Viernes, 14 de agosto de 2020

La razón tecnológica, 3.2.

¿Hemos perdido la capacidad de admirar al ser humano por esta borrachera de inventos y logros tecnológicos?

La tecnología aplica lo  descubrimientos de la ciencia a la realidad. Por eso, la tecnología hace más vivibles los progresos científicos. No hace falta viajar a la edad media o a la antigüedad, para quedarse anonadado con los cambios. Los avances en medicina, gracias a las nuevas tecnologías, nos sorprenden cada día. Lo mismo ocurre con nuestras formas de viajar, las comunicaciones y tantas cosas más. ¿Qué pensarían los que murieron antes de mediados del siglo pasado, si volvieran  en el 2020? ¿Y todos los pueblos antiguos que pasaron por la península ibérica?

Me disculpen que les ponga un ejemplo personal. Usted mismo será un buen  ejemplo, si tiene más de cincuenta años. ¿Qué cambios tecnológicos han afectado más a su vida? La lavadora, respondió mi madre al final de su vida. ¿Sabe usted lo que era lavar a mano, en la sierra, en invierno y de rodillas, en los lavaderos de mi pueblo?

Yo empecé mi vida de profesor, allá por el año 75, del siglo pasado, estudiando libros y algunos artículos, preparando mis clases en folios escritos a mano y poniendo, con tiza, la bibliografía y algunos esquemas en el encerado. La tesis la escribí a mano, después yo mismo la pasé a máquina (las de cinta, en las que cada error debía corregirse sobreponiendo un papel que dejaba una mancha blanca, sobre la que había que sobre-escribir la corrección) y, finalmente, recurrí a una persona, para que me la copiara a máquina eléctrica. Estábamos en 1979. Mucho después, para facilitar las clases,  llegaron los proyectores sobre los que poníamos los acetatos, con los esquemas y la bibliografía. Parecía un gran adelanto, aunque cada corrección o cambio suponía usar un acetato nuevo y empezar la elaboración del esquema.

Ya muy avanzado el siglo, llegaron los ordenadores y finalmente el cañón-proyector y el “pen-drive, en el que caben libros enteros y todas las clases que uno pueda dar. Toda la información lista y disponible para ser actualizada, etc. Por otra parte, la conexión a internet, en las propias clases, nos permite una docencia con numerosos recursos,  impensables solo hace 30 años.

En mi primera estancia en Canadá, volví con dos maletas llenas de artículos científicos fotocopiados en la biblioteca del Departamento de Sexología de Montreal. Ahora no necesito moverme de mi despacho, para acceder a  todos los artículos que se publican en el mundo. Desde la universidad, aun hoy, estando jubilado, me mandan una reseña de todos los autores que me han citado. Estar actualizado y en contacto con otros autores es alucinantemente fácil.

Otro ejemplo. Cada vez que viajo a Madrid, por autopista o tren rápido, y cojo el metro o un tren de cercanías, me sorprendo de la red de transporte público de esta gran ciudad, horadada en su subsuelo, a diferentes niveles, con líneas de metro o tren que se superponen. ¿Cómo es posible? Mi padre, una vez que nos visitó, cuando aun vivíamos allí,  en torno a los años 72-73, no dejaba de decir: ¡Que gente tan lista hay, qué ingenieros! ¿Y cómo no se hunde la ciudad  con tantos agujeros? ¿Y cómo no se inundan estos túneles? Solo ser conscientes de las redes de comunicaciones de Madrid, Londres, París o Moscú, por citar algunas ciudades más cercanas, deberíamos reconciliarnos con  la humanidad. Ir a la Luna, proyectar ir a Marte, descubrir cada poco un nuevo planeta… debería a hacernos sentir orgullosos de ser humanos.

¿Hemos perdido la capacidad de admirar al ser humano por esta borrachera de inventos y logros tecnológicos?

En la actualidad, hay una novedad que puede dar otro vuelco a numerosos cambios: la inteligencia artificial. Podemos crear robot y otros instrumentos que tomen decisiones y hagan numerosas tareas humanas. Como los robots dependen de nuestra creación y las capacidades que podamos darles, ¿haremos monstruos o instrumentos que estén a nuestro servicio? ¿Podrán matar o solo ser útiles?

Somos capaces de lo mejor y de lo peor. Con la razón científica y la razón tecnológica hemos de llagado muy lejos. Y esto es solo el comienzo. Podemos construir una sociedad mejor y cuidar nuestra casa común, la Tierra, la Madre Tierra, en compañía de otras especies. Pero para ello, tenemos que tomarnos en serio la Razón Ética, como veremos la próxima semana.

¿Cuál cree usted que será el futuro de la Humanidad? ¿Tendremos la lucidez de usar nuestros mejores recursos a favor de la vida y el bienestar? ¿Superarán las generaciones futuras los retos que tenemos planteados? ¿Tomará la humanidad la conciencia de que los logros científicos y tecnológicos pueden destruirnos  o crear un mundo mejor?

Feliz y responsable 2020.

Félix López Sánchez