Viernes, 24 de enero de 2020

El bisabuelo Enrique

Abuelo Enrique (DEP)

 

¡Qué cariñoso, listo y bueno era mi abuelo Enrique! Nosotros sólo veíamos por sus ojos, cuando entraron a formar parte de la familia los tres hijos de mi hermano,  se convirtió en bisabuelo.

Nos quería mucho a todos, aunque no parecía estar muy de acuerdo con nuestra época.

Mordiendo las palabras, apoyado en el bastón murmuraba.

— ¡Los viejos tiempos eran los buenos y auténticos! Hoy todo va de prisa, el mundo está  tan revuelto que me da miedo. La juventud lleva la voz cantante, y hasta habla a los viejos como yo, como si fuésemos sus iguales. 

Cuando soltaba uno de estos discursos, el bisabuelo se ponía rojo como un pavo; pero al cabo de un momento reaparecía su afable sonrisa, y entonces decía:

— ¡Bueno, tal vez me equivoque! Yo soy muy antiguo y no consigo acomodarme a los nuevos tiempos.

Al abuelo le gustaba mucho hablar de los tiempos pasados,  y lo hacía con tanta ilusión que yo creía formar parte de ellos.

—Cierto nieto, que en aquella época ocurrieron muchas cosas repugnantes y horribles, ojala que nunca vuelvan a repetirse. Pero también disfruté de otras muy  buenas. Era magnífico oírle hablar de sus años juveniles, de las mozas, los bailes, las fiestas muy lejos de su casa e iba caminando, calzaba zapatillas para no desgastar los zapatos, que ponía cuando estaba cerca de la aldea donde tenía lugar el festejo

Escuchaba con mucha atención cuando le hablaba o leía en voz alta acerca del progreso de las ciencias, los descubrimientos en la medicina…

— Los hombres se vuelven más listos, pero por desgracia no son  mejores. Inventan armas para destruirse, olvidan el valor de cada cosa, solo importa el “lo quiero ahora”.

—Abuelo, así las guerras no son tan largas como la tuya, ahora todo es más rápido. No hay que aguardar tres años para que venga la bendita paz. 

El bisabuelo no podía ponerse de acuerdo con mi padre, pero tampoco podían separarse, eran como la época vieja y la nueva. Bien se dieron cuenta, cuando padre hubo de emprender un viaje a Europa. Aquella separación resultó difícil para el bisabuelo. 

Llegó un saludo al móvil desde Barajas, y eso le gustó, a las pocas horas llamó desde Bélgica. Le pareció maravilloso, increíble.

— Realmente, es una idea de Dios regalada a nuestros tiempo -dijo el bisabuelo-  Una bendición para la Humanidad . Yo he visto por primera vez con ojos infantiles, el teléfono, me resultaba maravilloso, un trasto negro colgado de la pared del pasillo, era fascinante, podía hablar con tu abuela tres veces al día, solo salíamos una vez a la semana y así nos manteníamos en contacto permanente.  Aquello no era nada con lo de ahora ¡como avanzó la ciencia!

Escuchas las noticias, te distraes con la música... Magnifico  nieto, magnifico. El bisabuelo bendijo la nueva época.


— Cogí un viejo diario -se guardaban todos- luego se hacía un anuario.  Abuelo te voy a leer lo que un científico dijo hace muchos años  se llamaba Örsted.


— Probablemente sería de tu opinión –dijo

— Puedes estar seguro  que te va fascinar su vida.

—Veremos.

—Escucha. Puse voz engolada.

Hans Christian Oersted fue físico y químico, nació en Rudkobing, Dinamarca el 14 de agosto de 1777. Se interesó desde muy joven por la química y por la historia natural, pero también por la literatura. Influido por su padre, que era farmacéutico, comenzó los estudios de farmacia en 1797, al cumplir los veinte años. Tres años después, se licenció en Medicina. Sin embargo, su pasión por la química y en especial por las fuerzas electroquímicas que permanecía intacta, unida a un interés creciente por la filosofía de la naturaleza desencadenaron todas sus reflexiones y explican en buena medida las razones por las que se interesó por los trabajos de M. Ritter sobre el galvanismo. Tras varios estudios de especialización fue nombrado, en 1804, profesor de física en la Universidad de Copenhague. Sus trabajos principales de investigación estuvieron centrados en el electromagnetismo.

En 1820 descubrió la relación entre la electricidad y el magnetismo en un experimento que llevó a cabo ante sus alumnos. Demostró empíricamente que un hilo conductor de corriente podía mover la aguja imantada de una brújula. Podía, pues, haber interacción entre las fuerzas eléctricas y las fuerzas magnéticas, lo que en aquella época resultó revolucionario.

Tienes razón hijo, fue un gran hombre, dedicó su vida al estudio. Todos, debemos estar agradecidos a que la vida nos regale personajes de esa talla.

Abuelo siempre tendría añoranza por los tiempos en los que fue joven, pero no estaba muy al día en todo lo actual. Gracias abuelo por tu legado.

“El científico” de Hans Christian Andersen. Adaptado por Isaura Díaz de Figueiredo