Lunes, 3 de agosto de 2020

Religión: verdades sospechosas

 

 

Por casualidad he terminado de leer en plenas navidades el último libro de Raimundo Cuesta, recientemente presentado en la librería Santos Ochoa (Verdades sospechosas. Religión, historia y capitalismo). Así el contraste ha sido fuerte: por un lado, el ambiente de festival consumista y reunión familiar y, por otro, la reflexión profunda y sostenida sobre la religión, en la que supuestamente aquel ambiente se basa. Como en el libro se sostiene la idea de la pervivencia de la religión desde las sociedades primitivas hasta hoy, podría pensarse que ahora, al menos en Occidente, es algo casi amortizado y reducido a sus formas más ostentosas y tradicionales (Semana santa, romerías estivales, el santo patrón, etc.). Sabido es, además, que de los seminarios apenas salen curas, que no van a misa regularmente ni los católicos y que, por poner otro ejemplo, casi la mitad de los niños españoles nacen fuera de matrimonios formales; ni se observa esa presencia de lo sagrado, del "más allá" o de la conciencia ecuménica que empapaba las existencias en otras épocas…

… A no ser que identifiquemos la religión con el ecologismo, el utopismo social, el capitalismo u otras ideologías y prácticas sociales que buscan moldear mentalidades e inducir conductas como en otro tiempo lo hicieron los credos religiosos y con un parecido afán globalizador. En el libro de Cuesta se especula un poco con esto, a propósito sobre todo de Walter Benjamin –filósofo de cabecera del autor–, quien en un escrito de juventud planteaba la naturaleza religiosa del capitalismo, con los rasgos definitorios de una religión sin dogmas y sin teología. Raimundo Cuesta, aunque  rechaza esta idea, pues capitalismo y religión le parecen "especies nominales y ontológicas de distinta entidad", acaba aceptando una versión light de la misma, caracterizando al capitalismo "como simulacro religioso de una doctrina y un culto transversales, admitidos y asimilados por buena parte de los creyentes de todas las vetustas religiones".

Este tipo de especulaciones no me convencen demasiado, pues se basan en analogías forzadas y en una premisa implícita para mí no validada: que la dimensión religiosa es nota esencial del ser humano y que, no habiendo religión, debe haber otra cosa que ocupe su lugar para  satisfacer ese innato afán de trascendencia. En todo caso, el libro que comentamos destaca por su viva exposición analítica de histórica de la religión (o más bien de los credos derivados del tronco judeocristiano, que es a lo que principalmente se refiere). Vemos una exposición solvente del origen de esta poderosa tradición cultural en la vida y milagros de Jesús, tal como la presentan  los evangelios y las epístolas de Pablo de Tarso, su entronización como religión oficial del imperio romano, su institucionalización y fijación dogmática en los primeros concilios y algunos desarrollos posteriores. Junto a esa religión “oficial”, sancionada por y sancionadora del poder establecido (tu me defendas gladio…), no es de menos interés la descripción de movimientos revolucionarios igualitarios que, basándose en el Nuevo Testamento, una vez y otra han tratado de implantar el reino evangélico –mejor sería decir la república– de la igualdad, la justicia y la solidaridad, así como la de los milenarismos de distinto pelaje (quizá se olvida que también los hubo muy reaccionarios, en la época de J. Pablo II y Reagan). En relación con esto el libro reseña con especial interés la filosofía de la esperanza de Ernst Bloch.

Junto a todo esto, el núcleo central de la obra gira en torno al análisis de esa actitud de "sospecha" enunciada en el título: la que vincula a la religión a realidades “humanas, demasiado humanas"; la que la ve como ideología o mera emanación de la mente del hombre oprimido (Marx); como ética y dogma propios de esclavos o de sociedades infantiles (Nietzsche); como efecto de la personalidad neurótica (Freud), o como estructura que cohesiona a los grupos humanos y a los estados (sociólogos modernos). Seguramente esquematizo demasiado las ideas de un libro por lo demás rico en matices y sugerencias.

Felices fiestas solsticiales.