Jueves, 1 de octubre de 2020

¿Por qué se hunde Venecia?

    ¿Se hunde porque es ley de vida? ¿Porque  lo quiere la naturaleza? ¿Porque es inevitable? ¿Porque está vieja y es de otra época? ¿Porque no tiene cabida en este mundo? ¿En este mundo donde el Word me quiere dar lecciones y se pasa de listo con su programa estrecho y me corrige porque no sabe lo que quiero decir y confunde “porque” con “por qué”,  pero la vida es más complicada que un programa de word? (y lo quiero con minúscula, coño, deja de corregirme).  No se hunde por nada de eso.

    Se hunde porque unos gorilas ignorantes no creen en el cambio climático y no invierten en medidas para evitarlo. Porque unos hijos de puta tenían que construir unos diques y no lo hicieron (encontraron mejores cosas en que invertir el dinero). Porque a la gente solo le importa la vulgaridad y no aprecia la belleza, el arte, la historia, la imaginación. Porque a la gente solo le importan los teléfonos móviles de apariencia horrible y no le importa la belleza sobrecogedora de Venecia. Porque la gente solo quiere máquinas tontas y muertas y no bellezas sobrecogedoras. No quiere recuerdos, quiere que la Humanidad padezca de Alzheimer. No quiere nada que escape a la ramplonería. 

Una pariente mía de nombre de montaña estará encantada de que se hunda Venecia. Porque a ella solo le importa su calle de Barcelona y su pueblo del montón en la costa gallega. Su cotilleo de los sábados y su cerveza de los domingos. Y así a mucha gente todo lo que está fuera de su mundo estrecho le importa un pimiento. No valora nada, solo su vida sin horizonte  de todos los días.

   Venecia se hunde porque el mundo se vuelve gris e ignorante. Porque la mayoría de la población solo quiere sus móviles y sus centros comerciales. Porque el arte donde se condensa el ser humano está más allá de su alcance. Porque son grises como las moscas.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR      FOTO: CONSUELO DE ARCO