que suscitaba desde el principio era mucho mayor que todos los demás escritos!; acudió más gente a la presentación, siguieron con más atención todo lo que conté, el coloquio posterior fue mucho más vivo que todos los anteriores y el deseo de adquirir un ejemplar fue mucho mayor.

No tuve que hacer mucho esfuerzo para entender que el tema de la inmigración nos concierne a la gran mayoría de ciudadanos, de un modo tan próximo, que es difícil encontrar a alguien que  no haya tenido, en alguna etapa de su vida, o en la vida de algún familiar, amigo o próximo, alguna experiencia de emigración. Comparada con esta “La inmigrante”, el resto de mis libros aparecían como lejanos estudios o vidas lejanas de “sublimes artistas”, que solo podían interesar a pequeñas minorías de músicos o escritores.

Es verdad que nunca me he planteado como objetivo de mi actividad de escritor el escribir para el mayor grupo de lectores posible. He escrito siempre sobre los temas que a mí me interesan, que, en mi caso, interesan en nuestro país a una pequeña minoría.

La primera lección, pues, que me ha dado esta “inmigrante” es que si uno escribe (con un mínimo de oficio aprendido) sobre las cuestiones que interesan a la mayoría, siempre habrá lectores interesados en lo que uno escribe. Y al contrario: por mucho que hayas trabajado en un libro, por mucho material que hayas tenido que estudiar, previo a la escritura elegida, por mucho esfuerzo que hayas puesto, o inspiración literaria que hayas tenido, si ese relato no es del interés de la población, no será leído. Todos mis libros anteriores han sido escritos con un mucho mayor esfuerzo, estudio documental y cuidado literario que esta “Inmigrante”. Pero no están tan cercanos a la vida como ella está. (Son biografías quizás muy originales y fiables desde el punto de vista histórico y psicológico, pero de personajes fallecidos hace siglos).

Aunque sepamos que las andanzas de nuestro Lázaro de Tormes, o de Rinconete y Cortadillo, o de Fortunata y Jacinta, siguen en lo esencial siendo actuales, tenemos que vencer la inercia de la lejanía temporal para decidirnos a leer sus vidas.

Estas reflexiones tan personales, propias de un escritor, tienen, sin embargo una aplicación general: Lo escrito sobre un tema de interés mayoritario siempre encontrará lectores  suficientes para dar un sentido a lo escrito.

Como ocurre con los Episodios nacionales de Pérez Galdós, del que celebramos en este 2020 los cien años de su nacimiento. Sus cuarenta y seis novelas  sobre el período histórico de la España del siglo XIX y principios del XX se convirtieron pronto en el modo más auténtico y eficaz de dar a conocer a los lectores los acontecimientos nacionales de ese periodo; sus personajes ficticios tienen tanta autenticidad como los sucesos colectivos que describe. Aún hoy la escritura de Galdós no ha perdido nada de su frescura ni de su grandiosidad.