Martes, 10 de diciembre de 2019

El Prado: patrimonio de todos

El pasado 19 de noviembre se celebraba el segundo centenario del Museo del Prado, una de las instituciones culturales españolas, más conocidas en el mundo y de mayor prestigio universal. Una buena noticia, en unos tiempos tan convulsos como los que vivimos.

Curiosamente, de más de dos millones y medio de personas que lo visitan anualmente, el sesenta y cuatro por ciento son extranjeros. ¿No sería bueno que se hicieran planteamientos, por parte de instituciones públicas provinciales y locales, y también educativas, para que la mayor parte de los españoles pudiera conocer el Museo del Prado?

En la II República, aquella experiencia de las Misiones Pedagógicas, de llevar la cultura a las áreas rurales de la España interior, la que hoy se llama España vaciada, uno de los elementos que puso en pie fue el llamado Museo Circulante, que consistía en llevar a algunos de nuestros pueblos una muestra de los grandes cuadros del Museo del Prado en copias que realizaran pintores tan destacados como Ramón Gaya o Eduardo Vicente, entre otros.

Acercar nuestro gran Museo del Prado a nuestras gentes, a nuestro pueblo, ya sea llevando copias fidedignas y de calidad de las obras maestras a las poblaciones, como hiciera el Museo Circulante; o ya, como proponemos, programando visitas guiadas de nuestros campesinos y ciudadanos a Madrid, para ver el Prado.

Porque el Prado es un patrimonio de todos y es, también, casa de todos. En él, están algunos de los cuadros –obras maestras– que tendrían que formar parte de ese museo imaginario del que hablara el escritor francés contemporáneo, tan amante de España, André Malraux. En ese museo imaginario de una persona medianamente culta, ¿cómo no van a estar ‘Las Meninas’ de Velázquez, o ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco, o no pocas pinturas de Francisco de Goya, o… tantas otras?

El pasado día 20, escuchábamos en la universidad leonesa, una extraordinaria conferencia sobre los 200 años del Museo del Prado a Javier Portús, uno de los más destacados miembros del equipo rector del Museo. Realizó un recorrido clarificador y ordenado sobre tal período del Prado y todo lo que ha supuesto históricamente en todos los sentidos, la formación de las colecciones, sus ampliaciones, las políticas de adquisiciones, la finalidad hoy de una institución tan prestigiosa…

Y, tras escuchar tal disertación, pensábamos lo bueno que sería que tal tipo de charlas, ante un acontecimiento de esta índole, pudiera darse en todas las capitales de provincia de nuestro país y en algunas de sus ciudades más destacadas.

Uno de los momentos en que se trató de poner de relieve la importancia social del Prado para nuestra sociedad fue en la llamada Edad de Plata de nuestra historia y cultura, desde 1898 a 1936. Ahí están, por ejemplo, los hermosos textos sobre nuestro gran Museo de algunos de los intelectuales, creadores y artistas de tal período, como María Zambrano, José Bergamín, Ramón Gaya o, dramatizada, la experiencia que le tocara vivir a Rafael Alberti, de evacuar los grandes cuadros del Prado, durante la guerra civil, plasmada literariamente en ‘Noche de guerra en el Museo del Prado’ (editada en 1956, en Buenos Aires).

Si pudiéramos –y hoy nuestra sociedad tiene recursos para ello– no tendría que haber español que desconociera el Museo del Prado. Un interesante eje de cualquier política cultural.