Agustín B. Sequeros e Ingrid Jonker, traducir poesía es hacer poesía

Se ha convertido en el principal valedor en España de la obra y vida desconocidas de la autora surafricana, cuya muerte en 1965, apenas rebasada la treintena, la convirtió en una figura trágica

Agustín B. Sequeros, durante la entrevista. Fotos: Carmen Borrego

Hay mayor generosidad para un poeta que dedicarse a traducir a otro? El poeta y traductor salmantino Agustín B. Sequeros se ha convertido en el principal valedor en España de la obra y vida desconocidas de la autora surafricana Ingrid Jonker, cuya muerte en 1965, apenas rebasada la treintena, la convirtió en una figura trágica marcada por las desgracias personales y la lucha contra el Apartheid del que su propio padre era un ferviente defensor. Vida y obra se trenzan en los versos apasionados de una poeta que fascinó a Agustín B. Sequeros, y que, consciente del desconocimiento en el mundo hispanohablante de Ingrid Jonker, decidió abordar la traducción desde esa admiración que contagia evocándola a orillas de un río amable, a la luz de un atardecer salmantino de humo y ocre en el que se vuelca un sol que recorta la sonrisa sabia del poeta y traductor que nos entrega, como una ofrenda, los versos desnudos de una poeta arrebatada.

Charo Alonso: ¿Cuándo encontraste a Ingrid Jonker? ¿Se puede uno enamorar de una poeta que murió antes de que la leyeras?

Agustín B. Sequeros: La encontré a principios del año 2000 en un libro que os he traído, titulado ‘Te repaso’, verso de la propia Jonker. Este libro, hecho por el escritor neerlandés Gerrit Komrij, que contenía la traducción de muchos de los poemas de Ingrid Jonker junto con una biografía de la poeta sudafricana, tuvo mucho éxito en Holanda y en Bélgica, pero nunca se publicó en España. Quedé tan prendado de la historia de Ingrid que se puede decir que me enamoré de una mujer que estaba congelada en el tiempo. La suya fue una poesía que me impresionó tanto que decidí aprender afrikáans para leerla.

 Ch.A.: ¿De verdad? Si el holandés es difícil, el afrikáans lo parece más.

A.B.S.: El afrikáans es la lengua que se habla en Suráfrica que viene de los colonos holandeses oriundos de varias regiones de los Países Bajos, entre ellas Zelanda, que se asentaron en el área del Cabo de Buena Esperanza a partir de mediados del siglo XVII. Ellos hablaban dialectos del neerlandés, algunos de los cuales –como es el zelandés– conozco muy bien por circunstancias vitales casuales. Fíjate por dónde va la vida. La poesía de Jonker no es aquí muy conocida, y eso que en 1994, en la apertura del primer gobierno democrático Mandela recitó uno de sus poemas, Carmen, ¿La conoces, conoces el poema que recitó Mandela?

Carmen Borrego: Nunca había oído hablar de Ingrid Jonker, pero es maravilloso su rostro en las fotografías.

A.B.S.: Ella fue testigo de cómo mataban a un niño a quien llevaba su madre en sus brazos en una de las manifestaciones contra la Ley de Pases, que obligaba a los negros y a los mulatos a salir de sus guettos solo teniendo un pase y para ir a trabajar. Ella fue no solo testigo de la muerte, sino que fue a la comisaría donde se encontraba el cadáver del niño a verle y escribió ‘El niño asesinado por los soldados en Nyanga’.

Ch.A.: En Salamanca la conocemos gracias a ti, incluso has propiciado la proyección de la película sobre su vida en La Casa de las Conchas.

A.B.S.: Fíjate que la película, que no llegó a España, fue doblada al español en México adonde sí llegó. Y también por una de esas vueltas que da la vida, me escribe alguien de Medellín, en Colombia, pidiéndome información sobre esta poeta. Ese alguien era María Cecilia Salas Guerra, quien hizo posible después la publicación de mi traducción de los poemas de Jonker. La película, ‘Mariposas negras’ es del 2011 de la directora Paula van der Oest ha ganado varios premios y ha tenido gran éxito tanto en Holanda como en otros países europeos.

Ch.A.: Dice Ida Vitale que hay que traducir con el corazón y con la inteligencia. ¡Por eso te has enamorado de la poesía de Jonker y de ella!

A.B.S.: ¡Por supuesto! Cuando eres traductor de poesía tienes que meterte en el alma del poeta, eso me pasó cuando traduje al neerlandés el ‘Libro del arrebato’, por ejemplo, de vuestra amiga la poeta y profesora Ángeles Pérez López, ¡qué grandiosa poesía! Oye, Charo, me habrás oído decir muchas veces que la poesía más excelsa en Salamanca la hacen mujeres.

Ch.A.: ¿A quién estás traduciendo ahora?

A.B.S.: Estoy traduciendo ahora a poetas holandeses de los años cincuenta a los que, por cierto, admiraba mucho Ingrid Jonker. Y también a otros autores surafricanos. Me fascina por ejemplo Uys Krige extraordinario escritor y gran traductor: tradujo al afrikáans, entre otros, a Lorca, Baudelaire y Paul Éluard. Y fue una especie de mentor de Ingrid Jonker. Varias de sus novelas están en castellano y son buenísimas.

Ch.A: Me gusta tu definición de lo que es traducir poesía.

A.B.S.: Sí, siempre digo que es bailar en la cuerda floja, puedes caer de un lado o de otro. Puede resultar artificial o ser algo diferente a lo que dice el original. Aunque sea verso libre, la poesía tiene un ritmo y hay que respetarlo. Siempre es difícil, pero si la lengua no es muy lejana, es más fácil de traducir en el sentido del ritmo… Tienes más acomodo para hacer notar la aliteración, la repetición de las palabras, la distribución de los acentos... Si partes de una lengua germánica, los sonidos son diferentes y tienes que apañártelas.

Ch.A.: Parece otro acto de creación, la traducción.

A.B.S.: Algo así, porque por ejemplo, la rima es un corsé, si el poema tiene rima consonante y te empeñas en dejarla, es difícil que quede bien en la otra lengua. Yo lo que hago es ir a la rima asonante, más sencilla, y a la distribución de acentos. Luego están las imágenes que usa el poeta, los contenidos, que no producen el mismo efecto en una lengua que en otra, aunque este no es el principal problema porque puedes buscar una solución.

Ch.A.: Tú eres poeta: ¿Te influye cuando escribes la poesía de Jonker que conoces tan bien?

A.B.S.: Algo, evidentemente, pero no tanto, cuando escribo poemas me inspiran más los poetas holandeses de la “Generación de los Cincuenta” que ella admiraba, aunque cuando viajó a Ámsterdam no los encontró.

Ch.A.: Cuéntanos la historia de los papeles perdidos de Ingrid Jonker…

A.B.S.: Gerrit Komrij, el escritor holandés del que hablábamos antes, que vivía en Portugal, estuvo en Suráfrica y le compró a un sobrino de Ingrid una serie de documentos, fotos, poemas y cartas de Ingrid Jonker y se los llevó en una maleta ¡La hija de Ingrid cuando se enteró fue a Ciu dad del Cabo y le pegó un tortazo al primo que lo tiró al suelo! Komrij quiso devolver esos documentos a Suráfrica, pero murió en 2012 y su pareja, se negó a dar curso a ese deseo. Y el misterio ahora es dónde está esa maleta llena de documentos, porque si quieres hacer una biografía de Ingrid tienes que tener el cofre del tesoro.

Ch.A.: Has traducido el libro más importante de Ingrid, ‘Humo y ocre’ publicado en Colombia en el 2015 y ahora publicas ‘Sol volcado’, su libro póstumo de 1966 ¡Te falta escribir su biografía!


A.B.S.: Hay otro libro al que le tengo ganas y no está traducido al ni al inglés, que yo sepa, es una novela experimental de su amante, André Brink, que está dedicada a ella y que aparece escrita en vertical, con partes que son un diálogo entre la mujer y el hombre. Muy interesante.

Ch.A.: Agustín, ¿hay que ser poeta para traducir a otro poeta?

 A.B.S.: Yo creo que sí. Puede haber excepciones, pero las malas traducciones de poetas están hechas por no poetas. Las de Paul Éluard, por ejemplo, son muy malas salvo la que hizo Alberti. Las traducciones de Valente de Kavafis o Dylan Thomas son excepcionales, se nota que las ha hecho un poeta.

Ch.A.: Tú no solo has trabajado como traductor en Holanda, sino que has sido maestro de traductores.

A.B.S.: Cierto, he traducido muchos textos de otra naturaleza y he trabajado en la Escuela Superior de Traductores de Maastricht, incluso he escrito un libro sobre traducción guiada.

Ch.A.: Seguro que no crees ni en eso de que el traductor es un traidor ni en el traductor de Google…

A.B.S.: Claro que no, aunque el asunto de los traductores ha mejorado mucho, antes era… en fin. Eso sí, nunca llegará a sustituir a un traductor humano, y eso de Tradutori, traditori es un tópico. Si no fuera por nosotros, dime cómo hubieras leído tú la poesía de Ingrid Jonker, anda.

Ch.A.: Tienes razón. Agustín, ¿cómo son los holandeses?

A.B.S.: También aquí hay un tópico, tienen fama de ser bastante tacaños, por ejemplo. Pero hablando en serio, a mí Holanda me acogió muy bien. Llegué con 24 años, en un momento político muy complejo. Holanda tiene un tradición de acogimiento grande, fíjate en Descartes… siempre tuvo esa fama y recibía a gente de Chile, de Argentina. El holandés es un tipo que puede ser demasiado brusco al decir sus opiniones, pero que está lleno de virtudes. Y el país es increíble, a la gente, cuando va a verlo, le digo que recorra la ingeniería holandesa del mar, que es algo espectacular. Las obras de la parte de Zelanda, precisamente, son increíbles, y el campo, el paisaje, tan ordenado… pensad que son 14 millones de habitantes en un terreno pequeño, la ordenación del territorio es ejemplar. Qué voy a decir yo de Holanda, si tengo dos hijas de madre holandesa y padre salmantino que nació en la calle Ancha, en esa frontera invisible junto al barrio chino donde yo de niño me preguntaba ¿y dónde están los chinos?

Ch.A.: Esa pregunta también se la hacía Carmen Martín Gaite. Agustín, volviendo a Jonker, ¿se une a estas autoras de vidas torturadas por la enfermedad mental, la incomprensión, el suicidio como Virginia Woolf, Plath, Anne Sexton, Alfonsina…?

 A.B.S.: A Ingrid la han llamado la Sylvia Plath surafricana. Y precisamente a este grupo de autoras se dedica María Cecilia en la Universidad de Antioquía, y de ahí su interés por Jonker. Estudia ese parentesco entre la poesía y la locura.

Ch.A.: Era hija de un político racista que dijo cuando murió que por él la podían tirar de nuevo al mar, eso es terrible.

A.B.S.: Todo en su obra es terrible aunque tiene muchos poemas amorosos de una gran ternura. Sol volcado es un libro póstumo, aquí hay un poema muy crudo en el que ella espera a alguien en Ámsterdam, en un viaje que hizo a Holanda y donde habla de la torre de las lágrimas, que es un lugar hermoso y triste donde antes llegaba el mar. Ahí se subían las mujeres de los marineros y pescadores a despedirles y lloraban porque sabían que quizás no volverían. Ella lo utilizaba todo en su poesía, como la Biblia, porque acompañaba de pequeña a su abuela a predicar a los pescadores negros, una influencia que la poeta Sagrario Rollán considera en el poema “El rostro del amor” muy cercana a la mística.

Ch.A.: En aquella Suráfrica del Apartheid era difícil escapar de la dimensión social.

A.B.S.: Jonker pertenecía a un grupo de poetas, artistas de todo tipo que eran muy combativos contra el Apartheid, por eso, que la hija del censor Jonker estuviera ahí era importante. Mirad, entre ellos había autores negros que tenían que ir de noche para que no les vieran. Era un grupo con una gran dimensión social.

Ch.A.: Salvando las distancias, evidentemente, parece que los poetas tendéis a formar grupos, tú mismo perteneces a Papeles del Martes.

A.B.S.: Para mí es un privilegio y es muy gratificante ir todas las semanas a esta tertulia que es la más longeva de Salamanca y por la que han pasado al correr de los años tantos poetas. Se trata de hallar ahí a otros autores, intercambiar lecturas, tener este ejercicio estimulante y sentir la presencia inspiradora de Luis Frayle, gran poeta y alma del grupo. Ahí se puede y se debe tener concepciones diferentes sobre la poesía, pero ponerlas en común es una experiencia muy agradable y positiva.

Ch.A.: Agustín, ¿se te ha aparecido alguna vez Ingrid?

A.B.S.: Se me ha aparecido en forma de mariposa negra en la Plaza Mayor de Salamanca. Acababa de escribir la introducción a Humo y Ocre y de repente, miro en mi reloj y resulta que se me había posado una mariposa negra. Se quedó quieta un rato y luego revoloteó junto a mí para alejarse en la tarde de verano. Yo me quedé helado, y aunque soy un hombre bastante escéptico, tengo que decir que es verdad verdadera.

Carmen Borrego.: Con todo el tiempo y el trabajo que le has dedicado no me extraña nada, mira, tengo ganas de leer a Ingrid Jonker.

A.B.S.: Es sorprendente que no haya llegado más a España, es conocidísima en el resto de Europa, pero hay cosas que a veces no llegan quizás por una cuestión de suerte.

Ch.A.: Pero ahí estás tú y somos afortunados. ¿Cuándo presentas el libro en Salamanca?

A.B.S.: Voy a tener el privilegio de presentar la traducción del libro en la Sala de la Palabra del Liceo el jueves 6 de febrero, junto a una muy conocida y espléndida poeta, escritora y columnista salmantina, Isabel Bernardo, compañera precisamente en la tertulia Papeles del Martes. Yo ya sabía, Charo, que estabas esperando este libro, ‘Sol volcado’. Fíjate, para traducir el título, Kantelson, pensé y pensé, porque eso de “poniente”, “sol poniente” no me gustaba… Y de pronto encontré en Paul Éluard, un poeta que Jonker conocía muy bien, la expresión “soleil renversé”. Entonces llegué a la conclusión de que ella lo había tomado de ahí. A veces hay que hacer en la traducción de poesía este tipo de búsqueda. Eso sí, cómo llega es ya un misterio… Un misterio que conjuramos a la luz de la tarde leyendo la poesía descarnada de Jonker en la voz, clave bien templada, del poeta salmantino con ojos de holandés mientras el sol se vuelca más allá del Tormes: Cuando vuelvas a escribir en tu diario/acuérdate/de ver en mis ojos/el sol que cubro desde ahora para siempre/con mariposas negras.