Viernes, 7 de agosto de 2020

Ignoto... que buena palabra

IGNOTO: procede del latín ignotus (desconocido)

En memoria a D. Benito Pérez Galdós en su centenario

El aspirante a  premio nobel de la literatura no solo plasmó en su obra una crónica maravillosa de unos hechos pasados sino que, con un estilo literario cervantino y perfecto, creo novelas realistas dignas de colocarlo entre los tres mejores escritores de la historia  de lengua española.

De todas formas, ya nadie lee sus libros. En mi opinión, esta circunstancia deriva de un intento de evolución educativa hacía una modernidad curricular. Modernidad esta,  alejada del contenido lectivo anteriormente desarrollado en las escuelas. Ojala volviera, nuestros pupilos los agradecerían el día de mañana

La LOGSE, LA LODE LA…. ¡que pena! han cometido el  terrible atentado de obviar a Pérez Galdós. Ignorándolo  debido a la  absurda concepción de su obra como algo anclado en el pasado quizá temiendo que en los Episodios Nacionales se vea la España del siglo XXI igual a la del siglo XXI. Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920) fue un hombre alto, delgado, moreno, de ojillos ratoniles, caballera abundante y bigotillo a la moda. Fumador empedernido, con el  pasar del tiempo llevó anteojos, tras varias operaciones de la vista que le obligaron a dictar sus escritos en la vejez. Reservado, hasta  rozar la timidez, décimo hijo de un coronel, tuvo una fuerte disciplina en su infancia, estudió Leyes y Filosofía y Letras en Madrid, frecuentó varias tertulias y fue elegido diputado en varias ocasiones. Nunca se casó, lo que no le impidió que conociera numerosas mujeres, entre otras mi paisana Dª Emilia Pardo Bazán: viajaron juntos por Europa y se cruzaron numerosas cartas recogidas por Ángeles Caso en su reciente libro y que quedan plasmadas en el libro de Benito - Miquiño mío- donde se refleja la pasión de la Pardo, pongo alguna frase: “En cuanto yo te coja, no queda rastro del gran hombre”. Le dolió mucho al canario la infidelidad de la condesa, separada de su esposo José Quiroga, hombre conservador y religioso, la infidelidad vino al conocer al jovencito José Lázaro Galiano. La Pardo Bazán no le engañó claro se lo dejó al canario: “El quererme a mí tiene todos los inconvenientes y las emociones de casarse con un marino o un militar en tiempo de guerra. Siempre doy sustos”. Pero todo se arregló... durante una temporada. Reconoció a una hija, de su  carnal con la asturiana Lorenza María Cobián, se relacionó con una aspirante a actriz “bulliciosa y alocada” Concha Morell y cerró el ciclo amoroso (que sepamos) con Teodosia Gandarias: Te mando en estos renglones todo el amor, y todas las delicadezas y dulcísimas remembranzas de tu cumplidísimo y siempre apasionado caballero, paladín y súbdito reverente (agosto 1915) Cinco años quedaban para su deceso.

La escultura de Victorio Macho que puede verse en el Retiro madrileño está hecha de piedra blanca de Lérida. Con pompa fue inaugurada el 20 de mayo de 1919. Hasta allí acudió Galdós con sus 75 años a cuestas y tan ciego que tuvo que palpar la obra cubierto con manta sobre las piernas y mirada al frente: “¡Magnífica!, amigo Macho. ¡Y como se parece a mí!”. El propio Macho hizo una copia, mucho más reducida, y se la regaló a Berdagué, un librero de viejo, amigo suyo de la calle Cedaceros; la viuda del librero se la dio a un devoto del novelista, Andrés Trapiello: “Me gusta Galdós porque cuando escribe piensa en todo y en todos menos en él. Me gusta su naturalidad, su prosa que fluye como el agua de un manantial. Y al leerla te transforma sin que te des cuenta en la realidad que vivimos, «Si te gusta Galdós, te gustan hasta sus defectos. Sucede con muy pocos escritores”.

Ramón María del Valle-Inclán, le bautizó con el mote EL GARBANCERO.  Es el insulto de la envidia, por eso es triste y cobarde. Triste, porque lo dictó el resentimiento (Galdós había desestimado una obra de Valle-Inclán para el Teatro Español, cuando él lo dirigía); cobarde, porque lo puso en circulación cuando Galdós acababa de morir». En Luces de bohemia se puede leer esta frase “Precisamente ahora está vacante el sillón de don Benito el Garbancero” que poca vergüenza hubo y hay en el mundo de las letras...

Galdós siempre estuvo vigente, siempre tuvo miles de lectores, «callados y anónimos, incluso cuando la élite literaria española lo combatía durante el franquismo, desde Benet a mi querido Paco Umbral. Los Episodios Nacionales ofrecen una excelente visión de la historia española del siglo XIX. Como destacó Antonio Machado, muestran una riqueza de relatos, interpretaciones y detalles que ayudan a comprender aquel tiempo convulso. Fortunata y  Jacinta, MisericordiaTristana…  ofrece una galería de personajes que viven en unas circunstancias familiares muy duras, dotadas de verdad y credibilidad, que descubren las entrañas de los españoles de su tiempo. Mujeres luchadoras, visonarias, otras resignadas que llegan confundir la pasión con la vida

Fortunata, hace valer su fertilidad, como símbolo del futuro; Perfecta, encarnación del autoritarismo y la intransigencia; Tristana, atada de pies y manos por un destino que la conduce a la mediocridad; María Egipcia, beata formalista y disciplinada. María Zambrano una de las mejores escritoras femeninas dijo sobre Benito: “Galdós es el primer escritor español que introduce a todo riesgo las mujeres en su mundo. Las mujeres, múltiples y diversas; las mujeres, reales y distintas, ontológicamente iguales al varón. Y esta es la novedad, esa es la deslumbradora conquista”.

Amén, de las placas que puedan colocarse en su centenario, en el edificio de la calle Victoria, que fue hostal, tertulia y escenario de la primera novela de don Benito, La Fontana de Oro (1870). Siento pena cada vez que visito Madrid, vuelvo a vivir la tasca, los toneles de vino pintado en rojo, el barbero tirando la silla al de ideología contraía… y ahora se ha convertido en un pub, caro y sin gracia.

Dejo sus citas en Episodios nacionales y comprueben la actualidad

Las ubres del Estado, Prima de riesgo

“El vil metal es causa de todos los conflictos: todas las crisis políticas son juegos de chicos comparadas con una crisis financiera. La crisis financiera, la bancarrota de un Gobierno, tiene una grandeza que no se advierte en la bancarrota individual: es la sublimidad del desfalco, el trueno reducido a su más augusta expresión. No presenciaríamos el triste espectáculo de un Banco que cojea y otro que se alza sobre las ruinas del primero...”

El Gobierno...

En fin… nuestros mandarines se parecen a los toreros medianos; ¿sabe en qué? Pues en que no rematan. La política de entonces, como la de ahora, no era terreno propio para lucir las supremas dotes de la inteligencia: era un arte de trileros y marrulleros”

 Si gritan libertad —Cierra la puerta hijo.

¡Viva el progresismo!: Pues agarra la cartera………

 Y así un sinfín  de frases que a pesar de celebrarse el siglo de su muerte, la  literatura no ha dado mejores frases. Los que han votado a Pedro tienen España ardiendo por los cuatro costados, cada españolito llevó su tea y el gobierno sopla diariamente. Los excesos son ahora igual que en la II Republica, les animo a lean desde el año 1934 hasta 1936.

A lo  peor es que no escarmentamos. — “No perdamos la esperanza, así me decía un buen amigo hoy por la mañana: Saldremos, somos muchos los que le rechazamos”— Ojalá te oiga el Señor, pero de momento hay un hito histórico que se rompe,  instituido por Carlos III, no  nos libran ni los RR.MM: sentir miedo a lo desconocido, a la sin razón.