Viernes, 13 de diciembre de 2019

Historias de la corrupción en España

El año pasado me decía Paul Preston que andaba muy retrasado en la redacción de un trabajo comprometido. Sobre qué, quise saber. "Es una historia de España desde el  punto de vista de la corrupción política", me aclaró. No me extraña que ande tan liado, pensé yo; sabiendo lo meticuloso que es y con tanto tema le saldrá toda una enciclopedia.

Finalmente, la obra está en el mercado y nos ha dado tiempo a hacer algunas incursiones en ella. Sin formular aún un juicio crítico, creo que se pueden avanzar algunos comentarios.

Va a ser sin duda una obra polémica, tanto o más que la anterior sobre "El holocausto o español", donde abordaba la represión de la Guerra civil y del franquismo. (Más de un posmoderno aún está discutiendo el título, sin abordar el oceánico contenido). La tesis de la que parte ahora es que "la violencia, la corrupción y la incompetencia de la clase política han traicionado al pueblo español al menos desde 1833", llegando hasta hoy. Tras la prosperidad de finales del siglo xx, "la nueva política estaba tan sumida en la corrupción y la incompetencia como sus predecesoras".

A falta de acabar el libro, me pregunto, como Abraham, si no se podrán salvar algunos políticos justos de ese Gotham del dinero fácil y del juego sucio. Pero Preston no es un historiador que lance hipótesis gratuitas, por lo que cabe suponer que tendrá argumentos y datos de sobra para fundamentar su opinión y para señalar incluso a muchos otros ladrones del erario anteriores, desde el duque de Lerma en adelante. Con lo que ya veo venir la artillería de los imperiófilos y fracasófobos, que nos dirán –me apuesto algo– que a qué viene un inglés, por muy erudito que sea, a darnos lecciones de honradez, cuando podría empezar mejor por su propio país, donde cuecen más habas y más gordas, etc.

Pero el caso es que la obra de Preston viene a ser una síntesis de otras anteriores salidas de la pluma de historiadores y publicistas españoles, que vienen estudiando la corrupción en distintas épocas, modalidades y sectores desde hace años. Ahí están los libros de Ángel Viñas sobre "la otra cara" del Caudillo y los sobornos a sus generales, el de Borja de Riquer (coord.), no menos enciclopédico que el de Preston, el de Baltasar Garzón, "El fango", y los ya veteranos de Alejandro Nieto o Javier Pradera, sin olvidar los más periodísticos de Mariano Martinez Soler. Por citar algunos.

Yo mismo, con perdón, escribí hace veinte años en un diario local escritos sobre "la bondad de los especuladores" en torno al Juicio de la construcción de Burgos, que ocasionó la dimisión del alcalde José María Peña por prevaricación -fue la primera vez que ocurría eso en España- y la entrada en la cárcel del     magnate local Méndez Pozo, amigo de José L. Ulíbarri, otro que tal.   Hablé también de la "loa a la corrupción" de ciertos economistas “liberales”, que teorizan acerca de la "funcionalidad" de esta, dentro de unos límites, en el sistema capitalista.

El argumento es tan sencillo como moralmente burdo: una vez que una empresa utiliza la corrupción para obtener ventajas sobre sus competidores (por ejemplo, “untando” a los políticos y funcionarios para que agilicen sus expedientes o les den tratos de favor) se hace necesario que las demás empresas del sector hagan lo mismo si o quieren perder posiciones.  (No es la menor lacra del neocapitalismo el que disponga de académicos y publicistas dispuestos incluso a justificar sus desmanes morales).

Las historias son esas, gusten o no. La cuestión es si tendrán fin alguna vez.

(Continuará. Por desgracia)