Viernes, 13 de diciembre de 2019

Superioridad de la mujer

“Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia”.

(Gabriel Garcia Marquez)

ENTRE PUENTES

SUPERIORIDAD DE LA MUJER

La afirmación de que la mujer es superior -superior al hombre, debe entenderse-, con la que título este artículo, quiere ser la constatación de una realidad que sirva de acicate para avanzar sin complejos hacia la progresiva equiparación de derechos y oportunidades de las dos versiones del ser humano que conviven en el mundo y en España.

No pretendo plantear una especie de discriminación positiva en la valoración antropológica de la mujer, ni contestar al largo periodo de discriminación negativa padecida por el 50% de la especie humana,  hasta la injustificable postergación profesional y salarial de la mujer de hoy. Ahí están las cifras horripilantes de la violencia de género, punta del iceberg de la tradicional consideración de la mujer como ser inferior, a partir de la indudable superioridad física de la fuerza bruta del macho.

Insisto en que -con independencia de quién es superior- el progreso democrático debe conducir a la equiparación jurídica plena de mujeres y hombres, creo que no se debe seguir dando como buena "una desigualdad estructural", en buena medida fundamentada, “en las creencias más arraigadas acerca de la inferioridad de las mujeres" .Tales creencias fueron incentivadas por las principales cabezas del siglo XIX -Hegel, Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche etc. Donde cada uno de ellos contemplaba lo femenino, con mayor o menor brillantez. Y donde el entramado familiar constituía un primer grado en la asignación femenina. Es ya en pleno siglo XX, tras la obtención del voto femenino, cuando, de la mano de la revolución sexual y de lemas como "abolición del patriarcado" y "lo personal es político", las mujeres van saliendo del agujero en el que permanecieron durante siglos. Emerge a la opinión pública la lucha por la igualdad y la atrayente sociedad paritaria, todavía como utopía lejana.

Pero mientras la mayoría de las mujeres continuaban desterradas en la vida familiar, sin acceso a la vida pública (recuérdese: mujer pública = prostituta), era imposible evaluar la cualificación de las mujeres para esos otros ámbitos de la vida humana reservados a los hombres. Es con ocasión del progresivo y masivo acceso de las mujeres al mundo profesional y académico cuando la comparación con el hombre -en un terreno común- se va haciendo posible.

En España, las mujeres, por debajo todavía de la media europea, alcanzan mejores calificaciones que los hombres en la Universidad, según datos del reciente informe de la Comisión Europea, corroborados por el Ministerio de Educación español: con una población universitaria femenina ligeramente superior a la masculina (13,9% de mujeres y 13,2% de hombres), de los alumnos que aprobaron selectividad el 58,1% eran mujeres, y el 41,9% restante, hombres, proporción prácticamente idéntica (58% frente a 42%) en lo que se refiere a los graduados universitarios. A estos datos sobre la superioridad de la mujer en el ámbito docente hay que sumar los relativos a su superioridad sanitaria o vital: una esperanza de vida al nacer de 83 años para las mujeres y 76,3 para los hombres.

La superioridad de la mujer sobre el hombre se deduce de esos y otros datos objetivos y de la siguiente apreciación: la progresiva presencia de mujeres en cargos o profesiones tradicionalmente reservados a los hombres -incluidos los de máxima cualificación o responsabilidad- no ha originado, en términos generales, descalabro o conflicto alguno, y más bien ha significado una mejora en el funcionamiento de las actividades -políticas, empresariales, sociales- ocupadas por mujeres. Igualmente, la moderada emigración masculina a ocupaciones tradicionales de la mujer, peor pagadas y menos valoradas socialmente, está siendo un éxito, todavía silencioso, que probablemente se incrementará con la aplicación sostenida de políticas paritarias de conciliación de la vida profesional y familiar.

La todavía escasa presencia femenina en los centros de decisión políticos y económicos, teniendo en cuenta la capacitación de las mujeres, requiere que, desde los poderes públicos, en aplicación del artículo 9.2 de nuestra Constitución, se remuevan los obstáculos y se promuevan "las condiciones para que la libertad y la igualdad (...) sean reales y efectivas". El Gobierno de Pedro Sánchez  parece tenerlo claro, pero es necesario que no se deje presionar, especialmente por la resistencia activa de los dirigentes empresariales. Por lo demás lo que si queda bien claro, es que la mujer va tomando puestos, cada vez más representativos, y no son pocas  aquellas que se elevan muy por encima, de lo que hace unos cuantos años atrás, pudieran soñar.

 

                Fermín González salamancartvaldia.es                       blog taurinerías