Domingo, 19 de enero de 2020

El chiringuito se queda

Tenemos Fundación Villalar-Castilla y León para rato. Es lo que finalmente han acordado la mayor parte de fuerzas políticas y sindicales de la autonomía, que se han mostrado a favor de que siga existiendo este ente, cuyo objetivo es adoctrinar a la población en la pertenencia a la autonomía de Castilla y León (“crear sentimiento de pertenencia a Castilla y León” oficialmente, para que suene más fino), con el consabido despilfarro de un millón de euros de dinero público cada año, salido de los bolsillos tanto de los castellanos como de los leoneses.

Curiosamente, hace unos meses casi se podía vislumbrar el final de esta fundación registrada como privada pero financiada con dinero público (llamativa situación jurídica que conlleva que ni el Procurador del Común ni el Defensor del Pueblo puedan reprobar sus actuaciones ni procesar las quejas por manipulación). Y es que corría el mes de octubre cuando el presidente de las Cortes autonómicas, Luis Fuentes, manifestó que la Fundación Villalar debía disolverse por no cumplir sus objetivos y ser un gasto absurdo de dinero público.

Sin embargo, donde dije digo, digo Diego. Y en estas, Ciudadanos (C’s) ha decidido que había que recular y apostar por su continuidad, a pesar de que su acuerdo de gobernabilidad con el PP conllevaba la supresión de entes innecesarios para el funcionamiento de la administración. Y en el camino de mantener el chiringuito, le han seguido los populares, que no estaban dispuestos a perder la posibilidad de mangonear ese millón de euros anuales de dudoso destino que maneja la fundación.

Y como a nacionalistas castellanoleoneses nadie le gana a la dirección autonómica del PSOE, los de Tudanca también han cerrado filas para salvar la Fundación Villalar, del mismo modo que lo han hecho CCOO y UGT, presentes en el patronato que votaba su continuidad, y que en esta autonomía viven principalmente de las ayudas de la Junta, y cuya dirección autonómica, en eso del nacionalismo juntero, son más papistas que el Papa (de ahí que en sus banderolas de manifestación y logos usados en nuestra provincia tengan que meter lo de “Castilla y León” sí o sí, bajo pena de excomunión sindical).

Tampoco ha querido quedarse al margen del festín Vox, que se ha jactado mucho de querer suprimir los chiringuitos montados en las autonomías, pero a la primera ocasión que se le ha presentado en esta comunidad de suprimir uno, ha decidido que no, que este chiringuito le parece bien y tiene que seguir, que para eso Castilla y León no son dos, sino una, grande y libre, mal que le pese a la “y” copulativa que une los nombres de las dos regiones de la comunidad autónoma.

Al final, las únicas formaciones que han votado a favor de la disolución de la Fundación Villalar han sido, precisamente, aquellas cuyo ámbito territorial no coincide con el de la comunidad autónoma y, por ello, consideran un gasto de dinero absurdo el empleado en manipular las identidades. Así, la regionalista Unión del Pueblo Leonés (UPL), y la provincialista Por Ávila (XAV), se han quedado solas en su intención de disolver dicho chiringuito autonómico.

El resto de partidos asistentes (PP, PSOE, C’s, Vox) votaron por la continuidad de dicha fundación, como lo hicieron también los secretarios generales de CCOO y UGT en la autonomía, la patronal autonómica Cecale, el Consejo Económico y Social autonómico, o quien ejerció de representante de las Cámaras de Comercio de la autonomía, Méndez Pozo, a la sazón copropietario de la televisión autonómica RTVCyL, otro entre legalmente privado que vive en gran medida de las ayudas públicas.

No obstante, ante el debate suscitado, quienes apoyaron la continuidad de la Fundación Villalar-Castilla y León acordaron que la misma acometiese una “transformación integral”, que podría conllevar un cambio de nombre para el susodicho ente. En fin, paparruchas para que nos sigan sablando desde dicha fundación adoctrinadora, que ha dilapidado 23 millones de euros de dinero público desde su creación. Que siga la fiesta de la manipulación juntera, que pagamos todos.